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sábado, 3 de diciembre de 2016

El Fuerte de Cobos

Sobre el antiguo Camino Real que unía Buenos Aires con el Alto Perú, y a 50 kilómetros de la ciudad de Salta se encuentra el Fuerte de Cobos. No es la gran cosa, está descuidado y semi abandonado. Ha estado en peor estado, y eso que se trata de uno de los sitios mas importantes y relevantes en la historia de la provincia, Monumento Histórico Nacional desde 1941 y que supo albergar a algunas de las máximas figuras históricas del país.

El Fuerte de Cobos (antiguamente conocido como "Nuestra Señora de Santa Ana") fue un puesto de avanzada desde donde los españoles buscaban proteger a la joven Salta de los ataques de las belicosas parcialidades indígenas llegadas desde el Gran Chaco.
La ciudad de Salta fue fundada en 1582, pero en el "Valle de Sianca" (actual Cobos) ya existían unos pocos asentamientos con españoles. Incluso hay algunos historiadores que afirman que la zona del actual Fuerte de Cobos pudo haber sido el lugar original de la primera fundación de la ciudad de Salta.

Apostado sobre lo mas alto de una loma, el Fuerte de Cobos cumplió en sus primeros años una función como puesto de avanzada con una guarnición permanente de hombres a partir de 1690.
La casa que sobrevive de aquel original Fuerte de Cobos es una construcción que data de 1733, fecha en la que pudo ser reconstruida por primera vez tras el ataque de un malón.

En 1760 se funda en los alrededores el primer ingenio azucarero del país con cultivos de caña de azúcar importados desde Locumba, Perú por Fernández Cornejo, coronel de las tropas realistas.

Durante varios años el Fuerte de Cobos funcionó como una posta de correos hacia el Alto Perú, dejando un poco de lado su carácter militar, pero en 1775 volvería a ser destruido por el mas brutal de los ataques de las parcialidades indígenas de Tobas, Mocovíes, Wichis y Pilagás.
Manuel Belgrano, quien fuera militar, Jefe del Ejército del Norte, periodista, político, abogado y además creador de la bandera, toma el Fuerte de Cobos por la fuerza y se instala con sus hombres. Desde allí organiza a su ejército para la estratégica retirada de los pobladores de Jujuy (Éxodo Jujeño) hacia Córdoba y Tucumán, para protegerlas del avance de las tropas realistas que bajaban a gran velocidad desde el Perú.

Aunque las tropas realistas tomaron nuevamente el Fuerte de Cobos durante un tiempo, éste es nuevamente conquistado por Manuel Belgrano el 13 de febrero de 1813, cuando entra triunfante a la ciudad de Salta luego de una concisa pelea contra las tropas realistas, contando con la valiosa ayuda del Regimiento de "Pardos y Morenos" al mando de José Superí, y la valiente caballería de Eustoquio Díaz Vélez (el abuelo de Eugenio, el dueño de el Castillo de Egaña).

La Batalla de Salta fue uno de los grandes hitos de la Independencia Argentina, pues esta acción hizo rendirse a los 3398 soldados realistas al mando del brigadier general Pío Tristán, quienes muertos o prisioneros entregaron una buena cantidad de armas para continuar el camino de liberación para todos los pueblos del Alto Perú.
Tristán, un militar nacido en Arequipa fue el último virrey de Perú. Tristán era amigo personal de Manuel Belgrano de sus tiempos en España, en donde los dos habían compartido muchas cosas e incluso amado a la misma mujer.
El Fuerte de Cobos volvió a ocupar una página importante de la historia argentina, cuando fue usado como cuartel por Martín Miguel de Güemes y sus hombres ("Los Infernales") durante las llamadas "Guerras Gauchas", una larga serie de cortos enfrentamientos, tipo de "Guerrilla" que sucedieron entre 1814 y 1825 en la provincia de Salta, que por aquellos días también comprendía a Jujuy y a Tarija (actualmente en Bolivia).
 El 15 de junio de 1816 el Fuerte de Cobos fue sede del encuentro que mantuvieron el (por aquel entonces) gobernador de Salta, don Martín Miguel de Güemes y Juan Martín de Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata, en los días previos a la firma de la Independencia Argentina, el 9 de julio de 1816.

