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martes, 7 de febrero de 2017

Comer en Polonia

La comida en Polonia me pareció mejor de lo que esperaba. Sabía mas o menos con que me iba a encontrar pues visitaba cada tanto el restaurante del Club Polaco de Buenos Aires, y aunque mas refinada aquí, se parece a otras del centro de Europa. Lo que no imaginé es que iba a comer bien en todas y cada una de las oportunidades que tuve para hincar el diente.
La gastronomía en Polonia es resultado directo de la historia convulsa de la nación, y de todas las culturas que pasaron por su suelo dejando su huella a la hora de preparar platos. Por su posición en el centro de Europa, el territorio que hoy es Polonia siempre estuvo cerca de las rutas comerciales que desde todos los puntos cardinales llegaban al continente. Así es cómo cosacos, tártaros, armenios, judíos, otomanos, húngaros y alemanes pasaron por aquí, y por todos se dejaron influenciar. El resultado es el de una cocina singular, condimentada, honesta, bastante compleja y con sabores profundos de esos que perduran en la boca.
La hospitalidad es uno de los rasgos mas sobresalientes de los polacos, y es por eso que se cocina con amor. Como muestra de ello, los platos son siempre abundantes.
La gastronomía está estrictamente relacionada con la vida rural y todos los productos derivados de ella. La papa nunca falta (es el mayor productor de Europa). Completan el equipo de los omnipresentes la remolacha, el repollo, la zanahoria, los rabanitos y el ajo.
Es señal de buena educación terminar todo lo que lo que nos ha sido servido, pues aquí se ha pasado hambre. Mas tarde se puede emitir un comentario positivo acerca de lo que hemos comido.

En Polonia nunca te quedarás con hambre. El desayuno no es liviano. El almuerzo consta de sopa, plato principal y postre. Por las noches nunca faltan las entradas (przekaski) y siempre hay tiempo para largas sobremesas en donde se fuma y bebe copiosamente algún vodka escondido para la ocasión.
El vodka es la bebida nacional de Polonia y tiene gran presencia en la vida del polaco, en especial cuando está junto a terceros. Es difícil dejar el país sin haber tomado un vaso bien frío, generalmente acompañado con un plato de arenques o unos pepinos en salmuera.
Es muy probable que el vodka sea originario de Polonia. De allí al menos deriva su nombre. Algunos de los mejores vodkas del mercado internacional son polacos. Entre esos podemos nombrar marcas como Belvedere, Ultimat, Wyborowa, Pravda, King Peter o el Wratislavia, originario de Wroclaw.
Famoso también es el Zubrówka, el vodka de la hierba del bisonte, reconocible por su color amarillo pálido y por la hoja de hierbadel interior de la botella que le da ese sabor tan particular. Generalmente el Zubrówka se bebe con jugo de manzana (muy rico) y se lo conoce como Tatanka o Szarlotka.

También existe una amplia variedad de cervezas locales, todas de muy buena calidad. En invierno la pueden tomar caliente con un poco de miel, e incluso existe una sopa hecha a base de cerveza. También la saben tomar con sorbete mezclada con jugo de frambuesas.
Me encantan las sopas y ese invierno en Polonia me saqué las ganas. Son siempre contundentes y dicen por aquí que tienen una diferente para cada día del año. Lo cierto es que cada cucharada esconde una infinidad de sabores que no pueden dejarte indiferente.

Mis preferidas resultaron ser la de centeno fermentado y también las de tripas blancas, que aunque con mala apariencia, rebosaba de sabor. Parece que en Polonia, carnes, embutidos, verduras, hierbas, hongos o tripas, y todo lo que se puede comer va a parar a una sopa.
El Borsch (Barszcz) es la sopa mas famosa de Polonia. Esta sopa a base de remolacha se identifica desde hace siglos ya de lejos por su color. Generalmente lleva papa, cebolla y ajo, y puede ir acompañada con algún tipo de pasta, pero hay decenas de versiones. También la sirven fría (muy refrescante) con una rebanada de remolacha y un poco de jugo de limón y azúcar.
También popular, pero no fronteras afuera es el Zurek, una sopa de centeno fermentado que viene acompañada por trozos de salchichas y verduras y un huevo que se sirve adentro de un pan de centeno.
Las sopas fermentadas son otra especialidad del país. Las mas comunes suelen ser de coles (repollo) como el Kapusniak, la de perejil o la de pepino (zupa ogórkowa), pero existen de cereales y otras variedades que datan desde el medioevo. No se las pierdan.
Para los menos valientes siempre quedará la opción de una sopa de eneldo, una (no tan) clásica sopa de tomate con o sin arroz, varias de hongos recogidos en los grandes bosques de Polonia, o el Rosól de verduras con pollo y pasta.

