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domingo, 1 de enero de 2017

Sanssouci, el palacio que debía morir con Federico el Grande

Potsdam es una ciudad en el Estado de Brandenburgo que se encuentra a unos 20 o 25 kilómetros del centro de Berlin.
Aunque sus orígenes datan del siglo VII (cuando aún era un pueblo eslavo que llevaba Poztupimi por nombre) Potsdam no había tenido mayor relevancia histórica si no hasta 1660, cuando Federico Guillermo de Prusia puso un ojo en ella para hacer un coto de caza, deporte que el rey practicaba con gran destreza.
Aquella mañana de lluvias abandonamos nuestra cómoda suite en el piso 14 de un hotel de Berlin. En mis seis visitas anteriores a esta ciudad  nunca se me había dado la peculiaridad de dormir en un piso tan alto.
Tras cargar el GPS con nuestros datos de interés y retirar el vehículo alquilado de la playa de estacionamiento descubierta del edificio, apuntamos sin mas hacia Potsdam, para sentir mas de cerca aquellos lugares importantes en la vida de Federico "El Grande", como lo es Sanssouci.

En aquellos tiempos eran pocos los que disfrutaban de los extensos bosques y de la calidad de la caza en Potsdam. Con el paso del tiempo la ciudad creció y hoy son 150.000 personas que las que viven en un entorno que sigue estando compuesto por una mayoría (el 70%) de espacios verdes.
Algunas costumbres como la de la caza aún están permitidas en cotos habilitados varios siglos atrás.
Cuando llegamos a Potsdam había salido el sol por un rato así que aprovechamos para recorrer brevemente su sereno centro y algunos de los atractivos en los alrededores de los palacios, como son la interesante colonia rusa Alexandrowka, el Holändisches Viertel (una pequeña Holanda) y el Molino Histórico de Sanssouci, que alguna vez estuvo "entre ceja y ceja" de Federico "El Grande", y es que su padre, Federico I de Prusia le había dado permiso a un tal Johann Wilhem Gravenitz para erigir en ese sitio un molino, ocho años antes de la construcción del Palacio de Sanssouci.

En 1787, cuarenta años mas tarde de la conclusión del palacio y sus jardines,  Federico II "El Grande" arregló el deteriorado molino cerealero con fondos de la corte, pero luego amenazó a su dueño con quitárselo, molesto por el sonido que ocasionaba cuando giraban sus aspas.
Gravenitz mandó una carta a Berlin, y la justicia dictaminó que podía quedárselo.

Durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, el Molino Histórico de Sanssouci fue completamente destruido. Días mas tarde y no muy lejos de aquí, se llevaba a cabo una reunión entre los aliados Stalin, Churchill y Truman (entre otros). Tras la "Conferencia de Potsdam" se sellaron varios acuerdos como la devolución de todos los territorios anexionados por Alemania a partir de 1938, la separación de Austria como parte de Alemania, y los detalles para la rendición de Japón, entre otras decisiones que derivarían años mas tarde en la Guerra Fría, pero eso es otra historia que nada tiene que ver con Potsdam.