Pueyrredón y  Güemes se conocían ya desde la primera de las Invasiones Inglesas. En el fuerte planearon diferentes acciones militares defensivas para liberar a la patria. De esas batallas quedan valiosos testimonios en el Museo Histórico del Norte , donde hay una sala entera dedicada a este héroe de la patria.
En 1841 el Fuerte de Cobos sirve como morada de descanso para el militar Juan Galo de Lavalle, quien estaba siendo perseguido por las tropas opositoras de Juan Manuel de Rosas, quien ya lo había derrotado para ser gobernador de Buenos Aires. Pocos días mas tarde Lavalle perdería la vida.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El Museo Histórico del Norte en el Cabildo de Salta

El Museo Histórico del Norte es uno de los mas importantes de Argentina. Tanto por su patrimonio, como por el lugar en donde esta emplazado, ya que funciona dentro del Cabildo de Salta, uno de los edificios coloniales mejor conservados del país, y en el mismo lugar en donde se hizo el acto fundacional de la ciudad de Salta en 1582, o se colgó la bandera Argentina por primera vez luego de que las tropas al mando de Manuel Belgrano derrotaran a las Realistas durante la Batalla de Salta en la Guerra de la Independencia de la Argentina.
Tras cumplir sus funciones como cabildo, la policía local pasa a hacer uso de sus instalaciones. Años mas tarde sería sede de la Casa de Gobierno de Salta, pero las idas y vueltas de la historia hicieron que el edificio fuera subastado y rentado para uso comercial y de viviendas.

Una sabia decisión la de la ciudad. Había que re comprar el viejo edificio, que tras una restauración a cargo del arquitecto Mario Buschiazzo (quien también había participado en la reconstrucción del Cabildo de Buenos Aires y de la Casa Histórica de Tucumán) fue (como merece) declarado por ley Monumento Histórico Nacional, y desde 1949 es sede del Museo Histórico del Norte.
Una vez dentro se propone un recorrido cronológico a través de las diferentes salas o ambientes de lo que siempre fue el edificio civil mas importante de la provincia de Salta.
 La primera de esas salas lleva el nombre de "Los orígenes de nuestra historia". Allí hay cantidad de objetos perfectamente conservados de uso cotidiano de las culturas indígenas preincaicas.
Se aprecian vasijas, armas y herramientas de pueblos precolombinos que habitaron el noroeste argentino como la Cultura Condorhuasi, la Cultura de la Ciénaga, la Cultura Aguada (o de los Barreales), o la Cultura de Belén, entre otras, y los cambios que sufrieron esas primeras sociedades.
Urnas adornadas con motivos animales
Pude disfrutar mas de la cuenta este sector del Museo Histórico del Norte (y de una posterior visita al Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de La Plata), pues semanas antes había estado con amigos Buscando la ciudad perdida del Pantano en donde habíamos tenido en nuestras manos varios restos cerámicos de las culturas mencionadas.
Un viaje en donde aprendí lo poco que sé acerca de estos antiguos moradores del territorio argentino que basaban su economía en la agricultura, y daban comienzo a un nuevo período en el que la religión pasaría a jugar un rol muy importante entre las poblaciones (conciencia de la mortalidad) que dejaron de ser nómades para conformar las primeras aldeas o asentamientos.
El arqueólogo y amigo Aldo Lombardi (Q.E.P.D.), con quien tuviera oportunidad de compartir una expedición y varios asados, me enseñó a identificar de que cultura se trataban los restos que íbamos encontrando acorde a su manufactura. Los niños, o párvulos (otra palabra que aprendí de él) eran enterrados en pequeñas vasijas o urnas, generalmente decoradas, tal como lo hicieron otras culturas a lo largo y ancho de América.
Un descanso en el Patio del Cabildo (uno de los tres) a sabiendas que por aquí caminaron muchos de los personajes mas importantes de la conformación de Argentina. Hoy próceres de la nación.
En las próximas salas hay un rejunte de objetos de la sociedad de la época colonial que parecen querer contar todo lo que pasó dentro del famoso edificio del cabildo y en los alrededores de una ciudad que desde entonces no pararía de crecer.