Muchas de estas sopas hoy asociadas a Polonia tienen origen en los Bar mieczny (Bares de leche) surgidos en el siglo XIX como repuesta a la depresión económica surgida en los tiempos de pos guerra. El primero de esos locales abrió sus puertas en 1896 en Varsovia. Allí se servía comida barata en base a lácteos, sopas y verduras. Con la llegada de los comunistas en 1945, la mayor parte de los restaurantes fueron nacionalizados y convertidos en Bares de leche subvencionados por el estado.
Todavía hoy pueden encontrarse. Son utilizados por estudiantes y gente de la tercera edad. Los preciso siguen siendo bajos, no hay servicio y la comida tarda una eternidad en llegar.
Los Pierogi son el plato emblemático de Polonia, y son un sub mundo dentro de su cocina. Se piensa que fueron introducidos por los tártaros y por los mongoles en sus incursiones en suelo polaco. Hay dos variedades ya que también se discute el origen de este plato. El Pierogi puede ser Ruskie o Wiejskie (al modo ruso o polaco). A partir de ahí se abre una serie de opciones. Los mas populares son el z miesewi (con carne) y el z kapusta i grzybam de hongos y repollo.

En Polonia varios tipos de recetas de pasta fueron importadas desde Italia a partir de 1518 por orden de Bona Sforza, segunda mujer del rey Segismundo I Jagellón "El Viejo" y madre de seis de sus ocho hijos. Bona era descendiente de la familia dueña del Castillo Sforzesco en Milano.
Los platos principales de Polonia suelen contener algún tipo de carne. La mas común es la de cerdo, aunque en las recetas mas especializadas también utilizan la de cordero o la de pato. Entre los platos mas conocidos podemos encontrar las Schabowe, clásicas milanesas de cerdo rebosadas, influencia de sus vecinos Austria y Alemania. Mas populares aún resultan las Kielbasa, salchichas de cerdo con salsa de rábano picante que podrán encontrar hasta el hartazgo a lo largo y ancho de todo el territorio, y que no difieren en mucho de las de otros lugares.
Mas original resultan las Mielone, unas hamburguesas de carne con arroz y repollo, o las Golabki, unas albóndigas con los mismos ingredientes pero otro sabor.
El Steak Tartar suele encontrarse con facilidad en los menúes de los restaurantes. Este plato de carne vacuna cruda mezclada con cebolla, mostaza, salsa y la yema de un huevo es una delicia para comer de tanto en tanto (ojo con las bacterias).

En Polonia no se come tanto pescado, pero no deja de estar presente, en especial en las zonas costeras al Mar Báltico y a los ríos grandes. Las recetas mas comunes incluyen a la carpa (karp) con mucha salsa, la caballa (makrela) y la trucha. Las anguilas (wegorz) son comunes y exquisitas.

En muchos sentidos Polonia es un país que vale visitar, y si además se come bien, tanto mejor.


jueves, 12 de enero de 2017

El Museo de Arte Islámico de Berlin

En el mismo edificio del Museo del Pérgamo, mas precisamente en su ala sur, funciona desde 1932 el Museo de Arte Islámico, uno de esos sitios que nadie debiera perderse en su visita a la capital de Alemania. Verdad que son muchos los museos de calidad en Berlin.
Aquella mañana en el Museum für Islamische Kunst resultaba una extraordinaria oportunidad de visitar nuevamente una excelente colección permanente de arte islámico de entre los siglos VII y XIX proveniente en su mayoría de Asia Central, pero en pleno centro de Berlin.
Ya bajo las arcadas podía divisar la fachada de la Puerta de Mshatta, una de las joyas del museo. Se trata de las partes mas detacadas de la fachada con la que iba a contar el Qasr Al-Mshatta (    (قصرالمشتى
El "Palacio de Invierno", como era conocido en el siglo VIII, nunca llegó a ser concluido tras el asesinato del Califa Al- Walid II (período Umayyad), quien lo había mandado a construir.