Para ese entonces el molino era todo un símbolo para la ciudad de Potsdam. Un símbolo que era un Monumento Nacional desde hace por lo menos 150 años y que recién pudo ser reconstruido entre 1983 y 1993, con Alemania ya unificada.
Cerca del molino histórico estacionamos el auto en un playón semi desierto a unas pocas cuadras del palacio. He de suponer que durante los meses de verano los espacios aquí son codiciados. Quizás lo mas práctico entonces sea venir en tren desde Berlin, y tomar un ómnibus desde la estación.
Había visitado el Palacio de Sanssouci una sola vez en algún momento de los años noventa, un día muy caluroso de verano en el que quede impactado por la belleza del lugar mientras mi padre, que además de prusiano era un tipo muy culto, me contaba historias y hazañas de Federico "El Grande". Recuerdo ese día como uno en el que nos la pasamos caminando.
En invierno la cosa es diferente, con sus cuidados jardines esta vez opacados por las bajas temperaturas. No importaba mucho si estaban cerradas (y en obras) las dependencias reales, pues un paseo por los jardines y bosques circundantes al Palacio de Sanssouci (que gozan el status de ser Patrimonio UNESCO de la Humanidad desde 1990) ya ameritan de por si una visita a este sitio. 
El Schloss Sanssouci fue mandado a construir por Federico "El Grande" como un lugar alejado del ajetreo propio de una ciudad grande como Berlin y de sus respondablidades, y es por eso que lleva el nombre de "Sans souci"  ("sin preocupaciones" en francés). Allí gustaba de caminar por los jardines mientras meditaba en soledad o en compañía de su amigo Voltaire a quien terminó expulsando de Alemania luego de hospedarlo durante casi dos años. 
Originalmente el palacio contaba solamente con 10 habitaciones en donde Federico y sus huéspedes vivían con cierta austeridad, y es que a Federico no le sentaba bien la idea de ser rey por derecho divino, así que siempre trató de comportarse como un eficiente administrador. De hecho se hizo llamar rey sólo después de conquistar todos aquellos territorios que habían pertenecido en algún momento a Prusia.
El mismo año que asume le arrebata Silesia a Austria, gran potencia del momento. Mas tarde se volverían a enfrentar en la Guerra de los Siete Años (Prusia y Gran Bretaña contra Austria, Rusia, Francia, Sajonia y Suecia). Fue muy duro para Prusia, que si bien no sumó nuevos territorios, pudo quedarse con Silesia, lo que le valió gran popularidad al rey.
Federico, quien había invertido cientos de horas en el diseño de Sanssouci quería que el palacio, su palacio, muriese con él, por eso siempre mostraba resistencia a la hora de hacer arreglos.
El palacio fue construido sobre una loma pero al ras del piso (o sea sin aprovechar las ventajas arquitectónicas) a petición del propio Federico, quien buscaba dimensiones mas humanas. 

Si bien funcionaba la corte, prefería no tratar asuntos de estado en Sanssouci, dejando espacio para su vida de escritor o de consumado flautista. Federico era amante de la literatura francesa y gozaba de la música de Johann Sebastian Bach, asiduo visitante de Sanssouci.

Como quien ve la suerte sellada en su destino, Federico "El Grande" muere sentado en un sillón de su Sanssouci un 17 de agosto de 1786.
Federico II "El Grande" fue uno de los monarcas mas queridos y respetados de la historia moderna. Fue un eficiente administrador y un genio militar, admirado por sus tácticas y estrategias en el campo de batalla a cargo del Ejército de Prusia, un reino pobre al que convirtió en la quinta potencia económica de Europa. Dos ejemplos bastan. El primero ocurre en 1762 con la muerte de la zarina Isabel I de Rusia. Tras seis años de guerra, apenas asume Pedro III al trono, decide sacar a Rusia de la contienda por ser éste un gran admirador de Federico.
El segundo hecho ocurre en 1807, cuando Napoleón Bonaparte vence a la Cuarta Coalición y pide permiso al gobernador de Potsdam  para visitar la tumba de Federico en Sanssouci. Una vez allí hace saber su admiración por el monarca prusiano y pronuncia: "Si Federico estuviera vivo, nosotros no estaríamos aquí" .
El palacio estuvo abandonado por casi 100 años antes de ser agrandado por Federico IV, sobrino nieto de Federico "El Grande", quien lo convirtió en lo que hoy conocemos, haciendo de este lugar el preferido de la dinastía Hohenzollern hasta los días previos a su caída en 1918.