En la planta superior del Museo Histórico del Norte (y con regias vistas por sobre la Plaza 9 de Julio, la principal de la ciudad) se encuentra la Sala Capitular que guarda su mobiliario original (sillas y algo más) y otra que contiene buenos remanentes de Arte Sacro. Los Jesuitas habían hecho una fantástica labor enseñando las artes a los aborígenes en su paso por América antes de ser expulsados por el Rey de España, y varias logradas piezas como otras de la Escuela Cuzqueña (Alto Perú) son expuestas aquí.
Tras bajar unas gruesas escaleras de quebracho se llega nuevamente a planta baja a otra de las salas, esta vez dedicada en forma completa al General Martin Miguel de Güemes, de destacada actuación durante la Guerra por la Independencia de la Argentina, las guerras civiles, y en lo que mas tarde se conocería como "La Guerra Gaucha", en donde repelió diversos ataques de las tropas realistas en una suerte de Guerra de Guerrillas al mando de un conjunto de valientes Gauchos ("Los Infernales") que peleaban desde Salta hasta Tarija (actual Bolivia).
Vaya que los tiempos habían cambiado. El último Gobernador de la Corona de España, el Coronel Nicolás Severo de Isasmendi, apoyaba a la Primera Junta, y alejado a la fuerza de la vida política, se retiró a su gran Hacienda en Molinos en donde murió años mas tarde. Su cuerpo embalsamado se encuentra en la iglesia original del bonito pueblo de los Valles Calchaquíes.
Bajo las arcadas de las galerías de uno de los patios exhiben en las paredes algunos de los cepos usados para controlar a los presos mas rebeldes, y otros objetos de época.
El segundo patio es para mi el mas bello. También el de mayor tamaño de todo el conjunto edilicio. Desde el centro es posible divisar algunos de los edificios mas importantes de la ciudad, y algunos viejos objetos bajo las recovas.
No me molestaría tener cualquiera de esos objetos, como este viejo balde de cuero (el "Noque") utilizado en antaño para pisar las uvas y elaborar vino, antes de ser colocados en vasijas de barro para su posterior fermentación.
Ya había contado alguna vez que la provincia de Salta tiene las vides mas antiguas del país, alguna vez traídas desde el Alto Perú por los Jesuitas (ver mas en La Ruta del Vino en Salta.)
Desde este segundo solario se accede por un arco al tercer y último patio del Cabildo de Salta. Bien podría ser la Sala de Carruajes, ya que cuenta con varios ejemplares, entre los que encontramos carrozas fúnebres, galeras, algunos de los primeros vehículos livianos que circularon por la ciudad y las diligencias donadas por personajes importantes de la historia de Salta.
Como curiosidad, hay un ejemplar del Renault mas largo jamás construido. Se trata de una limousine de 1911 con una carrocería manufacturada por Belvalette en Paris.
Porta un motor de 4 cilindros y 8.5 litros que desarrollaba 45 C.V. de potencia. Aparentemente sólo hay  otros dos en el mundo. Uno es del presidente de Bolivia, y el otro se encuentra en U.S.A.

El Museo Histórico del Norte es un lugar que ningún argentino en Salta debiera dejar pasar la oportunidad de conocer, a modo de aprender mas acerca de nuestros orígenes, en un lugar que escribió muchas páginas en los anales de la historia argentina. Se encuentra frente a la Plaza 9 de Julio, a poca distancia de muchas de las atracciones turísticas mas importantes de Salta. A nadie se le escapa una foto del cabildo cuando visitan la ciudad ¿por que no entrar?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Molinos, un preferido de los Valles Calchaquíes en Salta

Molinos es un pequeño pueblo, parada obligada de los Valles Calchaquíes que cuenta con un gran valor patrimonial e histórico. Fue fundado como encomienda a mediados del siglo XVII, ahí donde se besan los ríos Luracatao y Humanao en la provincia de Salta.
En el trazado urbano de Molinos se ve la particularidad que lo diferencia de otros pueblos. Como no tiene origen religioso, el plano no se hizo alrededor de la iglesia. De hecho no hubo plano alguno. El Capitán español Diego Diez Gomez había recibido esta encomienda por los servicios prestados a la Corona Española, e hizo de esta una hacienda a la que bautizó San Pedro Nolasco de los Molinos.

