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domingo, 21 de mayo de 2017

Fin de Semana Santa en Misiones

Una nueva visita a la provincia de Misiones. Esta vez fuimos dos parejas en un viaje relámpago aprovechando los feriados de Semana Santa.

Partimos bastante puntuales a las 14 horas desde Palermo. Aún era un buen horario, pero la salida de Buenos Aires se presentaba bastanta cargada. En menos de tres horas habíamos cruzado el puente Justo José de Urquiza sobre el Paraná Guazú y nos subíamos a la nueva Ruta Nacional 14, que ahora cuenta con dos manos por lado y pavimento en mucho mejor estado.  Se puede viajar a un mayor promedio de velocidad y de manera mas segura.
Con alguna paradita en el camino terminamos llegando a la ciudad de Chajarí (Entre Ríos) con el tiempo justo para encontrar un hotel en donde dormir y un restaurante en donde comer. El cuarto de hotel era un poco húmedo pero la ducha de gran presión todo lo compensaba.

Al día siguiente continuamos camino hacia la ciudad de Oberá desde donde desviamos recorido hacia la Ruta Provincial 103 a modo de tomar unos kilómetros mas tarde la muy escénica Ruta Provincial 2, que corre a al vera del río Uruguay frente a las muy cercanas costas de Brasil.

Tras cargar combustible en El Soberbio y hacernos de unas cuantas botellas de vino continuamos nuestra ruta por 45 kilómetros mas hasta el camino de tierra que hace de desvío a Colonia La Flor, y ya de noche tomar los últimos 11 kilómetros sólo aptos para vehículos de doble tracción hasta este complejo de cabañas a la vera del Arroyo Paraíso. Llegámos a oscuras pero con el tiempo suficiente de pegarnos una ducha antes de comer.
Había estado unos días en Don Enrique Lodge seis o siete años atrás. En esa opirtunidad coincidí con Gustavo Castaingh (fotografo) y su madre Bachi, antiguos dueños y responsables del emprendimiento. Esta vez había cambiado la administración del sitio, y si no me equivoco eramos los primeros huéspedes de esta nueva camada.
Don Enrique Lodge cuenta con 4 cabañas construidas inegramente con maderas de la zona. Cada una de esas cabañas cuenta con dos decks de madera para relajar en una hamaca paraguaya o en alguna de sus cómodas reposeras mirando correr las aguas del Arroyo Paraíso y del gran macizo verde de la Reserva de Biósfera Yabotí, que parece caer encima de tanto verde tupido que se ve impenetrable.

Un house hace de living general y de comedor. Aunque no hay señal de teléfono aquí tienen wifi, aunque no anduvo del todo bien, ni esta ni la vez anterior. En este lugar los huéspedes disfutarán del sistema de pensión completa ofrecida por el lugar.
Esa primera noche de Jueves Santo éramos 11 los huéspedes ocupando tres de las cuatro cabañas.
Comimos con el sabor de la comida casera hecha con amor y elementos de la zona. Muy rico todo pero enseguida me di cuenta que la propuesta gourmet del Don Enrique de antes había perdido un poco de nivel. Nos acompañaba una pareja en una escapada de amor y un matrimonio con tres niñas. Todos visitaban Don Enrique por segunda vez.

El silencio del entorno inundado por olor a jazmín y la cama súper cómoda y de buena blanquería fueron lso ingredientes justos para un reparador descanso.
Sabíamos por una noticia de un diario local con un mes de antiguedad  que el caudal de agua del río Uruguay era muy elevado, razón por lo cual era poco probale una visita a los Saltos del Moconá
pues estos quedan tapados por el agua y no se ven. Tras llamar por radio VHF al parque provincial confirmamos que estaban abiertos, por lo que terminamos con tranquilidad el desayuno en la mesa del deck exterior y salimos, como quien dice, por el camino largo, a modo de poder disfrutar un poco de la tierra colorada y el amplio crisol de verdes que ofrece la provincia.