Fue en estos tiempos cuando se contrató la mano experta del arquitecto Ludwig Ferdinand Hesse, se agrandan las dependencias agregando una parte para el uso de las mujeres, se agregan muchos templetes y pabellones diseminados por el parque y Sanssouci empezó a ser conocido por muchos como "El Versalles Alemán".
A unos pocos metros del Shloss Sanssouci se encuentra el Palacio de la Orangerie (Orangerie Schloss), bonito edificio de estilo Renacentista Italiano que fue plasmado a la realidad entre 1851 y 1864 a partir de bocetos originales de Federico Guillermo IV de Prusia.
En el límite norte de Sanssouci se encuentran los invernaderos o la "Neue Orangerie". Tienen 106 metros de largo, 16 de ancho y  fueron pensados originalmente para el cultivo de naranjas. Su sistema de calefacción era todo un adelanto para la época y sigue funcionando a la perfección.
En este sector de Sanssouci se replica la arquitectura del Renacimiento Italiano y el arte típico que se puede encontrar en grandes conjuntos arquitectónicos como en Villa Medici en Roma o en la Galleria degli Uffizi de Florencia.
Afuera del sector en donde estaban los apartamentos reales y de su personal hay Atlantes en una serie de figuras alegóricas a las diferentes estaciones del año, que muestran de alguna manera el proceso de las vides plantadas en los jardines de Sanssouci.
El Palacio de Sanssouci iba a ser mas grande, pero los acontecimientos de 1848 ("La Primavera de los Pueblos"), año de revoluciones como nunca antes había sucedido en Europa que ocurrieron desde Francia hasta Hungría, no dejando afuera a Prusia. Eso mantuvo ocupado durante algunos meses a Federico IV, conocido como "El Romántico al trono", quien de alguna manera había sido responsable y participado bien de cerca de la erección de varios edificios memorables en Berlin y Potsdam, así como la finalización tras largo siglos de construcción de la catedral de Colonia.
Al momento de mi visita a Sanssouci (febrero 2016), el palacio se encuentraba en plena remodelación, con todos los espacios cerrados y las clásicas torres cubiertas por andamios.
Firme y en el mismo lugar el monumento post mortem de un Federico II contemplativo, que fuera mandado a colocar por su mujer,  Isabel Cristina de Brunswick-Bevern, con quien Federico se había casado en 1733 y no volvió a compartir hogar desde su ascenso al trono.
Quizás lo mejor de una visita a Sanssouci sea poder caminar por sus jardines y los bosques de los alrededores con el debido tiempo, como para encontrar decenas de rincones pensados alguna vez para el goce o la meditación.
El 17 de agosto de 1991, cuando se cumplían 205 años de su muerte, Federico pudo al fin concretar su deseo de ser enterrado en los jardines de Sanssouci, su lugar en el mundo. Previamente había estado enterrado junto a su padre en la Iglesia de la Guarnición de Potsdam (Garnisonkirche), la cual fue destruida durante el último año de la guerra. Hitler había tomado la precausión de esconder el cuerpo de Federico II en una mina de sal al endurecerse la contienda.
No siguieron las indicaciones al pie de la letra, pero finalmente descansa al ras del suelo sin otro adorno u ornamento en su tumba mas que su nombre: Friedrich der Große.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Trier, la ciudad mas vieja de Alemania

Trier es la ciudad mas antigua de Alemania. Dos veces milenaria, fue fundada en el 16 a.C. por el emperador Augusto que la bautizó con el nombre de Augusta Treverorum, aprovechando que era fácilmente defendible y que había sido conquistada por César unas décadas antes.