Años mas tarde un terremoto se encargó de destruir gran parte del conjunto antes de que éste quede completamente abandonado en pleno desierto jordano.
La fachada expuesta tiene unos 30 metros de largo y 5 de altura. Se mantiene en excepcional estado de conservación, a diferencia del resto del conjunto derrumbado que aún permanece in situ, y que no tiene ni por asomo el trabajo decorativo grabado en la piedra caliza, en donde se aprecian aves, mamíferos y algunos animales mitológicos.
Occidente le debe la Fachada de Mshatta a Josef Strygowski, un austríaco de ascendencia polaca que la había "descubierto" en uno de sus tantos viajes a Jordania. De inmediato le dió aviso a su colega y amigo Wilhem von Bode, responsable de los museos reales de Berlin. Entusiasmado y ansioso, von Bode persuadió al emperador Guillermo II de traer esos restos arqueológicos para engrosar la colección de arte islámico de la corte.
Al enterarse Abdul Hamid II (Sultán de Turquía) del interés del emperador Guillermo II por estos restos, decidió elegir los mas vistosos y ragalárselos al regente de Alemania, con la que Turquía tenía muy buenas relaciones . No sólo quedaba bien, sino que se "sacaba de encima" estas paredes revocadas con con un tipo de arte de la época de Persia con la que ya no se sentía a gusto.
A partir de ese gesto se da inicio a la colección de arte islámico del museo.

Durante la Segunda Guerra Mundial cayeron casi medio millón de toneladas de bombas en Berlin, destruyendo mas del 80% de la ciudad. Pese a que los museos hicieron un esfuerzo sobre humano para proteger su acerbo, una de las torres de la Fachada de Mshatta fue dañada.
En 1954, varios años mas tarde de finalizado el conflicto bélico, el museo fue re abierto al público en una nueva Alemania del Este (Deutsche Demokratische Republik- DDR)
Mucho tiempo antes, a orillas del río Tigris en lo que hoy es Iraq, Samarra, una ciudad cercana a Bagdad capaz de rivalizar con las mas poderosas de la época, vivía su mejor momento bajo el califato Abasí. En el Museo de Arte Islámico hay una buena cantidad de piezas obtenidas durante las excavaciones llevadas a cabo por el arqueólogo alemán Ernst Herzfeld entre 1911 y 1913.
En aquellos tiempos el Imperio Otomano todavía regía por sobre todo el norte de África, Asia Menor y la península de los Balcanes al sur del río Danubio. Nada mal para un imperio que ya tenía los días contados.
Cien años atrás, cuando ocurrían las excavasiones existía un tratado entre las partes en las que se dividían el patrimonio encontrado.

Samarra, fundada en el 835 fue una ciudad suntuosa, capital del califato Abasí durante poco mas de medio siglo, tiempo suficiente para construir la mezquita mas grande del mundo árabe, un hipódromo y mogollón de palacios desde donde trajieron algunos paneles con relieve que datan de esos días.
Tras vitrinas de acrílico hay utensillos como cajas o arquetas y cuernos de marfil de gran belleza y trabajo procedentes del emirato islámico de Sicilia, que datan del siglo XI.
Otra sala que me gustó es la que tiene la colección de alfombras, kilims y tapices, con esos diseños tan elaborados plasmados sobre sedas e hilos.
Alfombras y tapices del Imperio Otomano (1300 - 1520) con diseños menos convencionales.

