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martes, 4 de agosto de 2015

Un paseo por la Reserva Provincial Parque Luro

La Reserva Provincial Parque Luro se encuentra a unos 32 kilómetros de Santa Rosa, la capital provincial de la provincia de La Pampa. Estas tierras que en antaño pertenecieran a don Pedro Olegario Luro, un importante estanciero de la época, serían el 1er coto de caza de Argentina.
Luro era un Bon Vivant, y como quería de alguna manera reproducir sus días de juventud en Europa, importó, primero en barco, y después en un tren de ramal exclusivo hasta la estancia, varias parejas de ciervos colorados (Cervus elaphus) que venían de los Montes Cárpatos en Europa. También mandó a traer jabalíes (Sus scrofa scrofa) y faisanes de China.

Pedro Luro administraba estas tierras de su suegro Ataliva Roca, hermano del 2 veces presidente de la nación Julio Argentino Roca, quien fuera el ideólogo de la Campaña del Desierto. Ataliva, militar como su hermano había recibido 180.000 hectáreas de compensación en la zona del Caldenal de la provincia de La Pampa, por sus servicios en dicha campaña contra el indio. Pedro Luro, marido de su hija era dueño de una porción. Así nacía el "Establecimiento San Huberto" el primer coto de caza de la Argentina, y que no en vano llevaba por nombre al patrono de los cazadores.
Bosques de Caldenes en la Reserva Provincial pedro Luro
Una señora atenta en la entrada me explica las reglas y me da un mapa y folletería del lugar. La entrada es gratuita. La reserva tiene 7.600 hectáreas, pero poco mas de 1.600 están abiertas al público.

Tras doblar a la derecha por un camino pavimentado que bordea un sector del parque en donde aún se aprecian bosques de Caldenes, árbol que sufrió la tala indiscriminada, pues se usaba para el carbón de las locomotoras inglesas. Sólo aquí, en la provincia de La Pampa persiste un sector que se conoce como Bosque de Espinal en donde las Acacias y otros arbustos pinchudos también proliferan.
A poca distancia de la entrada me topé con un sendero que va hasta la laguna que se ve desde la ruta. Me llevó media hora llegar hasta las mansas aguas y volví acompañado por el sonido de algunas de las 180 especies de pájaros que habitan en el lugar. Como el suelo es arenoso es posible divisar sin ser un experto las huellas de varios animales salvajes.

Tras continuar por el sendero vehicular llego a la segunda parada que es el Centro de Interpretación en donde se explica mediante imágenes varias todo acerca de la Reserva Provincial Parque Luro. Ahí aprendemos de la fauna existente, el eco sistema del lugar, los insectos que pululan, los árboles que no son muchos, la historia de la casa y la gran amplitud térmica a la que está sometida la zona.
Centro de Interpretación
Como faltaba solo media hora para la visita guiada al Museo del Castillo (como lo llaman aquí), y no tenía ningún apuro, me sume a una pareja para hacer el recorrido por las entrañas de la casa, que hace varias décadas es Monumento Histórico Nacional, y Patrimonio Natural, Histórico y Cultural de la provincia de La Pampa.
El casco, a la postre, termina siendo una construcción bastante típica del período argentino de la Belle Epoque en donde la aristocracia porteña quería dejar plasmada su riqueza.
Manuela, la guía, era muy simpática y linda como suelen ser las mujeres de La Pampa. Ella nos contó todos los secretos del lugar, pero lamentablemente se tomaba su trabajo muy en serio y no me permitió sacar fotografía alguna del interior de la casa, en especial de la gran chimenea del living, que da muestra de la riqueza de Pedro Luro. La historia es así:
Alguna tarde en la que Pedro Luro estaba bebiendo con amigos en un restaurante de Paris, se vio sorprendido por la magnífica chimenea del lugar. Llamó entonces al dueño y le ofreció comprar a buen precio dicho artefacto. Como el dueño no aceptó, y don Pedro Luro estaba encaprichado con la chimenea, y se lo podía permitir, mandó a comprar el restaurante, lo cerró y se trajo la chimenea que hoy vemos en el living de la casa en donde hay otros espléndidos muebles.

Si mal no recuerdo casi todos los cuartos se pueden visitar. Guardan vajilla de la época, cuadros, la biblioteca y una fantástica escalera de roble de Eslavonia que lleva a la planta superior.
Antiguamente la mitad de la construcción que Pedro Luro mandara a construir era de madera. Sus herederos no pudieron pagar una deuda que el empresario tenía con el Banco Hipotecario Nacional, y fue entonces cuando su segundo dueño, el Conde español Antonio Maura y Gamazo compró la propiedad en 1939 y le agregó las dos alas laterales para darle una mejor puesta visual e importancia al conjunto edilicio que encontramos hoy en día.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial la estancia había sido utilizada como coto de caza solo durante los meses de otoño, y como punto cómodo de reunión para los futuros negocios de Luro.

