Mostrando entradas con la etiqueta 4x4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 4x4. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de noviembre de 2016

Buscando El Pilciao (o roturas en la Vieja Estación de Huaco - día 3)

Teníamos tanta tierra encima aquella vez, que todos nos pegamos dos duchas antes de salir a comer. La noche resultó de lo mas amena pese a que el grupo estaba separado en tres. Estábamos los que comíamos sobre la plaza principal de Andalgalá, tratando de evitar la invitación a un locro que ya llevaba dos días de fermentación, la antagónica "banda del locro" y los imparciales que se quedaron en el hotel reponiendo energías tras una jornada emotiva y bastante larga por El Tucumanao.

La noche resultó bastante larga y quienes no habíamos pinchado gomas en la jornada anterior pudimos dormir un poco mas y gozar de un largo desayuno mientras esperábamos que las dos TLC regresasen de la gomería. Una vez juntos salimos del hotel para seguir recorriendo la zona. En esta oportunidad iríamos en busca de El Pilciao, una vieja explotación minera hoy desaparecida en la espesura del monte, y para la tarde continuar nuestro camino hacia las yungas, pasando por la Cuesta La Chilca (Catamarca) y mas tarde por la Cuesta del Clavillo, que discurre serpenteante entre las provincias de Catamarca y de Tucumán.
Primero hicimos un poco de turismo convencional en la Vieja Estación de Huaco, que perteneciera al Ferrocarril Central Norte Argentino y que hoy es propiedad del Ferrocarril General Belgrano. Aquí terminaba el Ramal A4 de 130 kilómetros de largo, que unía las ciudades (y cabeceras) de Mazán (Departamento Arauco, en La Rioja) y la ciudad de Andalgalá, en Catamarca.
Este tren fue el primero de trocha métrica construido por el estado con el fin de ahorrar costos en su afán de ir uniéndolo con los ramales ya existentes (construidos por los ingleses). Funcionó desde 1910 hasta 1976 como un tren convencional de pasajeros. Luego funcionó unos pocos años mas, esta vez como tren de carga y ya nunca mas volvió a pasar, pese a que desde entonces hubo innumerables proyectos para reactivar su servicio.
La Estación de Huaco es muy bonita y de buena manufactura con materiales importados de Francia. A diferencia de tantas otras del país (en especial las primeras) ya no se trataba de montar estructuras de madera o chapa pre fabricadas e importadas desde Inglaterra, si no de efectuar una manifestación propia de una nación que se mostraba ambiciosa.

La estación que se encuentra en Huaco, un poblado distante a unos 4 kilómetros del centro de Andalgalá, pero que parece conformar el mismo núcleo urbano. Recientemente fue remodelada tras el abandono y hasta un principio de incendio. Para ello contaron con la "ayuda desinteresada" de la Minera Agua Rica, unos viejos conocidos de los habitantes de Andalgalá que tantas veces los denunciaron por vía judicial por la contaminación comprobada de varios de los ríos de la zona.
Adentro de la estación, y como para sacarle provecho, funciona la Biblioteca "La Huaca", en donde se realizan talleres comunitarios de teatro, tango entre otras actividades.
Todo muy lindo pero había que seguir con el itinerario, y fue allí cuando fue descubierta una rotura en el flexible de freno delantero de la Land Rover Defender (falla certificada #178).
Nadie quería tener a la Defender de Pablo atrás y sin frenos en los caminos de montaña, no vaya a ser que nos tire a todos por los caminos de cornisa. Por supuesto que tampoco queríamos que sea el fin de la travesía para los muchachos de Tucumán. A sabiendas de que no íbamos a conseguir el repuesto salimos a ver si conseguíamos algo parecido para hacer una adaptación y salir del paso. Con ayuda de un morrudo vecino que se presentó voluntarioso arriba de una motocicleta de baja cilindrada conseguimos a quien acudir, y tras casi tres horas de trabajo bajo los rayos de un sol cada vez mas fuerte, en donde los muchachos se lucieron nuevamente con su ingenio, pudimos ponernos en marcha nuevamente. Un breve retraso pero que todavía no hacía peligrar los planes del día, como sí sucedería con otros acontecimientos que se iban a presentar mas tarde.
Como le debía varias horas de sueño a mi cuerpo, debo admitir que prefería estar acá, bajo la sombra de un frondoso y espléndido Aguaribay (Schinus Areira), que enterrando la camioneta en el fesh-fesh y tratando de no perder la visión y otras partes adentro del espinoso monte.