Tras andar unos kilómetros por la Ruta Provincial Nº2 en dirección norte nos metimos en la RP21 que no es mas que una picada que se interna en e monte, y que corre paralela a la RP 15, la que hay que tomar para ir a Colonia La Flor y el lodge de Don Enrique. Al llegar a un sitio que en el mapa figura como Mesa Redonda, el camino se divide en dos. Seguimos hacia la derecha viendo si de casualidad podíamos hacer un detour que nos depositara nuevamente en la RP2. Tras andar unos 20 kilómetros llegámos a un puente donde nos detuvimos a apreciar un centenar de mariposas que hacían lo suyo, y se esmeraban en no dejarse fotografiar.
El camino se tornaba mas angosto y el GPS me decía que moría allí, un poco mas adelante en mitad de las sierras de Misiones. Esta vez no tenía sentido seguir. De regreso nos cruzamos con 12 camionetas. Era un grupo de guías de San Vicente acompañados por entusiastas del 4x4 que estaban realizando una travesía solidaria llevando alimentos no perecederos a la (ahora lo confirmabamos) aldea guaraní que se encontraba al final de la huella.
En el Parque Provincial Moconá no nos cobraron entrada por que el personal estaba de huelga, protestando contra el "traslado involuntario de un compañero".  En el edificio central sacamos los tickets para el paseo en lancha ($180 cada uno, o unos USD 12), y nos acercamos en vehículo hasta el estacionamiento sito a 200 metros del muelle desde donde salen las embarcaciones.

En Buenos Aires veníamos de unas semanas con un otoño de inéditas temperaturas bajas. Aquí en Misiones rozaba los 30 grados y la humedad me hacía acordar como pega aquí el sol en verano.
No tardamos mas de 10 minutos en llenar la lancha y comenzar el recorrido por el río Uruguay. El río que aquí toma forma de serpiente nunca se aleja tanto de Brasil, siendo este sector uno en donde las costas de ambos países están especialmente cercanas.
Esta vez me tocó un asiento en el medio de la embarcación. Pese a que casi mido dos metros, desde esa ubicación es poco lo que se puede ver, y la posibilidad de tomar fotografías es casi nula. De todos modos ya había visitado los saltos en un mejor momento, y me contentaba que mis amigos disfruten del paseo y de este capricho de la naturaleza (se trata de una gran falla longitudinal que provocan estos saltos que por dos kilómetros o mas corren paralelos al río en una suerte de cañadón).

Terminamos el recorrido a las 15 horas. Por suerte esta vez el capitán de la lancha no nos había zambullido bajo las aguas de alguno de los saltos, así que secos como estábamos decidimos almorzar en el restaurante del lugar. A la siempre presente mandioca la decidimos acompañar con pacú, un familiar de la piraña que sabe muy bien , en especial con mucho jugo de esos limones misioneros que cuyo interior es de un naranja infernal.
En el camino de regreso pasamos por algunas otras posadas, por curiosidad y para saber que oferta existe para una próxima visita a Misiones.
Siempre me gustó la provincia pero no fue hasta conocer los alrededores de El Soberbio que comencé a fantasear con la idea de tener una pequeña casa de madera a la vera de alguno de los muchos arroyos de la zona. Esta visita sólo me daba ganas de hacerme un tiempo para venir a recorrer el área pero con ojos de comprador.
En el camino nos detuvimos a ver una casita de madera en lo alto de la sierra, simpática y con vista a un pequeño lago. Cuando nos estábamos por ir llegó al lugar Daniel Martins, el dueño de la casa y (oh casualidad) constructor de las cabañas de Don Enrique Lodge, de muy buen gusto. A la vera del camino charlamos un buen rato y cuando nos dijo que estaba trabajando en Don Enrique quedámos en vernos al día siguiente, en donde nos pasearía por una serie de terrenos como para mantener viva la fantasía y saber a que hay que atenerse ante un proyecto en este lugar tan singular del territorio argentino.

