miércoles, 4 de febrero de 2015

Una cuestión Narco camino a Socompa (Día 5)

No podía parar de reírme solo en la cama . Yo tampoco podía conciliar el sueño entre los efectos de la altura y tantos roncadores a mi alrededor, pero la indignación de las 10 personas que compartieron esa noche el único cuarto de hombres de la hostería Alfapuna de Tolar Grande con nosotros me causaba una gracia pícara. Veía como se levantaban a maldecir, como se tapaban con sus almohadas, como le pegaban a los colchones con sus puños cerrados apretando sus mandíbulas. Seguro que todos se acuerdan de esa noche en Tolar.
El agua del corredor de duchas salía caliente pero en poca cantidad. Tuve que vestirme casi mojado para no morir de hipotermia. Faltaban diez minutos para que suene el despertador del Tano Baldi que a las 6:30 AM iba a marcar el inicio de una larga jornada.
Tras un breve desayuno en el mismo parador en donde habíamos comido la noche anterior nos dispusimos a arrancar. Todos tenían sus vehículos listos y ansiedad por seguir el camino.

Nos acercamos entonces con las camionetas a la Estación Tolar Grande, otra del Ramal C-14 (también conocido como Ferrocarril Huaytiquina, Tren de las Nubes o Trasandino del Norte), la obra mas importante que jamás existió en el Territorio de los Andes, y una de las obras de ingeniería vial mas fascinantes del mundo.
Foto Horacio "El Tano" Baldi
Menuda sorpresa nos llevamos cuando vimos que ya hay obreros ferroviarios trabajando en la reactivación del servicio del Belgrano Cargas para la zona que comprende al Salar de Arizaro (obra que fuese anunciada en varias oportunidades quedando siempre trunca) y que en el futuro permitirá recuperar la salida a Chile (y por consiguiente a Bolivia) y al Pacífico por vía ferrea.
No podíamos bajar a Elsa de su trencito
Cuando estábamos prontos a partir, personal de Gendarmería Nacional  se acerca hasta nosotros entre consternados y curiosos a preguntar por nuestro itinerario. Cuando les contamos de nuestra intención de llegar a Mina Julia y hacer noche en algunas de las casas abandonadas de su pueblo satélite, conocido como Mina La Casualidad, nos dieron el alerta de NO hacerlo.

La noche anterior habían encontrado una camioneta abandonada con un cargamento de cocaína en su interior. Los narcotraficantes (aparentemente dos hombres de nacionalidad boliviana) estarían escondidos en los alrededores, lo que (según ellos) nos suponía un peligro ya que podrían atracarnos para robar alguno de nuestros vehículos, siendo esa la única manera de salir vivos de un lugar tan hostil e inhóspito como lo es la Puna, donde además las distancias son siempre demasiado grandes como para hacer caminando sin caer en los peligros de la noche.