Se me había escapado en otras ocasiones en las que paseaba por esta zona de Alemania en donde se besan las "fronteras" de Francia, Luxemburgo, Suiza y Bélgica, que era desde donde llegaba en esta ocasión, manejando un auto alquilado desde Gante.
Era un típico invierno de días cortos y lloviznas largas. Estábamos con mi novia camino a Luxemburgo y sabía que no podría llegar a Trier antes del anochecer, lo que no me bastaba como excusa para no visitar (aunque apenas sea una breve pasada) la famosa "Porta Nigra". Esta antigua y bien plantada puerta romana de arenisca negra y sujetada cada dos pilares con grandes entramados de hierro, fue mandada a construir en el año 180 como puerta de acceso norte a la ciudad de Augusta Treverorum.
Dejamos el auto estacionado bajo un roble y apuramos el paso hacia el primero de los varios monumentos romanos que sobreviven en esta ciudad. La Porta Nigra es el símbolo de Tréveris y es el poco remanente visible de cuando Trier era una ciudad amurallada. Con sus casi 30 metros de altura, algunos mas de largo ¡y mas de 20 de ancho! es la puerta romana mas grande que existe, testimonio de aquellos tiempos en los que Trier era considerada una "segunda Roma".
La Puerta Negra está bellamente iluminada por las noches. Tiene dos torres a cada uno de sus lados. Una de ellas alcanza los cuatro pisos de altura (la del oeste), mientras que la otra ha quedado sin terminar. La historia nos cuenta que en 1028 un ermitaño llamado Simeón, un griego que había llegado desde una peregrinación a Palestina se instaló en una de esas torres, en donde vivió predicando la palabra del Señor hasta el día de su muerte. Fue en aquellos días cuando se empezó a conocer a esta puerta como la "Porta Nigra", una vez que el paso del tiempo y el alto contenido de hierro presente en el aire tiñera con dejos de negro a esta característica puerta romana.

A partir de este suceso, la gente del pueblo decidió que había que erigir una iglesia junto a la torre ocupada por Simeón en la Porta Nigra, y así fue como se hizo. La misma fue mandada a destruir años mas tarde por el emperador Napoleón cuando llegó a la (por aquel entonces) Tréveris francesa en 1804, buscando recuperar la originalidad que supo tener el conjunto romano.
En ese mismo lugar hoy funciona la sede del Museo Municipal, abierto desde 1904.
La "Porta Nigra" junto a otros monumentos de Tréveris como son los Baños Imperiales Romanos (y también otras termas), la catedral, el anfiteatro con capacidad para 20.000 personas, la Iglesia de Nuestra Señora, la Basílica de Constantino y/o el puente romano, forma parte de los varios sitios Patrimonio de la Humanidad protegidos por la UNESCO desde 1986. La ciudad sigue descubriendo tesoros. Los últimos restos romanos fueron encontrados en el centro de la ciudad en abril de 2006.
Todos ellos son restos de una época de esplendor sin igual, de cuando Trier contaba con mas de 80.000 habitantes, cifra que sólo volvió a alcanzar casi 2000 años mas tarde, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
Trier se convirtió en centro de la cristiandad de la mano del Emperador Constantino y de la de su madre Santa Helana. Entre el siglo III y el IV fue elegida como sede por seis emperadores romanos que fueron dejando su huella en una ciudad cada vez mas notoria. De aquellos tiempos queda poco, ya que en 882 la ciudad fue atacada por los Vikingos, que asolaron el lugar destruyendo la mayoría de las construcciones romanas existentes.
Caminando por las calles encontramos la escultura de un elefante que quedó de cuando en 2013 Trier, y también la ciudad de Luxemburgo (con quien comparte el Valle de Mosela) fueron sede del "Elephant Parade", un evento que se viene haciendo desde hace algunos años para recaudar fondos que son destinados a la conservación del elefante asiático, en peligro de extinción.
Desde allí subimos nuevamente al auto y con ayuda del GPS nos dirigimos a la próxima atracción, en este caso el palacio del príncipe elector. El Kurfursliches Palais (tal es el nombre oficial) comenzó a construirse a partir de 1615, aunque lo que vemos hoy es en realidad el palacio encargado en 1756 por el arzobispo Johann Phillip von Walderdorff. En algún momento tuvo cuatro alas, pero dos de ellas nunca fueron reconstruidas. Esta es otra joya arquitectónica de Trier, pues es considerado como uno de los palacios mas lindos del mundo en estilo Rococó.