Aquellos ciervos del primer coto de caza que importase Pedro Luro se fueron multiplicando en libertad hasta alcanzar los 3.000 ejemplares que hoy pueblan la reserva. Esto suena lindo pero trajo resultados desastrosos para la fauna local existente, desplazando a decenas de especies que ahora se encuentran amenazadas por estos ciervos y jabalíes introducidos artificialmente en el ecosistema provincial.
Tambo modelo
Siempre avanzando por el sendero vehicular y en contra de la agujas del reloj se pasa por las instalaciones del Tambo Modelo que don Pedro Luro importase desde la Exposición Rural de Paris de 1905. El tambo era muy moderno para la época pero se dice que nunca fue puesto en funcionamiento.
Mas tarde se pasa por las caballerizas que Pedro Luro tenía para la crianza de sus caballos Pura Sangre.
El comprador de la estancia, don Antonio Maura y Gamazo, continuó con la crianza de caballos, solo que suplanto los de polo, por los pequeños ponys, que creía más conveniente para su proyecto de convertir a la Estancia San Huberto en un country club. El nuevo dueño nunca llegó a hacer realidad esta idea. Ni tampoco sus herederos.
Mas adelante y tras una breve caminata cuesta arriba se llega al Tanque del Millón, otro de los "atractivos" de la Reserva Provincial Parque Luro. Aunque tiene nombre singular la verdad es que el tanque de forma oval y de casi tres metros de profundidad tiene capacidad para 2 millones de litros que eran los que se requerían para abastecer a la estancia del agua necesaria para sus actividades.

En los meses de verano, si era visitado por sus dueños, este tanque funcionaba como una suerte de balneario para los invitados de la escasa clase alta vecina.
Tanque del Millón
La Reserva Provincial Parque Luro es dueña de un paisaje singular ya difícil de encontrar otras partes de la provincia de La Pampa, al margen de la rica historia que supone en el avance del hombre blanco por sobre los territorios del indio.

Todo el área habilitado para el turismo es muy limpia y ordenada. Las instalaciones están bastante cuidadas y el mantenimiento es correcto, si bien hay algunas cosas por mejorar.

Existe en la reserva un Museo del Carruaje el cual se encontraba cerrado al momento de mi visita, pero que expone una serie de carros que según dicen son de lo mas bonito.
La Reserva Provincial Parque Luro tiene un sector de camping con capacidad para 100 personas, aunque el sector habilitado para uso público puede albergar con facilidad a varios miles. En el lugar se encuentra un almacén, un restaurante (cerrado en el momento de mi visita), decenas de parrillas, baños y todo lo necesario para pasar el día o incluso una noche bajo el manto de miles de estrellas.

Sin duda la mejor época para visitar este lugar es durante los meses de marzo y abril,  en donde el sonido de la Brama aturde. Son los ciervos machos clamando por sus hembras y sus territorios. Los tímidos animales nos huelen a la distancia y verlos no es tarea fácil, pero con paciencia se puede.

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martes, 16 de junio de 2015

Conociendo Lihué Calel

Le tenía ganas hace mucho al Parque Nacional Lihué Calel. Sentía curiosidad pues había pasado por la puerta en varias oportunidades, pero se me hacía difícil congeniar el tiempo para visitarlo, teniendo en cuenta que las distancias hacia la Patagonia siempre son grandes.

Esta vez no se me podía escapar. Venía volviendo desde Chile y sabía que hacía noche en algún lugar en General Acha, la ciudad mas cercana al parque, a "sólo" 120 kilómetros de distancia.