Estábamos prontos así que desde la Vieja Estación de Huaco salimos en busca de El Pilciao, una antigua explotación minera y maderera en medio de un gigante algarrobal a "sólo" 25 kilómetros del centro de Andalgalá, en donde aún quedan visibles entre el monte, algunos de los hornos utilizados para el emprendimiento, y muchos restos de carbón que dan testimonio de la presencia humana.
Había 37 grados acusando en los termómetros de las camionetas antes de emprender una sana caminata de dos horas, y de que el sol siga subiendo. Arriba de esos montículos de piedras oscuras y calcinadas de El Pilciao (que significa "algarrobo" en idioma Kakán) la temperatura seguramente era superior. Si nos quedábamos quietos, parecía que se derretían nuestras zapatillas, y eso que apenas estábamos en una primavera bastante fresca para los promedios habituales.
De este emprendimiento era dueño el multifacético Samuel Alejandro Lafone Quevedo, quien había vuelto desde Inglaterra para ocuparse de la Mina Capillitas (rodocrosita) propiedad de su familia. Inicialmente se había interesado en este gigante algarrobal para nutrirse del combustible necesario para la explotación minera de Capillitas, pero luego le fue encontrando nuevas utilidades a este lugar, el cual uso como escenario para darle forma a un sueño.
Ha de haber sido muy dura la vida del trabajador de aquel entonces en un sitio tan inhóspito, y mas a finales del siglo XIX, cuando se pagaban miserias por las jornadas. Sin embargo en El Pilciao sucedían algunas cosas que en otros sitios no. Lafone Quevedo había construido una suerte de pequeño reino donde él era la máxima autoridad. Aquí vivía en un área de 800 metros cuadrados en medio del gigante algarrobal, en donde además de su casa había otras varias en hileras capaces de albergar a 500 obreros y sus respectivas familias. En El Pilciao había una farmacia, pequeños comercios, varios hornos, una escuela y una iglesia.

Aunque su padre lo hizo protestante, cuando volvió a la Argentina, Samuel Alejandro Lafone Quevedo se hizo Católico Apostólico Romano, y una de las primeras construcciones de El Pilciao fue justamente una iglesia, en donde impartía clases de religión a los habitantes del algarrobal.
De todas estas construcciones no hay (o al menos no las encontramos ni sabemos de su existencia) restos visibles. Se los comió el monte o no se exactamente que es lo que ha pasado con ellas.
En El Pilciao se impartían clases de música, poniendo énfasis especialmente en el violín (instrumento aún y solamente popular en la provincia de Santiago del Estero). Incluso el emprendimiento llegó a contar con su propia orquesta, idea probablemente tomada de las reducciones Jesuíticas que hasta un siglo atrás abundaban en América.
El sueño de la explotación, del desarrollo, de los nuevos desafíos (por que no olvidemos que estos tipos eran pioneros) o incluso de la posibilidad del reino propio de El Pilciao dejó de existir una madrugada de 1894, cuando sumido en una crisis económica que había comenzado "tan solo" cuatro años antes, Samuel Alejandro Lafone Quevedo dijo basta y se vio obligado a desprenderse de varias de sus posesiones en Catamarca,  no teniendo otra alternativa que la de aceptar un puesto y mudarse a La Plata (capital de la ciudad de Buenos Aires), en donde se desempeñó eficientemente como decano de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata, mientras escribía varias de sus obras (imprescindibles para tantos), haciéndose paralelamente cargo también del Museo de La Plata.
El drone de Eduardo volaba en círculos sobre el monte buscando restos de El Pilciao, o cualquier otra cosa que resultase de interés. Algunos recolectaban piedras, otros estaban a punto de perderse y tratando de no pincharse con las espinas.