Nuevamente llegámos con el tiempo justo para pegarnos una ducha y relajar un rato en el deck de nuestras cabañas antes de compartir mesa con los otros huéspedes del lodge. La familia se había retirado así que sólo quedaba una pareja de Posadas, la capital provincial.
Comimos bien como cada una de las noches, y nos fuimos afuera a terminar la botella de vino. La noche estaba muy pesada y cada tanto interrumpía nuestra charla una breve sinfonía de truenos, e incluso la lluvia acompañaría nuestro sueño con su ruido sobre el techo de chapa de las cabañas.
El día sábado lo íbamos a pasar entero en Don Enrique. En el lugar ofrecen una serie de caminatas tanto por sus dominios como por la Reserva de Biosfera Yabotí, que como un  gigante de 250.000 hectáreas asoma al otro lado del Arroyo Paraíso en donde están emplazadas las cabañas.
Tras el desayuno salimos con el guía/mozo Marcos, quien se esmeraba en enseñarnos sus conocimientos de la selva en su "Portuñol" (mas portu que ñol) cerrado. Durante casi dos horas estuvimos caminando por un sendero que nos hizo transpirar e incluso resbalar en algunas ocasiones. En el recorrido pudimos ver una colorida y temida víbora Coral, pero no llegámos a desenbolsar lo suficientemente rápido nuestros teléfonos móviles para capturarla en una fotografía.
Como si no hubierámos estado ya cansados, todavía quedaba trepar las empinadas escaleras de un mangrullo que hay en la propiedad. Claro que valió la pena. Desde arriba se obtienen las mejores vistas y además noes esperaba un termo con agua caliente y un mate ya preparado que previamente había depositado el guía Marcos.

Las chicas, con claro mejor estado físico que los hombres se fueron a hacer una excursión de tres o cuatro horas a la Reserva de Biósfera Yabotí. En canoa partieron. Del río salía humo lo que acrecentaba el misterio. Esta vez irían acompañadas por el guía Eliseo, baqueano y mano derecha del lodge desde sus inicios, y con quien había hecho un recorrido similar por ese mismo lugar unos años atrás en un caluroso verano.
Los hombres nos juntamos con Daniel Martins y nos fuimos a visitar dos terrenos que vendían por ahí, también a la vera del Arroyo Paraíso. Tuvimos que hacer alguna vuelta de mas y circular por pastizales de mas de un metro de altura buscando la desaparecida picada (huella precaria) abierta en la selva. Ya en los lugares uno puede darse cuenta del colozal esfuerzo que hay que realizar para preparar el sitio de una casa en medio de una naturaleza exhuberante, que parece crecer y avanzar cada minuto.

De casualidad llegamos al mismo momento que las chicas, sólo que estas estaban todas transpiradas y con barro hasta las rodillas. Esta vez éramos los únicos huéspedes del hotel así que nos mimaron con unos jugos que tomamos allí mismo. Hicimos fiaca en el living durante algunas horas antes y después de comer. Afuera llovía.
Domingo ocho de la mañana arrancamos hacia Buenos Aires. Esta vez debíamos hacer todo el trayecto de un saque, por lo que no habría paradas en el camino, y teníamos un ETA cercano a medianoche. Claro que hubo paradas y también el tráfico típico de un domingo de fin de semana largo, pero logramos llegar en 14 horas, felices de unos días muy lindos y entre amigos en esta provincia que parece otro país.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Ruinas de San Ignacio Miní de día y de noche

Las Ruinas de San Ignacio Miní en la provincia de Misiones son las mas famosas y mejor conservadas de todas las reducciones jesuíticas que existieron en Argentina. Las mismas son Monumento Nacional desde 1943 y Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 1984. Se encuentran a unos 60 kilómetros de Posadas, la capital provincial, con la cual está muy bien comunicada por la Ruta Nacional Nº 12.
Lo mejor si se viene haciendo un recorrido por la provincia es dejar San Ignacio Miní para el final. Si llegan desde alguna de las otras reducciones jesuíticas de la zona (y sería un "pecado" no hacerlo), enseguida notaran cuanto mas grande es la estructura de San Ignacio Miní, y cuantos mas visitantes recibe en comparación a las otras reducciones vecinas.
Luego de pagar la correspondiente entrada se accede a un centro de interpretación en donde hay fotos, dibujos, muñecos y maquetas que explican la disposición que tenía la reducción, y todo lo referente a su modo de vida, costumbres e historia, pero lo mejor esta apenas salimos.
La Misión de San Ignacio fue originalmente fundada en 1610, en la Región del Guayra (actual estado de Paraná, en Brasil) por los padres Simón Masseta y José Cataldino, quienes también habían fundado en la misma zona y el mismo año, la Reducción de Nuestra Señora de Loreto. Hasta hace muy pocos los Jesuitas tenían misioneros itinerantes que pese a funcionar como "punta de lanza" en esta primera incursión en América del Sur, no había arrojado demasiados resultados satisfactorios a la orden religiosa. A partir de entonces se decide fortalecer la labor fundando reducciones, ya que los Jesuitas sentían que habían llegado tarde a todas las posibilidades que significaba el Nuevo Mundo.