Asomando por atrás podemos ver la silueta de la Basílica de Constantino, también conocida como "Aula Palatina". Este edificio rectangular fue construido enteramente de ladrillos en 310. Es el edificio romano mas grande de Trier, fue sede del trono del emperador, y alguna vez supo ser la iglesia cristiana mas grande del mundo.
En la Primera Guerra Mundial Trier recibió el impacto de 22 bombas, pero ninguna de ellas cayó cerca del palacio. Al terminar el conflicto bélico fue ocupada por Francia hasta 1930. La paz tardaría en llegar a esta ciudad, ya que pocos años mas tarde sería bombardeada nuevamente en varias ocasiones durante la Segunda Guerra Mundial. Allí se destruyeron mas de 1600 edificios del centro de Trier.
El Palacio del Príncipe Elector fue reconstruido en 1956 sin reparar en gastos. Desde entonces funciona como sede de gobierno local.
Desde afuera y por lo menos durante las noches, parece estar hecho de azúcar.
Subimos por las fantásticas escaleras rococó decoradas con esculturas de Ferdinand Tietz. Desde allí uno de funde visualmente con los cuidados jardines del palacio (Palastgarten) que caminamos de punta a punta, esquivando charcos y lamentando no estar allí de día y en verano, donde el lugar sigue siendo punto de encuentro y de reposo para los habitantes de Trier.
Nos íbamos a quedar sin comer , pero bien valió la pena pegarse una vuelta por Trier, una ciudad diferente a cualquier otra en Alemania.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Ruinas de San Ignacio Miní de día y de noche

Las Ruinas de San Ignacio Miní en la provincia de Misiones son las mas famosas y mejor conservadas de todas las reducciones jesuíticas que existieron en Argentina. Las mismas son Monumento Nacional desde 1943 y Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 1984. Se encuentran a unos 60 kilómetros de Posadas, la capital provincial, con la cual está muy bien comunicada por la Ruta Nacional Nº 12.
Lo mejor si se viene haciendo un recorrido por la provincia es dejar San Ignacio Miní para el final. Si llegan desde alguna de las otras reducciones jesuíticas de la zona (y sería un "pecado" no hacerlo), enseguida notaran cuanto mas grande es la estructura de San Ignacio Miní, y cuantos mas visitantes recibe en comparación a las otras reducciones vecinas.
Luego de pagar la correspondiente entrada se accede a un centro de interpretación en donde hay fotos, dibujos, muñecos y maquetas que explican la disposición que tenía la reducción, y todo lo referente a su modo de vida, costumbres e historia, pero lo mejor esta apenas salimos.
La Misión de San Ignacio fue originalmente fundada en 1610, en la Región del Guayra (actual estado de Paraná, en Brasil) por los padres Simón Masseta y José Cataldino, quienes también habían fundado en la misma zona y el mismo año, la Reducción de Nuestra Señora de Loreto. Hasta hace muy pocos los Jesuitas tenían misioneros itinerantes que pese a funcionar como "punta de lanza" en esta primera incursión en América del Sur, no había arrojado demasiados resultados satisfactorios a la orden religiosa. A partir de entonces se decide fortalecer la labor fundando reducciones, ya que los Jesuitas sentían que habían llegado tarde a todas las posibilidades que significaba el Nuevo Mundo.