Como aún había que continuar camino hacia Tucumán, con parte del grupo nos adelantamos hacia la Vieja Estación de Huaco a la espera del resto, a modo de evitar un poco la gran cantidad de polvo que levantaba nuestro paso. Allí, frente a la estación esperamos y cuando nos juntamos nuevamente y estábamos prontos a salir, siento que no podía doblar las ruedas de mi camioneta. Tocaban en todos lados, incluso sobre lo plano del asfalto, al cual había llegado sorpresivamente. Tras mirar un poco los bajos embarrados de la camioneta logro ver una rotura en el vástago del amortiguador, o sea la "cosa esa" que lo une con el resto del conjunto de suspensión. No podía ni avanzar ni dos metros. La camioneta estaba caída de trompa. Una segunda rotura ese mismo día y otra vez al frente de la vieja estación.
¡Cosa é mandinga!
Los muchachos "me hacen la segunda" yendo a todos los talleres mecánicos existentes en Andalgalá a ver quien podía hacerme salir del paso mientras nuevamente esperaba en la plaza, esta vez no tan a gusto y con el amargo sabor de boca de un viaje que puede terminar así de rápido, como un chasquido de dedos.

Conseguir un amortiguador australiano nuevo en estas latitudes era imposible, si es que apenas se consiguen (y con trabajo y por encargo) en Buenos Aires, por lo que no quedaba mas alternativa que la de reparar el vástago del existente, o volver a casa 1.400 kilómetros arriba de una camilla.
Gracias a la eficiente gestión de Gaby que se recorrió todo el pueblo conseguimos un taller para la mano de obra, en donde rápidamente desarmamos las partes, y otro taller en donde se hizo la soldadura con teflon del amortiguador.

Ahora sí que el día estaba perdido. Habiendo terminado el trabajo cerca de las 20 horas, lo que mas sentido tenía era dormir nuevamente en Andalgalá.
Hicimos unas compras y en unas muy lindas cabañas tiramos unas buenas carnes a la parrilla. También estuvo presente la "amenaza" del locro de Gaby, que ya tenía "vida propia" y saltaba burbujeando pues llevaba tres días fermentando al sol.

Entre cervezas, helados y risas se nos pasó la noche. Al día siguiente íbamos a tener que "meterle pata".
Yo cruzaba los dedos por que la reparación del amortiguador me aguante hasta el final de la travesía, y un poco más. La verdad es que anda regio, por lo que de momento seguirá rodando.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Una emotiva travesia a "El Tucumanao"

El lugar en donde estábamos no era casual, y es que habíamos organizado este viaje con el propósito de juntarnos a recordar a nuestro amigo Aldo Lombardi, quien había abandonado el plano físico exactamente un año atrás. Elegimos esta zona por ser un área que él recorriera durante mas de 30 años, en busca de rastros de "los antiguos", como solía llamar a los habitantes de las diferentes culturas nativas que se desarrollaron en estos y otros valles de nuestro país.
En el segundo día de esta travesía despertamos en las inmediaciones de los restos de lo que unos pocos conocen como "Iglesia pintada", y que a la vez hacen de portada en aventuratucma.com.ar , sitio que le perteneciera a Aldo, y en donde ha plasmado un montón de interesantes artículos relacionados con este área y tantas otras del NOA argentino.