El actual emplazamiento quedó establecido recién en 1696, tras haber guiado "río abajo"por el caudaloso Paraná a unos 12.000 indígenas evangelizados por la Compañía de Jesús que buscaban zonas mas pacíficas. Sólo desde entonces lleva el nombre de San Ignacio Miní (la menor), para diferenciarla de San Ignacio Guazú (la mayor), una reducción anterior que también llevaba el nombre de Ignacio de Loyola, un líder religioso español de la Contrarreforma, con pasado militar. Fue fundador de la Compañía de Jesús (los Jesuitas), la que respondía solamente al Papa. En 1622 fue canonizado por la Iglesia Católica, y desde entonces es conocido y venerado como San Ignacio de Loyola.
Durante dos siglos se fundaron desde aquí otras misiones en la zona, pero estas primeras, me refiero a las reducciones de Loreto y de San Ignacio Miní, fueron las únicas que lograron sobrevivir a los ataques de los Bandeirantes, hasta que finalmente fueron destruidas por estos "piratas de tierra" durante las Invasiones Paraguayas de 1817.  La misma suerte corrieron las otras reducciones a manos de estos hombres llegados desde Sao Paulo, el escollo mas serio (junto a algunos belicosos indígenas) a los que tuvieron que enfrentarse los Jesuitas.
A diferencia de muchas, la reducción de San Ignacio Miní nunca estuvo abandonada del todo. Hubo un intento de re población y mas tarde un conjunto de indígenas Guaraníes volvió a establecerse aquí hasta 1821, año en el que fueron los Paraguayos quienes volvieron para asolar lo que aún quedaba de las misiones jesuíticas de la zona.
A lo poco de andar se llega a la postal mas famosa de San Ignacio Miní, que no es mas que una suerte de "arco de entrada" de arenisca rosada, y que resulta ser el sitio mas fotografiado del lugar. Quizás está demasiado intervenido por la mano de los restauradores, pero de todos modos se aprecia un buen ejemplo del Barroco Americano propuesto por los artesanos de la orden religiosa para sus edificios mas importantes, con claras influencias del arte de los sensibles Guaraníes.
Esta era mi tercer visita a las Ruinas de San Ignacio, pero nunca había venido de noche. Las primeras veces probablemente ni siquiera haya existido el "Show de Luces y Sonido" que ofrecen como complemento a las ruinas mas famosas de la provincia de Misiones, pero de todos modos siempre me las había arreglado para llegar con la fresca. Esta vez y ante esta oportunidad (y por que también dormiría cerca), me quedé a ver la caída del sol en este territorio tan Guaraní, a la espera de la oscuridad
Éramos un grupo, no lo recuerdo bien pero supongo que entre todos sumábamos unas 20 personas, o quizás un puñado mas, todos dispuestos y ansiosos por iniciar este show guiado por las ruinas, pero de noche, lo cual sin dudas suma unos porotos a la experiencia.