Otro de los grandes atractivos del Museo de Arte Islámico es el Cuarto de Alepo
  
Este cuarto de lo mas representativo muestra como era el interior de una sala o lugar de recibimiento típicamente rectangular de un hogar de Alepo, la ciudad mas poblada de Siria. Era de los Wakil, una familia cristiana que se lo vendió al museo en 1912.
Lo fantástico de esta pieza tallada con maestría entre el 1600 y 1603 es que es la mas antigua que se conserva en el mundo.
El revestimiento de madera tiene 35 metros de largo y dos metros y medio de altura sólamente interrumpidos por las 14 puertas y ventanas del conjunto.
Los motivos del diseño dejan entrever la cooperación entre cristianos y musulmanes con escenas del Antiguo Testamento.
En una gama de celestes y tenues relieves de vemos a un costado el Mihrab de la mezquita de Beykehim en Konya de la región de Anatolía en Turquía, que data del siglo XIII. Este nicho semi circular indica la Alquibla (القبلة) o dirección en la que hay que rezar.
Paneles de madera esmaltada con textos árabes provenientes de la Madrasa de Sircali, región de Anatolía, Turquía.
Nicho proveniente de Damasco siglo XV se encontraba dentro de una casa samaritana.
Otra joyita es la cúpula de madera de cedro de principios del siglo XIV y que alguna vez formara parte de la Torre de las Damas dentro del Palacio del Partal en la Alhambra de Granada. La cúpula finamente trabajada y parcialmente pintada representa un gran ejemplo del arte árabe en la Península Ibérica.

domingo, 1 de enero de 2017

Sanssouci, el palacio que debía morir con Federico el Grande

Potsdam es una ciudad en el Estado de Brandenburgo que se encuentra a unos 20 o 25 kilómetros del centro de Berlin.
Aunque sus orígenes datan del siglo VII (cuando aún era un pueblo eslavo que llevaba Poztupimi por nombre) Potsdam no había tenido mayor relevancia histórica si no hasta 1660, cuando Federico Guillermo de Prusia puso un ojo en ella para hacer un coto de caza, deporte que el rey practicaba con gran destreza.
Aquella mañana de lluvias abandonamos nuestra cómoda suite en el piso 14 de un hotel de Berlin. En mis seis visitas anteriores a esta ciudad  nunca se me había dado la peculiaridad de dormir en un piso tan alto.
Tras cargar el GPS con nuestros datos de interés y retirar el vehículo alquilado de la playa de estacionamiento descubierta del edificio, apuntamos sin mas hacia Potsdam, para sentir mas de cerca aquellos lugares importantes en la vida de Federico "El Grande", como lo es Sanssouci.

En aquellos tiempos eran pocos los que disfrutaban de los extensos bosques y de la calidad de la caza en Potsdam. Con el paso del tiempo la ciudad creció y hoy son 150.000 personas que las que viven en un entorno que sigue estando compuesto por una mayoría (el 70%) de espacios verdes.
Algunas costumbres como la de la caza aún están permitidas en cotos habilitados varios siglos atrás.
Cuando llegamos a Potsdam había salido el sol por un rato así que aprovechamos para recorrer brevemente su sereno centro y algunos de los atractivos en los alrededores de los palacios, como son la interesante colonia rusa Alexandrowka, el Holändisches Viertel (una pequeña Holanda) y el Molino Histórico de Sanssouci, que alguna vez estuvo "entre ceja y ceja" de Federico "El Grande", y es que su padre, Federico I de Prusia le había dado permiso a un tal Johann Wilhem Gravenitz para erigir en ese sitio un molino, ocho años antes de la construcción del Palacio de Sanssouci.

En 1787, cuarenta años mas tarde de la conclusión del palacio y sus jardines,  Federico II "El Grande" arregló el deteriorado molino cerealero con fondos de la corte, pero luego amenazó a su dueño con quitárselo, molesto por el sonido que ocasionaba cuando giraban sus aspas.
Gravenitz mandó una carta a Berlin, y la justicia dictaminó que podía quedárselo.

Durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, el Molino Histórico de Sanssouci fue completamente destruido. Días mas tarde y no muy lejos de aquí, se llevaba a cabo una reunión entre los aliados Stalin, Churchill y Truman (entre otros). Tras la "Conferencia de Potsdam" se sellaron varios acuerdos como la devolución de todos los territorios anexionados por Alemania a partir de 1938, la separación de Austria como parte de Alemania, y los detalles para la rendición de Japón, entre otras decisiones que derivarían años mas tarde en la Guerra Fría, pero eso es otra historia que nada tiene que ver con Potsdam.