Pasamos una noche fantástica bajo un manto de estrellas con buenas charlas, un asado insuperable importado desde la ciudad de Sunchales, temperatura de lo mas agradable, un viento que había dejado de hinchar los huevos y hasta una curiosa luz que surcó el cielo, como para sorprendernos y agregarle condimentos a una zona que está cargada de misterios.
Tras unas infusiones calientes acompañadas por budín, nos fuimos acercando a unos puntos anteriormente relevados por viajerosmapas . Se trata de algunos sitios en donde hay restos de hornos visibles, en donde las antiguas culturas de la zona realizaban sus vasijas de cerámica, ya sea para uso cotidiano o para urnas funerarias. También hay marcados algunos posibles cementerios, sitios que desde las fotos satelitales se veían "raros" y algunos médanos grandes que reinan por sobre los otros de la zona, y que como siempre andamos con ganas de trepar a lo mas alto, no podíamos dejar de visitar. Hay mas sobre esto en Buscando la ciudad perdida del pantano .
Primero fuimos avanzando por donde se podía buscando el lecho del río Belén. Mas tarde lo hicimos por el lecho de un río mismo (absolutamente seco y casi como un autopista) buscando nuestro camino hacia las "atracciones" del día, parando cada tanto a agregarle unas libras a la goma de Denis que seguía perdiendo aire a través de un traicionero corte lateral, reparado anteriormente con un tarugo. Luego se sumaría la otra Toyota Land Cruiser. Las otras camionetas veníamos safando.
La idea de este día era adentrar en esta inhóspita y remota zona del Tucumanao, que alguna vez conformó mas de la mitad del territorio nacional y en la actualidad cuenta con muy poca presencia del hombre. Justamente hacia allí, hacia las zonas pobladas de los Bañados del Pantano es hacia donde nos interesaba dirigirnos esta vez.
Claro que "se hace camino al andar", y por las arenas nos fuimos acercando hasta donde en teoría nace (o muere, o surge, no me acuerdo) el lecho o cauce del río Colorado, uno de los tres grandes ríos de la zona por las que alguna vez corriera agua.
Había algún video por ahí en donde los eruditos del grupo daban explicación de este particular. Quizás mas tarde y con mejor señal lo suba.
Mientras tanto aprovechamos que estábamos todos abajo de las camionetas para sacar una foto grupal.
Desde ahí seguimos camino buscando un lugar con un poco de sombra en donde parar a almorzar. Encontramos un buen punto sobre el lecho de un río. Dos o tres se ocuparon de la comida mientras el resto del grupo aguardaba bajo un gran algarrobo que nos brindaba sombra. De la parrilla salieron unos (para mi) inéditos chorizos de pollo hechos por Maxi, uno de los Tucumanos que nos acompañaron en esta travesía. La verdad que entre dos panes eran una delicia.
Me hubiera quedado toda la tarde bajo ese algarrobo, pero nunca hay tiempo para esos lujos y los muchachos querían seguir.

Sin que casi me diera cuenta estábamos adentrando en una zona de monte mas verde, aunque igualmente seca como el entorno de estos dos primeros días. Esta es la única parte "poblada" de esta amplia zona (hay menos de 300 habitantes). A lo poco de andar alternando entre la sombra y el sol, marchando sobre el fesh-fesh llegamos al primero de los baldes (un balde es un sitio en donde existe un pozo desde el cual sacar agua para la subsistencia humana y animal).
Este balde en particular leva el nombre de Puesto Taco Suma, y allí hicimos una nueva parada.
No es que bajábamos a tomar fresco, pues la temperatura superaba los 30 grados con comodidad, pero teníamos interés en hablar con el dueño del puesto como para aprender mas acerca de la idiosincrasia de este desconocido lugar, y de la lucha y el constante esfuerzo que les significa a sus habitantes vivir en un sitio como este, que tan pronto como puedan será abandonado por los mas jóvenes, que migrarán a los centros urbanos mas desarrollados de Catamarca y La Rioja.
Al salir del puesto nos encontramos con un panorama completamente diferente con la aparición de los primeros montes con árboles vivos. Circular entre ellos era puro placer, aunque entre la alta velocidad a la que circulábamos para no perder de vista al que iba adelante y la nula visibilidad producto del polvo hacían de los árboles una seria amenaza, jaja. Esta fue la parte del recorrido que mas disfruté en este día. Estos árboles le daban un aspecto completamente diferente a lo que hasta ahora conocía de la zona, y ademas eran mas gentiles con nuestra chapa, amén de alguna que otra rama arrancada por los techos de nuestros vehículos.
Tras andar algunas decenas de kilómetros llegamos al puesto mas grande del Tucumanao. Siempre me gustó mirar mapas. En especial esas zonas en las que casi no hay presencia del hombre. Mirando los de este área siempre me había llamado la atención los "Baldes" (unos pocos) señalizados por el ex Instituto Geográfico Militar, y especialmente este punto marcado como el Tucumanao, que era exactamente en donde estábamos ahora.