En la primera parte de este espectáculo de "Son et Lumiere"  son los animadores quienes comienzan a captar nuestra atención por el empeño que le ponen a la tarea que les fue encomendada.
Para mi sorpresa el espectáculo está muy bien montado, con lo que parecen ser (no soy experto) equipos multimedia de primer nivel, con un sonido envolvente e imágenes proyectadas en los muros, a las que sólo le faltan unos anteojos 3-D para hacer una experiencia inolvidable, pero para compensar, la visita puede ser seguida en cuatro idiomas diferentes.
Hay una introducción histórica al sitio por parte de los guías, que para los mas entendidos carece de sustento y veracidad. De todos modos se entiende adaptación que hacen para darle mas valor al sitio.
Sólo a partir de entonces es que el juego de luces y sonido sobre los muros de las ruinas comienzan a tomar parte verdadera de este recorrido. A través de ellos se narra y muestran las costumbres, ritos, tradiciones y modo de vida de los Guaraníes, antes y durante los años en los que estos fueran evangelizados por la Compañía de Jesús.
Este recorrido de cierre de jornada hace sentir especial al visitante, ya que este puede "penetrar" en algunos sitios sólo abiertos para el show nocturno, como los cuartos de los Padres y algunos otros pocos recintos, gracias a las proyecciones nocturnas que complementan la escena.
El resto es puro goce cuando vemos las ruinas del entorno cambiando de color e iluminando con lo justo para dotar de profundidad al conjunto edilicio, y ya que estamos, uno sepa por donde caminar.
Tal como ocurría en la gran mayoría de las misiones jesuitas, la vida se organizaba alrededor de la plaza principal. Es decir, allí estaban sus edificios mas importantes, como la iglesia, el cabildo, la casa de los Padres o sacerdotes, la escuela, los depósitos, las fábricas, talleres, carpinterías o herrerías, e incluso los sitios en donde fabricaban pólvora, costumbre que se repitió en casi la mitad de los reducciones, por pura necesidad de defensa frente a los constantes ataques de los Bandeirantes.
En los márgenes de la plaza principal, en segunda línea o tercera línea (acorde al tamaño de cada reducción) se encontraban las Casas de Indios, construidas en hileras y muchas veces reconocibles por sus galerías dobles. Generalmente este conjunto de casas se encontraban cerca de la huerta, de gran importancia para la subsistencia de este pueblo, cuya dieta era principalmente vegetariana, ya que el consumo de carne estaba estrechamente ligado a los resultados de la caza y/o la pesca. También hay otras construcciones que formaban parte de la misión, y por motivos que desconozco no gozan de la misma protección que el resto del conjunto.
Cabe recordar que los indígenas evangelizados eran muy bien tratados dentro de las reducciones Jesuitas, y tenían los mismos derechos del cual gozaban los españoles. En el caso de los Guaraníes fue mas fácil la evangelización, ya que en su estructura social, estos respondían a un único cacique. Una vez convertidos, o evangelizados, trabajaban como socios de los jesuitas en verdaderas y eficaces empresas agrícolas como en el caso de Estancia Santa Catalina y muchas otras de las cuales fui escribiendo en los tres años de vida del blog.
En el caso puntual de la reducción de San Ignacio Miní, crearon un colectivo agrario en donde el cultivo de yerba mate y las artesanías en madera eran los pilares económicos fundamentales de esta misión que llegó a contar con 4.500 pobladores. También se sembraba batata, maíz, una amplia variedad de porotos (frijoles), zapallo, mandioca y marihuana. Caña de azúcar, tabaco y trigo, cultivos que eran atendidos día por medio, combinando esta con la enseñanza religiosa y otras actividades orientadas al bien común de la comunidad.
El comercio se realizaba entre los habitantes de las diferentes misiones, que sumaban unas 40 en total, y que ofrecían otras mercancías propias a las posibilidades del lugar en el que estaban emplazadas las respectivas reducciones, o aunando fuerzas entre todas para comercializar al por mayor con los establecidos puertos de Buenos Aires y/o de Santa Fé.
Con esta producción se podía mantener en funcionamiento la reducción. Lo mas importante es que cada una de las familias recibía una paga con la cual podían mantener a propios, sus viudos y enfermos, e incluso pagar los impuestos "correspondientes" a la Corona Española (maniobra con la cual los Jesuitas recuperaban parte de las ganancias).
Claro que con los Guaraníes no fue del todo fácil. Si bien eran dóciles, naturalmente agradecidos y talentosos, y fue sencillo convencerlos de las "ventajas" con las que contarían tras su evangelización, ya que  éstos no eran muy afectos al trabajo, y tampoco querían mudarse a las nuevas reducciones. Hasta entonces nunca se habían preocupado por los días futuros, y problemas de esa índole. Solían arreglárselas con lo (poco) que proveían sus antiguos dioses. A cambio los Jesuitas consiguieron un enorme territorio fértil, con miles de aguadas y lleno de recursos de todo tipo en lo que comprenden al menos parte de lo que son Argentina, Brasil, Paraguay e incluso Bolivia, y que supieron administrar hasta que en 1767 fueron expulsados de América por orden de un Edicto Real.
Los Guaraníes (mas de 150.000 para ese entonces) aprendieron también a manejar el ganado con la responsabilidad pertinente que eso implica, por lo que la carne se convirtió en parte esencial de su dieta habitual. Con el paso del tiempo se empezó a juntar un número interesante de ganado bovino, despertando el interés no sólo de los Bandeirantes sino de algunas tribus salvajes y belicosas llegadas desde El Impenetrable en el Chaco, y otras regiones vecinas en donde los Jesuitas no tuvieron el éxito logrado en estas latitudes, probablemente por no practicar la agricultura.
La visita a las Ruinas de San Ignacio Miní (sumado a las ruinas vecinas) es uno de los imperdibles si el destino te trae hasta estos lares. Tras las Cataratas del Iguazú es el sitio mas relevante de la provincia de Misiones. No por nada ambos comparten la distinción de ser sitios Patrimonio de la Humanidad.