El actual emplazamiento quedó establecido recién en 1696, tras haber guiado "río abajo"por el caudaloso Paraná a unos 12.000 indígenas evangelizados por la Compañía de Jesús que buscaban zonas mas pacíficas. Sólo desde entonces lleva el nombre de San Ignacio Miní (la menor), para diferenciarla de San Ignacio Guazú (la mayor), una reducción anterior que también llevaba el nombre de Ignacio de Loyola, un líder religioso español de la Contrarreforma, con pasado militar. Fue fundador de la Compañía de Jesús (los Jesuitas), la que respondía solamente al Papa. En 1622 fue canonizado por la Iglesia Católica, y desde entonces es conocido y venerado como San Ignacio de Loyola.
Durante dos siglos se fundaron desde aquí otras misiones en la zona, pero estas primeras, me refiero a las reducciones de Loreto y de San Ignacio Miní, fueron las únicas que lograron sobrevivir a los ataques de los Bandeirantes, hasta que finalmente fueron destruidas por estos "piratas de tierra" durante las Invasiones Paraguayas de 1817.  La misma suerte corrieron las otras reducciones a manos de estos hombres llegados desde Sao Paulo, el escollo mas serio (junto a algunos belicosos indígenas) a los que tuvieron que enfrentarse los Jesuitas.
A diferencia de muchas, la reducción de San Ignacio Miní nunca estuvo abandonada del todo. Hubo un intento de re población y mas tarde un conjunto de indígenas Guaraníes volvió a establecerse aquí hasta 1821, año en el que fueron los Paraguayos quienes volvieron para asolar lo que aún quedaba de las misiones jesuíticas de la zona.
A lo poco de andar se llega a la postal mas famosa de San Ignacio Miní, que no es mas que una suerte de "arco de entrada" de arenisca rosada, y que resulta ser el sitio mas fotografiado del lugar. Quizás está demasiado intervenido por la mano de los restauradores, pero de todos modos se aprecia un buen ejemplo del Barroco Americano propuesto por los artesanos de la orden religiosa para sus edificios mas importantes, con claras influencias del arte de los sensibles Guaraníes.
Esta era mi tercer visita a las Ruinas de San Ignacio, pero nunca había venido de noche. Las primeras veces probablemente ni siquiera haya existido el "Show de Luces y Sonido" que ofrecen como complemento a las ruinas mas famosas de la provincia de Misiones, pero de todos modos siempre me las había arreglado para llegar con la fresca. Esta vez y ante esta oportunidad (y por que también dormiría cerca), me quedé a ver la caída del sol en este territorio tan Guaraní, a la espera de la oscuridad
Éramos un grupo, no lo recuerdo bien pero supongo que entre todos sumábamos unas 20 personas, o quizás un puñado mas, todos dispuestos y ansiosos por iniciar este show guiado por las ruinas, pero de noche, lo cual sin dudas suma unos porotos a la experiencia.