Según historiadores Jesuitas la provincia de Tucumán fue nombrada así como una deformación de "Tucumanao" como se conocía a este gran área que en aquel entonces conformaba mas de la mitad del territorio nacional argentino. Allí gobernaba el poderoso cacique Tucma. 
Este puesto o balde era mas grande que los anteriores, de hecho es el de mayor tamaño en la zona, por eso lleva la denominación de estancia. Puede que lo de  "estancia" le quede un poco grande, especialmente en Argentina, el "País de las Estancias", sin embargo "San Nicolás" (tal es su nombre) tiene su "casco" compuesto de varias casas, hay presencia humana y animal permanente, y todo lo que se necesita para llevar esa denominación.
Allí fuimos recibidos por los dueños del lugar, que seguramente quedaron asombrados al ver llegar una caravana de camionetas, si es que no habían percibido antes las grandes columnas de tierra que levantábamos a nuestro paso.
Compartimos un buen rato en la casa de "San Nicolás" charlando con los niños y sus padres que nos enseñaban acerca de sus costumbres y modo de vida.
Mas tarde salimos todos juntos a recorrer las instalaciones del lugar, y es ahí y aunque no se note a simple vista en donde se ve la cantidad de "horas hombre" que lleva tener una explotación (en este caso de cabras) en un lugar tan aislado del resto, y con un clima tan hostil.
El ingenio, la tierra seca y la madera dura de los montes cercanos son las únicas herramientas a mano.

Teníamos especial interés en conocer el "balde" del lugar. En un lugar en donde el agua es el recurso mas preciado, no teníamos duda que "San Nicolás" tenía el suyo. Además estaba marcado en los mapas
Aprovechamos para beber un poco de agua fresca, mojarnos la cabeza y aprender todo acerca del funcionamiento del mismo, que cuenta con apoyo de paneles solares. Sol siempre hay por estos lares así que la cosa funciona bien.
Uno nunca anda sobrado de tiempo en estos lugares, pero de seguro volveremos alguna vez a saludar a sus gentiles habitantes. Nosotros teníamos que continuar camino, pues habíamos llegado hasta aquí con un propósito.
Cada vez mas cerca de nuestra salida a la cercana ciudad de Andalgalá (ya en Catamarca) pasamos por el último asentamiento del Tucumanao, el último atisbo de vida humana que registramos en esta área, y que sentíamos como el corazón mismo del Bolsón del Pipanaco y el Tucumanao.
Allí divisamos la escuela  en donde cada año se realiza la "Fiesta Nacional de la Batea" (un tipo de bandeja muy atractiva hecha de la corteza de un árbol). El festival es organizado por la Municipalidad de Saujil (Departamento de Pomán, Catamarca). Como no hay ni un camino consolidado solo se puede llegar en 4x4, motos y también en auto, por que la verdad es que van de a 15 que sin esfuerzo lo van a poder desenterrar.
Allí, alrededor del patio y del humilde escenario de la escuela se montan las carpas de los visitantes y los espacios para las peñas musicales y las destrezas gauchas. Debe ser todo un espectáculo presenciar esta fiesta nacional.
Allí hicimos un alto para recordar y brindar por el bienestar de nuestro amigo Aldo Lombardi.  El brindis estuvo a cargo de Gabriel, su hermano. Fue un momento emotivo, y mientras saboreábamos la Grappa y la amargura de su partida, un fuerte viento (ausente durante toda la jornada) se levantó sólo en ese lugar en forma de torbellino. Estamos seguros que era el Aldo saludando desde el mas allá, haciéndonos saber que todo está bien.

domingo, 30 de octubre de 2016

Bañados del Pantano

Salimos desde la ciudad de Aimogasta (La Rioja) a las 9 AM, y a los 10 minutos ya estábamos circulando sobre una pequeña huella por la cual nos internaríamos en esta enorme depresión que comparten (y separa a) las provincias de La Rioja y Catamarca.