domingo, 10 de enero de 2016

La Reducción de Santa Ana (en Misiones)

La Reducción Jesuítica de Santa Ana fue fundada en 1633 en la región brasileira del Tape, en lo que hoy es Rio grande Do Sur. Estaba conformada por mas de 2.000 indígenas, estos guiados por los padres Agustín Contreras y Pedro Romero, dos Jesuitas simpatizantes de la Orden Religiosa nacida menos de un siglo antes, en San Ignacio de Loyola (España). Precisamente en 1540.
Por el constante asedio de los Bandeirantes (piratas de tierra provenientes de Sao Paulo, Brasil) tuvo que mudarse varias veces de lugar, experimentando la misma suerte que otras misiones de la zona (harto comentado en el blog), estableciéndose finalmente en 1660 en su última y actual ubicación, es decir a 45 kilómetros de Posadas, la capital  provincial de Misiones.
Allí pudieron desarrollarse en paz y en plena armonía con la naturaleza durante algunas generaciones, dando un ejemplo de éxito en lo que refiere a una ocupación planificada sobre nuevos territorios. Los diferentes pueblos iban evolucionando un modelo agrícola-ganadero con una escala altamente integradora, como se puede ver en el caso de las estancias de la provincia de Córdoba (ver Estancia Alta Gracia y casa del Virrey Liniers y/o Estancia Caroya, la primera ).
En el apogeo eran 30 reducciones que funcionaban complementándose. Cinco de esas estaban en el margen este del Río Paraná, siendo el río la principal vía de comunicación entre las misiones.

La creación de tres nuevos países (Argentina, Brasil y Paraguay) rompió para siempre ese sueño de tener una "República Jesuítica". La Reducción de Santa Ana (una de las mas importantes) fue saqueada y posteriormente destruida durante las Invasiones Paraguayas de 1817, y nuevamente algunos años mas tarde por fuerzas portuguesas que atacaron a los indígenas que no querían abandonar el poblado. Desde entonces quedaron sumidas en el completo abandono, a merced del avance de la selva por sobre sus logradas estructuras de barro y piedra.
Santa Ana es la tercera reducción mejor conservada de todas las que hubo en la Mesopotamia Argentina. Por su gran valor patrimonial, cultural e histórico, ostenta desde el año 1984 el título de ser Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO, galardón que comparte con la vecina Reducción Nuestra Señora de Loreto , y con la de San Ignacio Miní, la mas importante y famosa de todas las misiones jesuíticas en la Argentina.  También es Monumento Histórico Nacional, y obviamente Monumento Provincial, por lo cual el sitio está debidamente protegido por varios entes.
La selva que circunda a la Reducción de Santa Ana es exuberante, y eso es uno de sus mayores atractivos. Pese a que parece querer avanzar hacia el resto de las ruinas, no es difícil darse cuenta en donde estaban las construcciones mas importantes que conformaba el núcleo central del casco urbano.
Allí estaba la plaza principal y los edificios mas relevantes como el cabildo, los talleres, las residencias de los Jesuitas, las casas de las viudas y también la de los indígenas. Los restos de la iglesia barroca de Santa Ana permiten saber que fue una de las mas importantes de la época.
En los márgenes de la reducción se encuentra un cementerio, y aunque alguno de los padres jesuitas que trabajaron para la misión descansan aquí, la mayoría de los sepultados (según dicen las placas de sus tumbas) son de tiempos mas modernos. Hoy está en desuso.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo

Las Cataratas del Iguazú fueron votadas por cientos de miles de personas alrededor del planeta como una de las Siete Maravillas  Naturales del Mundo. Desde 1984 ya gozaban el título de ser Patrimonio Mundial de las Naciones Unidas (UNESCO), y no es para menos. El escenario natural que se encuentra dentro del Parque Nacional Iguazú, en la provincia de Misiones, y en su contra parte brasileira, el Parque Nacional do Iguaçu, nos pone la piel de gallina.
El lugar no puede dejar indiferente ni al ser más difícil de satisfacer ¡Es una verdadera maravilla! Imagino el asombro que han de haber tenido los hombres al mando de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el "descubridor" europeo de las cataratas en 1542, muchos años antes de que se establezcan las primeras Misiones Jesuíticas en la zona, de las que tantas veces escribí en este blog. En ese momento las bautizó como "los Saltos de Santa María", pero su nombre no prevaleció con el paso del tiempo, y se los sigue conociendo con su nombre original en Guaraní, que significa "Aguas Grandes".
A lo que conocemos como "Las Cataratas del Iguazú" la forman en realidad 275 saltos de agua de diversa espectacularidad. Se encuentran en medio de la selva en uno de los tantos límites entre Argentina y Brasil, dentro del Parque Nacional Iguazú, extremo norte de la provincia de Misiones, y en su contra parte, el Parque Nacional Do Iguaçu, en el vecino estado de Paraná, en Brasil.
La gran mayoría (el 80%) se encuentra del lado argentino en las 67.720 hectáreas que están protegidas por la Administración de Parques nacionales. Sobre el 20 % restante de saltos de agua de las Cataratas del iguazú (pero que también tiene con que pelear) puedes ver lo que escribí tiempo atrás presionando Cataratas de Iguazú desde el lado Brasileño.
El Parque Nacional Iguazú fue el primero en crearse en el país. Es un espacio protegido desde 1934, aunque fue planificado muchos años antes. Al día de la fecha, y con mas de 4.000 visitantes diarios, es el parque nacional mas visitado de Argentina.

Cuando el visitante llega, lo debe hacer con tiempo. Dos días enteros es lo ideal para satisfacer la gama de programas ofrecidos (+ al menos medio día si se pretende cruzar a Brasil) en el parque nacional, y varios días mas para recorrer los atractivos culturales de la zona.

El sitio idóneo para comenzar el recorrido es el Centro de Interpretación Yvyrá Retá (algo así como "El País de los Árboles" en idioma Guaraní), en donde se explica en dos salas bien acondicionadas la enorme bio diversidad del ambiente de Selva Sub Tropical que uno está pronto a recorrer.
Tras abandonar el recinto se recorre el Sendero Verde de menos de 700 metros que conduce o regresa a la Estación Central. Allí se puede comprar comidas, bebidas y otros menesteres, pero "guay" con distraerse. Esta es tierra donde mandan los coatíes (Nasua nasua), un especie de mamifero carnívoro que es plaga en Iguazú y otras selvas de Sud y Centro América. Hay que permanecer muy atentos para no ser víctimas de sus habituales robos de comida.
Desde la Estación Garganta del Diablo hay dos opciones. Se puede regresar a la Estación Central por donde pasa la mayoría de los circuitos, o hacer el menos espectacular de los paseos en lancha que ofrece la empresa Iguazú Jungle Adventure, el Paseo Ecológico en el que los botes de goma van aguas abajo propulsados a fuerza de remo en un recorrido de 2.5 kilómetros que nos permiten adentrarnos en partes mas íntimas de este gran parque nacional.