Durante mas de 200 años Molinos fue el pueblo mas importante de este lado de los valles ya que por aquí pasaba el mas transitado de los caminos a Chile. El Camino del Inca que unía a Mendoza y Perú. Se conocía a este lugar como Calchaqui, El nombre actual viene por que había en la zona varios molinos para moler cereales. Con el paso del tiempo el pueblo fue creciendo en los alrededores de la antigua y exitosa hacienda.
El pueblo de Molinos me encanta, y cuando viajo por esta zona de los Valles Calchaquíes  siempre trato de quedarme a dormir acá, aunque reconozco que Cachi (distante a 30 kilómetros) muchas veces puede ser la opción mas cómoda.
Le sienta bien el paso del tiempo a este pueblo cuyo atractivo mayor consiste en la atmósfera auténtica que ofrece, y algunas construcciones interesantes del período colonial.
Entre esas construcciones uno encuentra la Iglesia San Pedro de Nolasco, de estilo Barroco con influencias Cuzqueñas, como delatan sus torres con campanario. Es de nave única con dos capillas laterales, y fue terminada en 1720, aunque funcionaba desde 1639 como oratorio.
Empotrados en el interior de una de sus paredes (en el lado derecho) descansan los restos momificados de Nicolás Severo de Isasmendi, quien la había mandado a construir años antes.

Las vigas del techo de la iglesia son de madera de cardón, muchas de las cuales son las originales. En el exterior se aprecia un balcón desde donde se ofician las misas cuando son multitudinarias. La Iglesia de San Pedro de Nolasco es Monumento Histórico Nacional desde 1942.
Las calles de Molinos son de suelo de adoquines irregulares y las casas del pueblo están hechas, como sucede casi siempre en la zona, de adobe y techos de paja y barro con tirantes de algarrobo o chañar.
En las esquinas hay casas sin ochavas y todas las paredes de las cuadras están blanqueadas a la cal, lo que le da una continuidad al trazado urbano.
La construcción mas destacada del pueblo es lo que era el casco de la Hacienda Molinos, que fuera la residencia del último Gobernador Real de la provincia de Salta. Desde aquí se fue desarrollando el pueblo de Molinos. La construcción de adobe y de gruesos muros. Las amplias galerías de los cuartos dan a algunos de los dos patios del conjunto.

Hoy funciona el Hotel Hacienda de Molinos que cuenta con restaurante y un pequeño museo. Se come bien y la atención es esmerada. Sin duda el lugar donde dormir en Molinos.
Otra de las construcciones destacables de Molinos es la casa en donde funcionara durante años el destacamento policial. Allí, en esa casa nació el jurista Indalecio Gómez, Ministro del Interior del presidente Roque Saenz Peña, y responsable de que en el país se impusiera la Ley Saenz Peña, que abogaba por un sufragio secreto, universal y obligatorio.
La casa había pertenecido a la iglesia, y varios años mas tarde, el padre de Indalecio Gómez encontró un "tapado" de oro en sus paredes. Con ello inició actividades mineras y exitosas empresas. Aquí, en esta misma casa, el joven Indalecio vio como asesinaban a su padre en 1862, siendo este una de las pocas víctimas de la Guerra Civil en Salta.
Adentro de la casa funciona el Centro de Interpretación Molinos, que cuenta con 6 completas salas (una de las cuales es para niños) en donde se repasa la historia del valle y el pueblo.
En alguna oportunidad pude adquirir aquí un fantástico y pesado poncho que guardo entre mis recuerdos del norte.
Molinos es una excelente alternativa para hacer base, por ejemplo para todos aquellos que estén haciendo La Ruta del Vino en Salta.


jueves, 12 de febrero de 2015

De Mina Julia hacia Antofagasta de la Sierra (Día 6)

Mi maldito colchón inflable adquirido para esta oportunidad comenzó a perder aire a gran velocidad apenas me apoyé sobre él.  Su caja pomposa ofrecía instrucciones en 18 idiomas diferentes. "No juzgues un libro por la tapa". En eso pensaba mientras se desinflaba todo. El piso estaba duro. Hoy me duele todo el cuerpo. Otra noche en la que me fue difícil conciliar el sueño.
Denis y Omar ya listos. Los Baldi siguen en cama
Tras una tempranera recorrida por las instalaciones del puesto Socompa junto a Omar, en donde caminamos por la estación y vimos los vagones de gas llegados desde Chile, nos dispusimos a levantar campamento e ir a tomar una infusión caliente junto a los gendarmes.

Omar y Sandra deciden seguir camino con nosotros hasta Antofagasta de la Sierra. Preferían arriesgar la integridad de su auto antes de volver solos por el camino de faldeo del día anterior.
Estación Socompa
Desde el puesto de gendarmería de Socompa desandámos unos kilómetros por el camino por el cual habíamos llegado y tomamos una tenue huella ascendente en la que pronto teníamos vistas de los volcanes Socompa (6.051 msnm), Llullaillaco (6.739 msnm) y Cerro Mellado (5280 msnm).