Al cruzar la puerta sentí una leve satisfacción que se fue agrandando con el correr de las horas.
Inmediatamente uno nota el ecosistema que se ha formado en el espacio protegido de Lihué Calel difiere de las llanuras del resto de una provincia chata como pocas en el mundo. Lihué Calel es un verdadero oasis en medio de la pampa seca y espinosa gracias a las "Sierras de la Vida" que cruzan en sentido noroeste- sureste este desconocido parque nacional de la Argentina.
El Calden
A lo poco de haber entrado me presenté ante el guarda parques para dar aviso de mi presencia (es poca la gente que llega hasta aquí), me hice de un mapa y me dispuse a recorrer el sendero vehicular.
Este parque nacional, creado en 1977, guarda entre sus serranías mas de 10.000 años de historia. Su peculiar geografía protegía del viento a los antiguos habitantes, cazadores y recolectores como los Tehuelches y los Araucanos, quienes encontraban en este lugar la posibilidad de acumular agua, vital en una zona con bajas precipitaciones anuales. También abundante vegetación y fauna.
Mas tarde serían los Jesuitas que aprovecharon las ventajas de las sierras para usar de base en su camino desde Valdivia hasta Asunción del Paraguay.
Una de serie de caminos nos van acercando a las atracciones que este desconocido parque nacional de 32.000 hectáreas tiene para ofrecer. No existe la posibilidad de perderse. Son muchos los carteles indicativos y son tan prolijos que llamaron mi atención.
Me dispuse luego a recorrer caminando el primero de los senderos interpretativos que existen y que nos van explicando la historia del lugar. Esa primer parada nos lleva a las ruinas de lo que fuera el casco de la Estancia Santa María de Lihué Calel, expropiada por un decreto del Poder Ejecutivo Nacional veinte años mas tarde de su construcción, con el fin de crear una reserva natural y proteger los restos de las culturas originarias quienes enterraban a sus muertos en esta zona.
Restos del casco de la Estancia Santa María de Lihué Calel
Quedan algunos de esa casa que aunque joven (1944), supo mantenerse poco en pie. La casa de adobe deja entrever en sus paredes los restos de huesos, cáscara de huevo y piedras con que los antiguos habitantes labraban sus instrumentos, o sea restos arqueológicos.
Poco para ver. En cambio me sorprendía gratamente por el paisaje que me era ofrecido en una provincia que por lo general es muy plana. Lihué Calel es una verdadera isla desde el punto de vista geomorfológico. Algunos de los cerros que atraviesan esta porción del centro de la provincia de La pampa rozan los 600 metros de altura (Cerro Sociedad Científica).
Flora en Parque Nacional Lihué Calel
Un segundo sendero nos acerca a lo que antiguamente era un cementerio de los mas antiguos habitantes. A este lugar se lo conoce como El Chenque, y al menos hay personas de dos culturas diferentes. Se cree que estos grupos intercambiaban creencias religiosas con otros de lugares lejanos.
Creían en la trascendencia, o vida mas allá de la muerte. Se embellecían los cuerpos con tinturas e incluso han encontrado restos de perros junto a sus dueños.
Gracias al estudio de los huesos en este lugar sagrado, se pudo determinar que padecían las mismas enfermedades de la actualidad. Algunos cráneos encontrados habían sido deformados en vida, probablemente para diferenciar el status social dentro del grupo.
Un halcón patrulla desde lo alto
La vegetación brota con mas facilidad alrededor de los arroyos estacionales que guardan en estos suelos impermeables el agua de lluvia caída durante la primavera y el otoño. A sus lados crecen los alpatacos, las jarillas, Sombra de Toro, el chañar, los algarrobos y el caldén, el árbol mítico de La Pampa del cual existían millones de ejemplares hoy desaparecidos por la mano del hombre.
A medida que se avanza entre el camino y los fachinales, divisando zorros, guanajos y vizcachas por doquier, el entorno se vuelve mas especial. Esta singular geografía se creo hace unos 240 millones de años cuando una gran masa de gases provenientes del interior del planeta explotó haciendo salir la lava por la corteza de la tierra.
Al no poder recorrer una gran extensión, dado a lo chato del terreno, la lava se enfrió dando origen a estas piedras que son tan duras y compactas como el granito mismo, y que hacen que la geografía de Lihué Calel difiera del resto de la provincia.
Ya próximos a terminar el sendero vehicular, luego de haber transitado poco mas de 20 kilometros, nos vamos acercando a uno de los platos fuertes que tiene para ofrecer Lihué Calel, y que fuera además el asiento de las tolderías del Cacique Ceferino Namuncurá hasta que el avance del ejercito en la Campaña del Desierto lo obligó replegarse y abandonar la zona.
Es el Valle de las Pinturas. Aquí encontraremos luego de una caminata de 600 metros por sobre las redondeadas piedras, un alero de unos 3 metros de largo con una serie de pinturas rupestres correspondientes al arte rupestre tardío de unos 2.000 años de antigüedad.
Pinturas rupestres en el Parque Nacional Lihué Calel
Las pinturas rupestres se encuentran en gran estado de conservación y con certeza pertenecen a la Cultura Tehuelche (dentro de este grupo están los Querandíes, los Hets y los Pampa),  que mas tarde fue adaptada por los Araucanos. Se advierten en las paredes del alero un número de figuras geométricas y de tipo abstracto no siempre fáciles de entender.
Estas manifestaciones gráficas dejan plasmadas la forma de ver el mundo que tenían los antiguos habitantes, y las formas y materiales que utilizaban para subsistir.
Para hacer estas pinturas usaban de pigmento a la Hematita (también conocido como Ocre Rojo), que curiosamente se sigue usando hoy en día con el mismo propósito. Las pinturas suelen ser de dos colores, y usaban un tercero, el blanco como fondo.
Me gusto poder conocer este esquivo parque nacional. Sin duda es un oasis, y eso es justamente lo que mas sorprende al visitante de Lihué Calel. Cuan diferente es al entorno que rodea estas sierras.

Ya había visto la caída del sol (siempre un espectáculo en La Pampa) y aún pretendía llegar a General Acha a tiempo para ducharme y comer, dormir algunas buenas horas y continuar sin mas mi camino hacia Buenos Aires.

Para tener en cuenta

Hay una estación de servicio de bandera blanca y algunos hoteles de mala muerte en Puelches, poco mas que un paraje a 35 kilómetros de la entrada a Lihué Calel. Para encontrar mas comodidades no queda otra que llegar a las ciudades de General Acha y Santa Rosa, a 120 y 240 kilómetros respectivamente.

Existe un camping dentro del parque, pero ofrece poco mas que sombra, así que si su plan es acampar, deben traer todo lo necesario.

Las temperaturas son bajas durante el invierno y altas en el verano.

Hay una enorme cantidad de insectos.

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