Para ese entonces el molino era todo un símbolo para la ciudad de Potsdam. Un símbolo que era un Monumento Nacional desde hace por lo menos 150 años y que recién pudo ser reconstruido entre 1983 y 1993, con Alemania ya unificada.
Cerca del molino histórico estacionamos el auto en un playón semi desierto a unas pocas cuadras del palacio. He de suponer que durante los meses de verano los espacios aquí son codiciados. Quizás lo mas práctico entonces sea venir en tren desde Berlin, y tomar un ómnibus desde la estación.
Había visitado el Palacio de Sanssouci una sola vez en algún momento de los años noventa, un día muy caluroso de verano en el que quede impactado por la belleza del lugar mientras mi padre, que además de prusiano era un tipo muy culto, me contaba historias y hazañas de Federico "El Grande". Recuerdo ese día como uno en el que nos la pasamos caminando.
En invierno la cosa es diferente, con sus cuidados jardines esta vez opacados por las bajas temperaturas. No importaba mucho si estaban cerradas (y en obras) las dependencias reales, pues un paseo por los jardines y bosques circundantes al Palacio de Sanssouci (que gozan el status de ser Patrimonio UNESCO de la Humanidad desde 1990) ya ameritan de por si una visita a este sitio. 
El Schloss Sanssouci fue mandado a construir por Federico "El Grande" como un lugar alejado del ajetreo propio de una ciudad grande como Berlin y de sus respondablidades, y es por eso que lleva el nombre de "Sans souci"  ("sin preocupaciones" en francés). Allí gustaba de caminar por los jardines mientras meditaba en soledad o en compañía de su amigo Voltaire a quien terminó expulsando de Alemania luego de hospedarlo durante casi dos años. 
Originalmente el palacio contaba solamente con 10 habitaciones en donde Federico y sus huéspedes vivían con cierta austeridad, y es que a Federico no le sentaba bien la idea de ser rey por derecho divino, así que siempre trató de comportarse como un eficiente administrador. De hecho se hizo llamar rey sólo después de conquistar todos aquellos territorios que habían pertenecido en algún momento a Prusia.
El mismo año que asume le arrebata Silesia a Austria, gran potencia del momento. Mas tarde se volverían a enfrentar en la Guerra de los Siete Años (Prusia y Gran Bretaña contra Austria, Rusia, Francia, Sajonia y Suecia). Fue muy duro para Prusia, que si bien no sumó nuevos territorios, pudo quedarse con Silesia, lo que le valió gran popularidad al rey.
Federico, quien había invertido cientos de horas en el diseño de Sanssouci quería que el palacio, su palacio, muriese con él, por eso siempre mostraba resistencia a la hora de hacer arreglos.
El palacio fue construido sobre una loma pero al ras del piso (o sea sin aprovechar las ventajas arquitectónicas) a petición del propio Federico, quien buscaba dimensiones mas humanas. 

Si bien funcionaba la corte, prefería no tratar asuntos de estado en Sanssouci, dejando espacio para su vida de escritor o de consumado flautista. Federico era amante de la literatura francesa y gozaba de la música de Johann Sebastian Bach, asiduo visitante de Sanssouci.

Como quien ve la suerte sellada en su destino, Federico "El Grande" muere sentado en un sillón de su Sanssouci un 17 de agosto de 1786.
Federico II "El Grande" fue uno de los monarcas mas queridos y respetados de la historia moderna. Fue un eficiente administrador y un genio militar, admirado por sus tácticas y estrategias en el campo de batalla a cargo del Ejército de Prusia, un reino pobre al que convirtió en la quinta potencia económica de Europa. Dos ejemplos bastan. El primero ocurre en 1762 con la muerte de la zarina Isabel I de Rusia. Tras seis años de guerra, apenas asume Pedro III al trono, decide sacar a Rusia de la contienda por ser éste un gran admirador de Federico.
El segundo hecho ocurre en 1807, cuando Napoleón Bonaparte vence a la Cuarta Coalición y pide permiso al gobernador de Potsdam  para visitar la tumba de Federico en Sanssouci. Una vez allí hace saber su admiración por el monarca prusiano y pronuncia: "Si Federico estuviera vivo, nosotros no estaríamos aquí" .
El palacio estuvo abandonado por casi 100 años antes de ser agrandado por Federico IV, sobrino nieto de Federico "El Grande", quien lo convirtió en lo que hoy conocemos, haciendo de este lugar el preferido de la dinastía Hohenzollern hasta los días previos a su caída en 1918.