Recorriendo un portezuelo del Volcán Llullaillaco, el segundo volcán activo mas alto del mundo, vimos las "bombas" huecas que este coloso alguna vez arrojara. Eduardo nos explica que la lava expulsada por los volcanes adquiere formas aerodinámicas durante su vuelo, y cuando esta lava se enfría en el aire es que se convierte en bombas volcánicas. El viento cesa y hasta el Llullaillaco parece escuchar sus palabras.
Bombas volcánicas expulsadas por el volcán Llullallaico
El mismo volcán que era sagrado para los Incas es el lugar en donde cerca de la cima encontraron las famosas Momias de Llullaillaco que hoy se exhiben en el Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM) frente a la plaza mas importante de la ciudad de Salta, un museo creado específicamente para albergar los cuerpos de estos tres niños espectacularmente conservados.
Corrida sur de lava del Vn Llullaillaco y la huella por la que subimos

Los Baldi con el formidable volcán Llullaillaco de fondo
Tras continuar camino en dirección oeste llegamos al lugar en donde se encuentra uno de los Hitos que marca el límite entre Argentina y Chile. Uno de los hitos fronterizos determinados por Buchanan en 1899.
Estamos a 4.850 msnm. El día espléndido y un gran recorrido por delante.
Tras las fotos grupales de rigor, nuestras y de las camionetas paradas junto al hito, tomamos una muy linda huella por la que fuimos descendiendo metros y metros mientras íbamos acercándonos a los bordes del Salar de Llullaillaco, con su laguna llena de flamencos. Este salar esta en manos de una compañía minera canadiense (TNR Gold) ya que es rico en Litio.

Esta huella que discurre entre dos abras es la única forma de salir de ahí si se viene de Socompa y se pretende llegar a Mina Julia, ya casi en el límite con la provincia de Catamarca, y también del de Chile.
El camino era ahora una suerte de pampa desde donde aún veíamos uno de los extremos del salar. Cruzamos muchas vicuñas, algunas de las cuales todavía no temían a los humanos.

Tras bordear el salar en dirección sur y descender algunos cientos de metros sobre el nivel de los mares, tomamos una polvorienta huella que obligaba a guardar un centenar de metros entre los vehículos.
A nuestra derecha vemos por primera vez al Cerro Estrella (o Cerro Azufre) desde donde se extraía el mineral durante todos los años en que Mina Julia era la mina de azufre mas importante de la Argentina.
Hacia allá nos dirigimos. Objetivo a la vista.
Los colores que regala el cerro son magnificos, acentuados por ese amarillo del azufre, y todos los blancos, marrones, naranjas y violetas de los cerros circundantes.
El camino nos va llevando en franco ascenso hacia lo que fue Mina Julia. El camino es de cornisa pero muy ancho, lo cual permite manejar prestandole al paisaje la atención  que se merece.
La cumbre norte de la Corrida de Cori yace monumental frente a nosotros. Hubo alguna vez una cumbre sur, pero Argentina se la robó a Chile "desapareciendo" mas de 1.000.000 de toneladas de azufre. Además  logró con ello modificar el límite fronterizo a su favor.

Era mi primera vez en Mina Julia y lamenté no haber venido antes. Mientras tanto grababa en mis retinas estos inusuales paisajes. La Puna otra vez me sorprendía con su belleza salvaje.
Por suerte ninguno de nuestros organismos presento problema alguno en la larga trepada hasta los + 5.200 metros, el punto mas alto en donde se pude llegar rodando (intentamos ir mas allá), y en donde los motores tampoco encuentran el oxigeno necesario para realizar en forma correcta la combustión.
Cuando ya no pudimos avanzar mas con los vehículos, pegamos la vuelta sobre la misma calzada cada vez mas estrecha, en otrora utilizada por los camiones mineros. Nos bajamos entonces a caminar por el lugar para entender la magnitud de esta obra y el esfuerzo que han tenido que hacer los mas de 600  mineros que trabajaban aquí entre los 5.300 y 5.800 msnm, en donde el clima extremo apenas permite respirar, la radiación solar es voraz y las temperaturas en invierno pueden alcanzar los 40° bajo cero.
Cable carril de Mina Julia. Al fondo el Salar de Río Grande
El viento sopla muy fuerte. La emoción por la tremenda vista y la historia del lugar se apodera de nosotros y nos deja mudos. El pecho se encoge al mismo tiempo que nuestros hombros y la garganta se anuda cuando pensamos en el tremendo esfuerzo que supuso la creación y ejecución de este lugar.
 Nadie quiere perderse este momento, y respirando fuerte por la nariz se nos queda grabado el olor a azufre. A ese azufre que hace (y que hizo) de Mina Julia un lugar diferente.