Dos de las camionetas vienen con retraso. Los Tucumanos que tuvieron que madrugar y Gaby que está en el pueblo comprando los ingredientes para un locro que se iba a convertir en la pesadilla de los próximos días. Como un cuerpo del Ejército Prusiano dimos inicio a la travesía con puntualidad entrando por un lugar diferente al de mi primera visita, haciéndolo esta vez por las afueras de la localidad de Machigasta. La zona aquí es de un aspecto deplorable y post apocalíptico, con sequedad extrema, árboles muertos caídos y otros aún en pie, con mas de un metro de sus raíces expuestas a las inclemencias del tiempo. En los primeros kilómetros se suma la basura de los habitantes y otra quizás arrastradas por las crecidas de los ríos durante los meses de verano, cuando llueve.
Media hora mas tarde, y siempre comunicados por radio, nos juntamos con el resto del grupo, y tras los saludos avanzamos en fila hacia los Bañados del Pantano.

11.15 AM se pierde definitivamente la huella por la que venimos circulando, y es que el monte la ha desaparecido. Encerrados entre tanta maleza pudimos acercarnos hasta el lecho de un río, pero a lo poco de transitarlo este dejo de ser evidente. Estamos en uno de los límites entre Catamarca y La Rioja tratando de avanzar en sentido norte para llegar, sólo por capricho, a ver un poco del Salar de Pipanaco.
Eso le suma algunas marcas a nuestras camionetas mientras vamos literalmente tumbando árboles muertos y pasándoles por encima. Nos cuesta las primeras encajadas y también pinchaduras. A la postre no tenía sentido seguir avanzando así que volvimos sobre nuestros pasos ya en búsqueda de un lugar con un poco de sombra en donde seguir dándole rienda suelta al lado culinario de nuestros viajes. Así fue cómo a lo poco estábamos bajo la sombra de un algarrobo, con salame, queso con especias, pan fresco y ensaladas típicas de esas que vienen en lata. Un lujo.
Cerca de las 16 horas estábamos llegando al Fuerte del Pantano, sin lugar a dudas el "plato fuerte" de la zona.
En este Monumento Histórico Nacional (desprotegido y descuidado) hicimos un alto para que quienes no habían estado aquí antes puedan conocerlo. Don Eduardo Cinicola aprovecho la oportunidad de sacar a pasear a su nuevo drone (y ocasional copiloto), logrando unas buenas tomas de las alturas de esta zona, con nuestras diminutas camionetas allá abajo y a lo lejos.
Cuando tuve la oportunidad de conocer esta inhóspita zona de la mano de expertos, y con la compañía de nuestro amigo y arqueólogo Aldo Lombardi, no dude en formar parte de la partida. Aldo ya no está fisicamente con nosotros, pero fue él quien nos trajo de vuelta a este lugar, uno de sus preferidos, y al que le dedicó mas de 30 años de su vida. Hoy estábamos metiéndonos en esta zona para brindar todos juntos en su memoria. Para ello esperaríamos un día mas, en el primer año de su muerte.
El Fuerte del Pantano es una antigua construcción de 1632 mandada a construir por el Coronel Jerónimo Luis de Cabrera, nieto del fundador de Córdoba. Su propósito era albergar a unos 40 soldados españoles para defender la zona de las parcialidades indígenas locales. Puedes leer mas de cuando visitamos este sitio el año pasado Buscando la ciudad perdida del Pantano .
Desde el Fuerte del Pantano y con el sol pegando bastante duro nos fuimos hasta un conjunto de médanos (todos marcados y relevados en viajerosmapas.com) en donde no faltaron algunas encajadas, casi cómo a propósito, como para ponerle calor y color al día.
¿Fue todo culpa de la Land Rover Defender? Es probable (y esto lo digo con humor, por supuesto). Fue la primera en encajarse. Al verla en esa posición salí a su rescate sin pegarle una mirada previa al terreno, y a los 5 metros de salir me encajo también. Es entonces Gaby quien sale al rescate de la Defender en su Toyota Hilux SR5. Con trabajo de pala y con el apoyo de las planchas de desatasco la hacen salir. Cuando viene por mi, pega una errada marcha atrás de la que no se puede recuperar, quedando con los ejes cruzados y encajado.
Con dos eslingas atadas intentamos sacar mi camioneta hacia atrás, y al segundo intento era Nacho quien en su Toyota SW4 había enterrado sus ruedas casi hasta los ejes. Tres camionetas encajadas al mismo tiempo.
Desde ahí y con el sol escondiéndose en las primeras nubes del día nos fuimos al médano mas grande del área para treparlo por su cresta y obtener las mejores vistas posibles del lugar (a excepción de las logradas por el drone). Ahí fue Denis el que encajó su camioneta . Con un pequeño empujón la sacábamos hacia atrás, y se ve que los muchachos tienen fuerza, pues luego del esfuerzo grupal habían logrado correr el bumper delantero (paragolpes) desencajado la puerta de la Toyota Land Cruiser, e imposibilitando el ingreso de su piloto estrella.
Como si todo hubiera estado calculado, llegamos en la mejor hora al último destino del día. En el mismo lugar del año pasado, a unos 150 metros de los restos que se conocen como "Iglesia Pintada" y protegidos por pequeñas dunas, armamos nuestro campamento. En ese momento y por un rato soplaba viento y hacía incómoda la tarea del armado de las carpas y otros menesteres.
Con una lona de protección armamos un lindo fuego con maderas resecas que abundan en la zona. Para cuando tiramos la carne al asador, el viento había desaparecido. Estábamos en completa armonía con el lugar bajo un generoso manto de estrellas. Para hacer de esa noche una inolvidable, Denis trajo un costillar, un matambrito, un montón de mollejas excelentemente preparadas, todo eso acompañado por tres ensaladas (de tomate, repollo y mixta) y tantas botellas de vino que temíamos por los días futuros de esta travesía.
Fue una sobremesa bien larga, cargada de risas y anécdotas. En eso vimos una luz rara en el cielo.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Al Médano Blanco una semana antes