Fue en estos tiempos cuando se contrató la mano experta del arquitecto Ludwig Ferdinand Hesse, se agrandan las dependencias agregando una parte para el uso de las mujeres, se agregan muchos templetes y pabellones diseminados por el parque y Sanssouci empezó a ser conocido por muchos como "El Versalles Alemán".
A unos pocos metros del Shloss Sanssouci se encuentra el Palacio de la Orangerie (Orangerie Schloss), bonito edificio de estilo Renacentista Italiano que fue plasmado a la realidad entre 1851 y 1864 a partir de bocetos originales de Federico Guillermo IV de Prusia.
En el límite norte de Sanssouci se encuentran los invernaderos o la "Neue Orangerie". Tienen 106 metros de largo, 16 de ancho y  fueron pensados originalmente para el cultivo de naranjas. Su sistema de calefacción era todo un adelanto para la época y sigue funcionando a la perfección.
En este sector de Sanssouci se replica la arquitectura del Renacimiento Italiano y el arte típico que se puede encontrar en grandes conjuntos arquitectónicos como en Villa Medici en Roma o en la Galleria degli Uffizi de Florencia.
Afuera del sector en donde estaban los apartamentos reales y de su personal hay Atlantes en una serie de figuras alegóricas a las diferentes estaciones del año, que muestran de alguna manera el proceso de las vides plantadas en los jardines de Sanssouci.
El Palacio de Sanssouci iba a ser mas grande, pero los acontecimientos de 1848 ("La Primavera de los Pueblos"), año de revoluciones como nunca antes había sucedido en Europa que ocurrieron desde Francia hasta Hungría, no dejando afuera a Prusia. Eso mantuvo ocupado durante algunos meses a Federico IV, conocido como "El Romántico al trono", quien de alguna manera había sido responsable y participado bien de cerca de la erección de varios edificios memorables en Berlin y Potsdam, así como la finalización tras largo siglos de construcción de la catedral de Colonia.
Al momento de mi visita a Sanssouci (febrero 2016), el palacio se encuentraba en plena remodelación, con todos los espacios cerrados y las clásicas torres cubiertas por andamios.
Firme y en el mismo lugar el monumento post mortem de un Federico II contemplativo, que fuera mandado a colocar por su mujer,  Isabel Cristina de Brunswick-Bevern, con quien Federico se había casado en 1733 y no volvió a compartir hogar desde su ascenso al trono.
Quizás lo mejor de una visita a Sanssouci sea poder caminar por sus jardines y los bosques de los alrededores con el debido tiempo, como para encontrar decenas de rincones pensados alguna vez para el goce o la meditación.
El 17 de agosto de 1991, cuando se cumplían 205 años de su muerte, Federico pudo al fin concretar su deseo de ser enterrado en los jardines de Sanssouci, su lugar en el mundo. Previamente había estado enterrado junto a su padre en la Iglesia de la Guarnición de Potsdam (Garnisonkirche), la cual fue destruida durante el último año de la guerra. Hitler había tomado la precausión de esconder el cuerpo de Federico II en una mina de sal al endurecerse la contienda.
No siguieron las indicaciones al pie de la letra, pero finalmente descansa al ras del suelo sin otro adorno u ornamento en su tumba mas que su nombre: Friedrich der Große.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Comiendo en Chequia