Desde arriba apreciamos la kilométrica linea del mineral caído de la época en que un cable carril enviaba el azufre puro en vagonetas con tachos de 200 litros  que iban desafiando el fuerte viento en los 15 kilómetros que recorría desde Mina Julia hasta Mina La Casualidad en donde se refinaba. Desde ahí era enviado en camiones a la Estación Caipe, o en tren a los arsenales que Fabricaciones Militares tiene en la provincia de Córdoba.
Instalaciones Mina Julia
Se movían en promedio unas 17.000 toneladas de azufre, doblando esa cantidad en los momentos mas prósperos, o cuando el azufre era un asunto estratégico de estado por su uso militar.
Veta abierta de azufre en Mina Julia. En el fondo el Vn Lastraria
Mirando hacia el oeste está el volcán Lastarria que es otro de los puntos que marcan el límite con Chile. A lo lejos se ven las fumarolas que expende su boca. Al fondo a la derecha el Salar de Río Grande.

Tras tratar de llegar a cada rincón de Mina Julia aguantando los embates del viento, tomamos en dirección a Mina La Casualidad, en donde se refinaba el azufre y vivía la mayoría de los mineros junto a sus familias.
El azufre hirviendo del Volcán Lastarría 
Llegar a Mina la Casualidad, aún sabiendo que es lo que uno va a encontrar, duele. De alguna manera me hacía acordar a Epecuén, aunque la historia de su desaparición es muy diferente.  Esta ciudad abandonada era el lugar en donde vivían los mineros que extraían el azufre de Julia, la verdadera mina de azufre sita mas de 1.000 metros mas arriba en donde la vida humana permanente es casi imposible.

Aunque descubierta una década antes, fue fundada en 1951y administrada por Fabricaciones Militares
la mina redujo notablemente su producción en 1978 y dejó de funcionar por un decreto del entonces Ministro de Economía José Alfredo Martinez de Hoz. Del día a la mañana, este pueblo que parecía próspero con sus 3.000 habitantes, su cine, casino y escuelas y todo lo necesario para una subsistencia digna en lo mas alto de la Puna, dejó de existir. Lo mas triste es que la historia de "Julia"es una mas entre 600 empresas que cerraron en esta gran proyecto de desindustrialización iniciado por el gobierno militar.Un proyecto que con el tiempo también se cargo a los ferrocarriles.
Nótese la linea de azufre que desciende desde Mina Julia
Era un pueblo con todas las comodidades que podía ofrecer la época tales como agua corriente, electricidad, cloacas, teléfono, gas, lugares recreativos como un club o un casino, escuelas etc. Con el tiempo todo el pueblo fue saqueado en repetidas oportunidades. Se llevaron techos, ventanas, artefactos y hasta los postes en donde se apoyaba el extenso cable carril que traía el azufre de Julia.

En el camino hacia Antofagasta de la Sierra subimos y bajamos sendas huellas y pasamos por el pequeño paraje de Mina Arita  desde donde lo alto de sus cortas calles ya se podía apreciar la curiosa formación de El Cono de Arita un cuerpo perfecto de 200 metros de altura que asemeja la forma de un volcán, o una pirámide y yace en el Salar de Arizaro. No son pocos lo que piensan que esta pudo haber sido una construcción milenaria hecha por el hombre, y según dicen un centro ceremonial de los Incas, pero lo mas probable es que este cono haya sido el trabajo constante e incesante de un viento que sabe soplar en todas las direcciones. Lo cierto es que además de bonito, este curioso cono es enigmático.
El paisaje vuelve a cambiar abruptamente cuando cruzamos el Salar de Antofalla.
De camino a Antofagasta de la Sierra
En otra linda porción de camino, en la que yo venía como cola de la caravana, veo que las dos camionetas del grupo original paran sobre el camino.
¿Pasara algo?
Nada. Un simple momento para estirar las piernas, y es que desde el "lejano" mediodía en La Casualidad que no tomábamos cerveza. El sol dibujaba sombras en los cerros y las latas estaban heladas. Como hechas para ese momento.
La gente del Tano Baldi de Hostería Incahuasi nos esperaban a las 23 horas con un rico cordero, y veníamos con tiempo de sobra, como para llegar relajados.