Una vez, hace como 10 años, llegué a un mostrador de Lufthansa para hacer el check in y despachar mi valija. Acababa de devolver el auto alquilado y estaba pronto para regresar a Buenos Aires. Tan pronto estaba que llegué 24 horas antes de la partida de mi avión.

El viernes este pasado me sucedió algo similar. Resulta que veníamos gestando una salida corta con mis amigos y compañeros de travesías. Dos días y medio en la arena, haciendo un recorrido con grandes intervalos culinarios, desde Miramar hasta el Médano Blanco, a unos 35 kilómetros al sur de Necochea.

La noche anterior estaba con esa sensación de estar olvidando algo. Repasaba mentalmente la lista de cosas para el viaje. Tenía ropa en un pequeño bolso, plata para combustible, comida y alojamiento. Ya tenía cargada una caja con queso, vino y Chocolates. Tenía apiladas tres sillas de playa y había dejado en el baúl un preciso equipamiento de rescate constituido por una pala, un compresor de aire, un kit de reparación de neumáticos y las planchas de desatasco. Todo parecía estar en su lugar.

Al día siguiente, exactamente a las 8.30 AM, mando un mensaje de WhatsApp a mis amigos del grupo anunciando que ya estaba en camino, jaja. En eso recibo un mensaje de Andy, ese emoticon de la cara con los ojos grandes, como de sorpresa.
Resulta que había salido una semana antes que el resto del grupo...

Si hubiera estado en solitario hubiera pegado la vuelta para aprovechar la cama aún calentita, pero como estaba acompañado por una mujer y un niño (quienes habían madrugado para estar listos y puntuales) decidí continuar con algo parecido a los planes originales.

Previamente compartimos unas tiritas de asado en el jardín de la casa de Cecilia y Andy en Mar del Plata, y con 3 horas de sol aún disponibles salimos rumbo a Necochea para poder hacer el recorrido del Médano Blanco al día siguiente.
Mi genio no pudo esperar, así que a la altura de Centinela del Mar tomamos por 17 kilómetros el camino rural en donde está el viejo silo de cemento, y luego de tomar hacia el lado contrario a Necochea encontramos la forma de bajar a la playa para avanzar por arena.
En esa parte del recorrido la arena estaba muy floja, el viento firme y el paisaje muy ameno. Nunca había circulado por esta sección de la Costa Atlántica Argentina.