El recorrido imperdible es el que propone el Sendero Superior, a 200 metros de la Estación Central. Su longitud es de 1.750 metros en donde se pasa por varios de los saltos de agua mas conocidos.
El salto de agua mas impresionante y famoso de las Cataratas de Iguazú, el mas fotografiado, el que sale en las postales es el conocido como "Garganta del Diablo", de una belleza que clama ruidosa con el gran caudal de agua que cae estrepitosa a través de sus múltiples saltos, empapando a los presentes con su constante rocío. Con 80 metros es el salto de agua mas alto de los 275 que componen el parque nacional. La reina del lugar tiene su pasarela desmontable.
Para llegar hasta aquí es necesario tomar el Tren Ecológico hasta Puerto Canoas, y desde ahí caminar por las pasarelas del Sendero Garganta del Diablo (unos 2.200 metros) que nos acercan a una distancia prudencial de los saltos, que además de increíbles vistas y mucho vapor de agua, ofician de frontera natural entre Argentina y Brasil.
Cada media hora o menos salen desde un muelle frente a la Isla San Martín las excursiones de 12 minutos (Aventura Náutica) que nos llevan a buena velocidad pasando por diversos saltos de agua, coronando el viaje bajo el chorro de agua de algunos de los saltos. Dan por garantido que uno vuelve empapado, así que no olviden de proteger sus equipos electrónicos. Los paseos se hacen a bordo de potentes lanchas (muy parecidas a las utilizadas en las excursiones de Los Saltos de Moconá.
En el recorrido bordea la Isla San Martín y se navega uno de los cañadones de estas tierras, que en antaño pertenecieran a Gregorio Lezama, y que vendiese por monedas como un simple trozo de selva.
Los guías capitanes van explicando la flora mas destacada del lugar, y tienen un ojo muy entrenado para encontrar fauna en donde el resto no puede verla.
Completamente mojados por el torrente de agua que nos regala el Salto Bossetti, continuamos nuestro camino nuevamente por el Sendero Superior, encontrando belleza en cada uno de los altos de agua que fuimos pasando.
Entre tanta magia uno fotografía a diestra y siniestra los Saltos Chico, el Ramirez, el Salto Dos Hermanas, el citado Bossetti (uno de los mas vistosos) o Adán y Eva entre tantos otros. Son todos espectaculares y el tenerlos tan cerca unos de los otros hacen saber que uno está ante un espectáculo natural divino en un lugar como no hay otro.
El torrente de agua parece infinito y su tronar constante sólo es interrumpido por el sonido del viento o el ocasional paso de una bandada de Urracas Azules cortando el cielo de la Selva Paranaense.
Estas maravillas naturales lucen diferentes cada año acorde al cúmulo de agua que van recogiendo los ríos en el camino productos de las generosas lluvias que recibe la región.
En esta ocasión estaba viajando con Europeos, y como anfitrión, estaba de lo mas feliz sabiendo que este es uno de esos lugares que no defraudan. Mas fue una buena idea venir a las Cataratas durante los últimos días de su visita a Argentina.
Se entiende perfectamente por que las Cataratas del Iguazú tienen la fama que tienen, y por que es el parque nacional mas visitado de Argentina, pese a que la gran mayoría de los que hasta aquí llegan tienen que recorrer al menos un millar de kilómetros desde sus hogares.
No hay duda de que las Cataratas del Iguazú son uno de esos sitios que cada mortal debiera visitar al menos una vez en sus vidas. Será un recuerdo que permanecerá por siempre en sus retinas.
Dos cosas llamaron mi atención al momento de mi visita. Primero la enorme cantidad de Guarda Parques y otros empleados que trabajan para la Administración de Parques Nacionales, y en segundo lugar como puede ser que cuando los turistas que llegan al parque nacional mas visitado de Argentina tengan que ver tanta basura arrojada a los costados de los senderos por maleducados sin que esta sea levantada por el ejército de empleados de la APN o cualquier voluntario.
Las Cataratas del Iguazú son un destino turístico por excelencia, por lo que las posibilidades de llegar son múltiples. Aunque la mayoría lo hace utilizando paquetes turísticos, es muy fácil organizar por libre una visita a este sitio, desde cualquiera de las fronteras.

Se puede llegar por vía aérea en Aerolíneas Argentinas o en LAN desde Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Salta hasta el Aeropuerto Internacional Cataratas, o desde cualquier ciudad importante de Brasil hasta el cercano aeropuerto de Foz de Iguazú o por vía terrestre desde Argentina, Brasil y/o Paraguay.
En el lado brasilero está la mejor vista de las cataratas, es verdad. Tienen el lugar muy limpio y mejor organizado que sus vecinos, pero en lado argentino está todo lo demás.