Faltando unos 100 kilómetros para llegar a Antofagasta de la Sierra, vuelvo a pinchar mi neumático trasero izquierdo. Esta vez destrucción total.

Verdad que el viento soplaba fuerte, pero no imaginé el "desastre ecológico" que produciría tras abrir el baúl de la camioneta que necesitaba tener abierto para acceder a mi segunda y última rueda de auxilio. Todo lo que era liviano (pañuelos, chaleco refractario, etiquetas, sobres de sopa, bolsas plásticas) salió volando a la intemperie. Me desesperé en recuperar toda mi basura, sintiendo mi primera falta aguda de aire. Estaba a 4.600 msnm

Tras comenzar con las tareas de recambio de neumático dí aviso por radio a mis compañeros. Algunos kilómetros por delante estaban Denis de piloto y Andy en la Toyota Land Cruiser. Algunos kilómetros por detrás Elsa y Eduardo con la Toyota Hilux. Mucho mas adelante el Tano, Gastón, Sandra y Omar, quienes se perdieron de la cerveza.

Cuando llegaron a  mi camioneta no había hecho mas que desenganchar el auxilio de los bajos de mi camioneta y colocar el cricket.
Eduardo  maniobra el cricket. Con cada centimetro de altura ganado el cricket oscila y la camioneta también. Dos piedras en las ruedas delanteras ayudan a frenar el bólido.

El viento sopla muy fuerte. Hay una tormenta que acecha y nadie quiere vivir, y un cordero que espera, ademas de sábanas limpias y una merecida ducha caliente.

De golpe veo en el "Pit Stop" que era el único que no estaba trabajando en el recambio del neumático de mi camioneta, por lo que tomé la goma destrozada para llevarla a la caja de la pick up de Elsa. La llevé rodando, pero con cuidado pues era barranca abajo, y cuando llegué a la camioneta blanca, tuve que hacer mucha fuerza para colocar la cubierta a la altura de mi cintura. Perdía fuerzas y se me caía, entonces fue cuando recordé el consejo que me había dado Gastón Baldi ese mismo día: "Yo cuando necesito subir una cubierta al techo, me ayudo pegándole un rodillazo de abajo"- me dijo.
Eso fue lo que hice, y casi me voy de culo al piso. Mas no quería soltar la puta goma, y con un esfuerzo bestial y descomunal, de esos que casi desgarran músculos y ponen las venas gordas, logré superar la tapa y subir la rueda en la camioneta de Elsa.

Casi la quedo. Literalmente. Durante dos o tres eternos minutos, pensé que moría. Mi corazón requería bombear sangre como nunca en su vida. No alcanzaba el lugar que mi pecho le da. Lo sentía latir hasta en mis oídos, y sin quererlo estaba preparándome mentalmente para tener un infarto.

-"Ya está. Este es mi último camino en la vida. Te iba a pasar viajando" - pensaba.

Mis deudos iban a consolarse diciendo "Murió haciendo lo que mas le gustaba".
No mis queridos. No me quiero morir cargando una fucking rueda de auxilio.

El viento (ya lo dije) soplaba muy fuerte. Como buscando aire apunté mi boca abierta y desesperada al soplido inútil y carente de oxígeno que nada podía hacer por mí. Mi campera abierta, como queriendo respirar por el pecho mismo y ese corazón a punto de explotar.

Andy se preocupa y cierra mi campera. La necesitaba abierta. Nada puede hacer mi amigo por mi. Estoy por morir.
Controlo mi respiración. Trato desesperadamente de no desesperarme. Estoy asustado. No se me pasan las mil imagenes por la mente ni veo la luz al final del túnel, pero le pido a Dios por mi. Quiero vivir.

Una vez repuesto de mi susto, proseguimos el camino. Yo con la inseguridad de no contar con una goma de auxilio para esos últimos 100 kilómetros hasta Antofagasta de la Sierra.

El cordero estuvo fantástico y nos la pasamos genial hasta "altas" horas de la noche. Un gran combustible para el alma. ¡La puta que vale la pena estar vivo!

(Viene de acá)