Tras andar unos pocos kilómetros rumbo sur, cruzamos el primero de los tres arroyos que tiene esta parte del recorrido. Ese arroyo requiere mayor atención y cuidado, los otros dos me resultaron menos peligrosos al existir piedras sobre su lecho sobre las cuales pisar con mayor seguridad. En el camino divisamos sobre la playa el cuerpo de una pequeña ballena muerta.

Salimos ya de noche cerca de la localidad de Arenas Verdes, y desde allí apuntamos por asfalto hasta la ciudad de Necochea con energía suficiente como para pegarnos una ducha y salir a comer mariscos.
El día sábado amaneció gris y frío. Tras el desayuno subimos a la camioneta, y en una de las playas del centro mismo de Necochea, distante a menos de 400 metros de nuestro hotel, bajamos a la arena para continuar nuestro recorrido con rumbo sur hasta el notable Médano Blanco, el cual había visitado hasta el momento solo en una oportunidad.
Desde Necochea hacia el sur la playa se torna ancha y la arena es mas compacta, por lo cual se avanza con facilidad, y si se sabe interpretar el terreno, las posibilidades de encaje son muy bajas, al menos en esa primer parte del recorrido (a excepción del cruce del arroyo cercano al Balneario Los Angeles, que pueden tener suelo traicionado o presentar gran caudal después de las lluvias).
En el camino se va pasando por cientos de grutas cavadas por la acción del viento y el agua de mar. Hasta hace no muchos años, cuando en la zona habían grandes maizales, los loros barranqueros eran considerado plaga. Todavía hoy se ven grandes bandadas que permiten ver los colores de su plumaje.

Por momento los acantilados llegan hasta el mar mismo, por lo que hay que buscar variantes hacia arriba. Está lleno de huellas y es imposible perderse. Hay huellas de todo tipo. Algunas mas playas y otras mas trialeras.
Toda la costa de Necochea, especialmente hacia el sur, resulta un paraíso para aquellos pescadores en busca de buenos ejemplares de corvinas, lisas, anchoas, pejerreyes de mar, gatuzos, lenguados, brótolas y tantos otros que terminarán en alguna parrilla o en los mercados internacionales.
Como zona de estirpe para navegantes y pesqueros, hay cientos de barcos encallados que le imprimen un toque de tragedia y romanticismo a la zona. Muchos de esos restos aún permanecen visibles. Otros aparecen con las mareas bajas o ya han sido corroídos por la sal y la acción del mar.
Antes de llegar al Médano Blanco hicimos algunas paradas para ir practicando con las tablas de sandboard las primeras "temerarias bajadas".
Animados (por el frío que se nos colaba por todos lados) continuamos avanzando hacia la zona de los grandes médanos, donde los paisajes que ofrece la arena dan satisfacción.
Desde ahí y hacia arriba se abre todo un mundo de posibilidades. Con la aparición de los grandes campos de dunas este resulta un enorme patio para jugar y jugar, y es mas desafiante que el circuito típico, si es que existe tal.
Está lleno de recovecos donde uno puede imaginarse tirado en una reposare, protegido de los vientos y gozando de buena lectura mientras se cuece algún bicho a las brasas, sólo o bien acompañado.
Pude safar el fin de semana. Lo pasamos bárbaro hasta que llegó un enorme grupo de personas a bordo de ruidosos y explosivos ATV y UTV para tomar control del Médano Blanco. Hasta ese momento no nos habíamos cruzado con nadie en ninguno de los dos días.
En todo caso ya era mediodía e íbamos a compartir el resto de la tarde en Arenas Verdes, por lo que fue una gran idea salir temprano desde el hotel.

Curiosamente cuando salgo de la olla del médano, me acerco al grupo para saludar, pero no me dieron ni cabida. Saqué la mano por la ventana para hacer mas evidente mi despedida, pero fui completamente ignorado. Ni se mosquearon en torcer sus cascos para mirarme.
Por suerte hay kilómetros de dunas y médanos para disfrutar en soledad y buenos amigos esperando.