En la primera parte de este espectáculo de "Son et Lumiere"  son los animadores quienes comienzan a captar nuestra atención por el empeño que le ponen a la tarea que les fue encomendada.
Para mi sorpresa el espectáculo está muy bien montado, con lo que parecen ser (no soy experto) equipos multimedia de primer nivel, con un sonido envolvente e imágenes proyectadas en los muros, a las que sólo le faltan unos anteojos 3-D para hacer una experiencia inolvidable, pero para compensar, la visita puede ser seguida en cuatro idiomas diferentes.
Hay una introducción histórica al sitio por parte de los guías, que para los mas entendidos carece de sustento y veracidad. De todos modos se entiende adaptación que hacen para darle mas valor al sitio.
Sólo a partir de entonces es que el juego de luces y sonido sobre los muros de las ruinas comienzan a tomar parte verdadera de este recorrido. A través de ellos se narra y muestran las costumbres, ritos, tradiciones y modo de vida de los Guaraníes, antes y durante los años en los que estos fueran evangelizados por la Compañía de Jesús.
Este recorrido de cierre de jornada hace sentir especial al visitante, ya que este puede "penetrar" en algunos sitios sólo abiertos para el show nocturno, como los cuartos de los Padres y algunos otros pocos recintos, gracias a las proyecciones nocturnas que complementan la escena.
El resto es puro goce cuando vemos las ruinas del entorno cambiando de color e iluminando con lo justo para dotar de profundidad al conjunto edilicio, y ya que estamos, uno sepa por donde caminar.
Tal como ocurría en la gran mayoría de las misiones jesuitas, la vida se organizaba alrededor de la plaza principal. Es decir, allí estaban sus edificios mas importantes, como la iglesia, el cabildo, la casa de los Padres o sacerdotes, la escuela, los depósitos, las fábricas, talleres, carpinterías o herrerías, e incluso los sitios en donde fabricaban pólvora, costumbre que se repitió en casi la mitad de los reducciones, por pura necesidad de defensa frente a los constantes ataques de los Bandeirantes.
En los márgenes de la plaza principal, en segunda línea o tercera línea (acorde al tamaño de cada reducción) se encontraban las Casas de Indios, construidas en hileras y muchas veces reconocibles por sus galerías dobles. Generalmente este conjunto de casas se encontraban cerca de la huerta, de gran importancia para la subsistencia de este pueblo, cuya dieta era principalmente vegetariana, ya que el consumo de carne estaba estrechamente ligado a los resultados de la caza y/o la pesca. También hay otras construcciones que formaban parte de la misión, y por motivos que desconozco no gozan de la misma protección que el resto del conjunto.
Cabe recordar que los indígenas evangelizados eran muy bien tratados dentro de las reducciones Jesuitas, y tenían los mismos derechos del cual gozaban los españoles. En el caso de los Guaraníes fue mas fácil la evangelización, ya que en su estructura social, estos respondían a un único cacique. Una vez convertidos, o evangelizados, trabajaban como socios de los jesuitas en verdaderas y eficaces empresas agrícolas como en el caso de Estancia Santa Catalina y muchas otras de las cuales fui escribiendo en los tres años de vida del blog.
En el caso puntual de la reducción de San Ignacio Miní, crearon un colectivo agrario en donde el cultivo de yerba mate y las artesanías en madera eran los pilares económicos fundamentales de esta misión que llegó a contar con 4.500 pobladores. También se sembraba batata, maíz, una amplia variedad de porotos (frijoles), zapallo, mandioca y marihuana. Caña de azúcar, tabaco y trigo, cultivos que eran atendidos día por medio, combinando esta con la enseñanza religiosa y otras actividades orientadas al bien común de la comunidad.
El comercio se realizaba entre los habitantes de las diferentes misiones, que sumaban unas 40 en total, y que ofrecían otras mercancías propias a las posibilidades del lugar en el que estaban emplazadas las respectivas reducciones, o aunando fuerzas entre todas para comercializar al por mayor con los establecidos puertos de Buenos Aires y/o de Santa Fé.
Con esta producción se podía mantener en funcionamiento la reducción. Lo mas importante es que cada una de las familias recibía una paga con la cual podían mantener a propios, sus viudos y enfermos, e incluso pagar los impuestos "correspondientes" a la Corona Española (maniobra con la cual los Jesuitas recuperaban parte de las ganancias).
Claro que con los Guaraníes no fue del todo fácil. Si bien eran dóciles, naturalmente agradecidos y talentosos, y fue sencillo convencerlos de las "ventajas" con las que contarían tras su evangelización, ya que  éstos no eran muy afectos al trabajo, y tampoco querían mudarse a las nuevas reducciones. Hasta entonces nunca se habían preocupado por los días futuros, y problemas de esa índole. Solían arreglárselas con lo (poco) que proveían sus antiguos dioses. A cambio los Jesuitas consiguieron un enorme territorio fértil, con miles de aguadas y lleno de recursos de todo tipo en lo que comprenden al menos parte de lo que son Argentina, Brasil, Paraguay e incluso Bolivia, y que supieron administrar hasta que en 1767 fueron expulsados de América por orden de un Edicto Real.
Los Guaraníes (mas de 150.000 para ese entonces) aprendieron también a manejar el ganado con la responsabilidad pertinente que eso implica, por lo que la carne se convirtió en parte esencial de su dieta habitual. Con el paso del tiempo se empezó a juntar un número interesante de ganado bovino, despertando el interés no sólo de los Bandeirantes sino de algunas tribus salvajes y belicosas llegadas desde El Impenetrable en el Chaco, y otras regiones vecinas en donde los Jesuitas no tuvieron el éxito logrado en estas latitudes, probablemente por no practicar la agricultura.
La visita a las Ruinas de San Ignacio Miní (sumado a las ruinas vecinas) es uno de los imperdibles si el destino te trae hasta estos lares. Tras las Cataratas del Iguazú es el sitio mas relevante de la provincia de Misiones. No por nada ambos comparten la distinción de ser sitios Patrimonio de la Humanidad.