Puede que la gastronomía en la República Checa no sea la mas sana ni la menos calórica, eso está claro. La comida es rica, grasosa, proteica y pesada, pero siempre muy sabrosa.
Si es donde mejor se come en Europa Central, no lo sé. No en mi opinión, pero ciudades como Praga permiten el acercamiento a cientos de restaurantes en donde descubrir este tipo de comida, en donde todos los ingredientes provienen de los campos y granjas locales.
česká bramborová
Generalmente una comida típica consta de cuatro pasos El primero de esos pasos es la sopa, que es de gran importancia cultural en la mesa de los Checos. Según las tradiciones, no crecerá aquel niño que no coma su sopa. Hay un montón de variedades. Incluso existe una sopa nacional (foto superior), pero la mas característica y popular puede que sea la sopa de papas.
Una que me gustó mucho fue la sopa de ajo que viene siempre acompañada por croutons, a modo de disminuir su intenso sabor. Nunca comí tanto ajo como en estos días. Parece que esta sopa es también popular durante las mañanas entre todos aquellos que han pasado la noche bebiendo.

También ofrecen sopas comunes de pollo, un poco mas atrevidas como la de hígado, la Kuladja de hongos o la de pepinos y eneldo, que dicho sea de paso está presente en muchos platos y parece que aprovechan para disminuir las flatulencias ocasionadas por todos los demás alimentos.
Otras como la Kapustnika o la de mondongo resultan a veces demasiado contundentes como para continuar comiendo.
Una opción para el primer plato, y un excelente maridaje con el amargor que ofrecen las excelentes cervezas de Pilsen, puede ser el Předkrmy, que consiste en una serie de entradas de embutidos elaborados y ahumados con maestría durante los largos inviernos locales, en donde no suelen faltar ni el famoso Jamón de Praga, ni los quesillos de Olomuc.
El plato principal (česká národní jídla) casi siempre contiene carne de cerdo o de ternera, o las dos juntas. Probablemente nuestra orden se encuentre flotando en alguna salsa espesa, rica, sabrosa, y que de seguro quedará grabado por siempre en nuestros paladares.

El repollo (col), la zanahoria, una amplia variedad de setas, la papa y la cebolla aparecen con frecuencia como acompañamiento o guarnición, que en la mayoría de los casos hay que pedirla a parte. Cabe aclarar que generalmente un sólo plato le bastará a el comensal común.

Tal como sucede con la sopa, la República Checa también tiene un plato histórico y nacional. Se trata del vepřová pečeně s knedlíky a se zelím y entre las regiones de Bohemia y de Moravia se pelean por ver quien hace la mejor versión. A nivel regional entra en escena el famoso Goulash que se sirve menos especiado que en otros lugares de Europa, y siempre acompañado con rodajas de pan.
En Nové Město , la parte moderna de Praha, al otro lado de El Puente de Carlos, todos parecen coincidir a las horas del mediodía. En este sector de la ciudad podemos encontrar un montón de puestos en las calles en donde sirven una amplia gama de platillos muy completos y calóricos, y a precios mas moderados que los que existen en la ciudad vieja.
Halušky y salchichas
En la calle se puede conseguir una serie de platillos completos y bien elaborados para la hora del almuerzo. Las opciones son muchas. Podemos comenzar con un clásico como lo es el Utopenec, unas salchichas que vienen acompañadas con cebolla fermentada, algo parecido al chucrut, clara influencia de las gastronomías de Austria y Alemania.
Otro preferido entre los checos es el Halušky , un tipo de pasta muy parecido a los ñoquis, también presente en casi todos los países vecinos, en especial en Eslovaquia, de donde es originario. Aquí se sirve con salchichas y a veces también con tocino.
Hablando de clásicos no puedo dejar de nombrar a los Trdelník, unos rollos de harina ahumados en palos de madera, con relleno dulce, azúcar y canela, presentes en todos los mercados de navidad y durante los meses de invierno en casi todo el este de Europa.
Otro de los platos imperdibles son los Knuckle que son los codos de los cerdos asados durante horas, al punto que quedan como una manteca de carne que se mezcla con el crujiente de la piel quemada. Como toda carne que se asa lenta, resulta un manjar. Las porciones de Knuckle suelen superar el kilo de peso, lo que por lo general no resulta un problema para los checos, que cuando pueden se toman todo el tiempo del mundo para almorzar "como Dios manda", aunque aquí haya una mayoría atea.
Una de las tradiciones mas populares era "la matanza del cerdo", que hasta 2012 se efectuaba durante los meses de invierno en gran número de hogares, y en donde las familias (con ayuda de algún experto) elaboraban diferentes productos y embutidos para vender o regalar a familiares, amigos y vecinos. Para la faena se utilizaba un cerdo criado durante un año en el seno familiar.
Hoy la actividad está prohibida aunque se sigue practicando en menor medida.
Unas 12 horas le lleva a un checo común volver a ingerir alimentos, pero a la mañana ya está listo para un desayuno suculento, que tiene claras influencias de los de Alemania. En el desayuno ideal hay mas de un pan presente en al mesa para acompañar algunos de los embutidos que realizan con maestría. También hay huevos, un poco de queso y un yoghourt que no se parece en nada al búlgaro, ni al griego ni al alemán.
En muchos otros hogares el desayuno es rápido y sólo va acompañado por un café o un té, y quizás un rohlík (panecillo alargado con semillas) o un poco de jugo de naranjas. En otros la mejor manera de comenzar el día es con una cerveza fría, logrando el mayor consumo per capita del mundo.
Prejt
Otro clásico de la gastronomía checa son los Prejt, que no es otra cosa que una morcilla hecha de hígado, sangre de cerdo, cebolla, ajo y cebada. En los puestos las preparan ahí mismo para todos aquellos en busca de una morcilla mas cremosa, para el resto también las venden de texturas mas tradicionales.
Pikantni bramborove Halušky
Tal como en Eslovaquia y Hungría se consige este otro tipo de pasta a base de papa rallada mesclada con harina y huevo. Los pedazos son muy pequeños y se sirve con cebolla enmantecada y a veces trozos de salchicha o carne .
Hay varios tipos de Knedliky. Están hechos de harina, manteca y crema y el relleno puede ser de papa, cualquier tipo de embutido, frutas o simplemente miga de pan. Los Knedliky son un preferido a la hora de encargar una guarnición, y es que pueden parecer idénticos a los otros, pero no lo son.
La de cerdo es la carne mas consumida de la República Checa (y la segunda en Europa). Hay una gran cantidad de platos que lo usan como materia prima, y no hay parte del animal que quede sin aprovecharse.

En segundo lugar lo tiene la carne vacuna, especialmente presente en guisos, pero no siempre fue así, ya que en antaño se consumía sólo una vez por semana. Le siguen la de pollo, la de conejo, la de pato y otros aves de corral.

Los pescados no son muy populares entre los checos. Comen un tipo de carpa (Kapr) y el bagre en sopas, y la trucha (Pstruh) y la lucioperca al plato, ya sea a la manteca o con salsas de comino o perejil. También se puede conseguir anguila (Úhor) pero sólo en algunas de las grandes ciudades.
La carne de caza y su costumbre está muy presente y arraigada en estas regiones (si hasta vimos cazadores a la vera de la ruta en Eslovaquia). En Chequia uno puede degustar los mismos platos que comía el rey Carlos IV 700 años atrás.
Aquellas mismas recetas se siguen usando para cocinar liebres (Zajíc) o codornices a la cacerola, carne de ciervo o de alce, y en menor medida de jabalí, tal como se hacía en las épocas medievales, casi siempre regado en alguna salsa de frutos del bosque o setas. Siguiendo con las tradiciones, la costumbre es acompañar esos platos con cerveza o los vinos de Moravia.
Kolache
Los postres son otro de los favoritos de los Checos. Hay un montón de confiterías y lugares especializados, y es allí donde uno se pregunta cómo hacen estos tipos para comer platos tan pesados, hasta que llegan los meses de invierno y se entiende todo.

Una delicia los Palacinky, unos crèpes rellenos de almendras (los mas ricos), frutas o helado. No se quedan atrás los Kolache , unos panecillos rellenos de frutos del bosque o queso, que son muy populares, y se consiguen a toda hora y lugar.
Cada uno con su propio libreto, pero por lo general, y tal como sucede en todos los países vecinos, de noche se come liviano, pero si se está entre amigos, los checos harán todo un culto de la comida.