Desde la estación bajamos en un prolijo y lento tandem para encontrarnos con Sandra y Omar, quienes también se iban a sumar a nosotros para hacer el camino a Socompa. Juntos nos fuimos a ver los Ojos de Mar que se encuentran a dos o tres kilómetros del pueblo Tolar Grande, pero antes (parecía joda) arranqué el día pinchando otra vez mi rueda trasera izquierda. Gastón hace gala de su juventud y experiencia y demuestra que sus palabras no eran vanas cuando dijo que el cambiaba una goma en siete minutos.
En estos Ojos de Mar viven los Estromatolitos, que son fósiles vivientes que se han adaptado a las condiciones extremas de la Puna, de altísima radiación solar y extrema salinidad.
Estos microbios y bacterias (los estramatolitos) viven en las mismas condiciones que tenía el planeta tierra hace 3.500 millones de años. Forman un ecosistema único en el mundo, y si bien eran comunes en el pasado, con el paso del tiempo fueron desapareciendo de la faz de la tierra y hoy solo se pueden encontrar en pocos lugares de la Puna, donde el ambiente  que persiste es lo mas parecido al pasado.
Estas bacterias pudieron ser  muy importantes para la formación de la vida en la tierra, pues captaban el Dióxido de Carbono (co2) de la atmósfera convirtiéndolo en oxígeno (o2), en un momento en el que el oxígeno no existía, ni tampoco la capa de ozono que estos microrganismos ayudaron a conformar.
 Cruzamos unos 80 kilómetros de una ruta que cruza una porción de El Salar de Arizaro, uno de los mas grandes del mundo. Es el mismo camino que usaban los pastores llevando el ganado a Chile (y viceversa) durante los siglos XVIII y XIX.
Al costado del camino hay tumbas de personas que no lo lograron. La mas famosa y fotografiada es "La Tumba del Aleman". En el salar yacen restos momificados de miles de animales muertos. Allí íbamos internando, cada vez mas lejos de una salida coherente, al simpático matrimonio tucumano que quería llegar al poco conocido Paso Socompa. ¿Podría llegar esta pareja hasta esos recónditos confines?
Si, podían, y nos íbamos a asegurar de ello.
Tras superar el traqueteo constante del camino que cruza el salar, y para cuando habíamos llegado a la Estacion Taca-Taca,  que lleva ese nombre por las sierras homónimas que la protegen del viento, la Suzuki DRZ 400 de Gastón comenzó a hacer un ruido horrible. El motor emitía un poco esperanzador "taca-taca-taca" frustrando el sueño del hijo del Tano de ser nuestra punta de lanza, abriendo camino para el convoy, ahí donde no lo hubiera, ya que domina sus corsarios de dos ruedas.
¡Que desolación! Duele apreciar el enorme esfuerzo que han hecho quienes construyeron estas vías y moraron por estas latitudes ayudando a integrar regiones.

Desde ahí proseguimos nuestro camino siempre en dirección al Volcan Socompa, haciendo una nueva, necesaria e interesante parada en Estación Caipe, en donde el tren pasaba dos veces por semana y que funcionó hasta 1991. Hoy también está abandonada, pero que es de las mas importantes en la zona. Desde aquí partía un camino asfaltado a Mina La Casualidad por el cual se transportaba azufre durante las décadas del 50,60 y 70, y que no recibe mantenimiento desde entonces. No lo tomamos. Ese sería el camino fácil, y además ese día "no podíamos" dormir en La Casualidad.
En Caipe hay una bomba hasta donde seis veces por día llegan camiones cisternas para cargar el agua que abastece a los pobladores de Tolar Grande (200 habitantes) el pueblo mas grande del área.
Desde la interminable heladera sin fondo de Andy salieron quesos, longanizas, mortadelas, varias docenas de cervezas y la mayonesa necesaria para condimentar una de sus vanagloriadas ensaladas jardineras mit tuna que preparó en una mesita ganada con puntos de su tarjeta de crédito.
Con un bocadito de acá y otro de allá escuchaba a don Eduardo decir - "Ah…esta es mi única perdición" mientras una mueca cómplice se le formaba en la barba. Yo acompañaba a Gastón ahogando nuestras penas en Fernet con Coca-Cola con gigantes bloques de hielo. Sabía a gloria.
Desde ahí proseguimos nuestro avance hacia la Estacion Chuculaqui (4.322) , probablemente la estación de trenes mas alta de Sudamérica, siguiendo el rumbo lógico siempre con el Salar de Arizaro grande como un mar de anchas playas a nuestra izquierda, y ya varios de cientos de metros mas abajo de donde nos encontrábamos.
Por ese camino de faldeo que no es otro que la "ruta internacional" que va al Paso Socompa llegamos al sector del camino que Gendarmería Nacional nos había advertido. La traza del camino se había angostado mucho, y ellos ya no podían pasar en sus Unimog´s.
Foto Eduardo Cinicola
Cuando llegamos a la mencionada curva, el Renault Duster (Dacia en otros mercados) de Omar encontró las primeras dificultades del día en esa huella arenosa que quería expulsar del camino al vehículo de origen rumano. En uno de esos deslizamientos, Sandra (la mujer de Omar) lo abandono en pleno esfuerzo por no acabar rodando barranca abajo. No volvió ella a mirar hacia atrás.
Omar, quien resultó un gran piloto, seguía su instinto de defensa de doblar sus ruedas hacia la montaña,  cosa que no hay que hacer pues ocasionaba que las ruedas traseras de su bólido buscasen el precipicio.
El camino está consolidado y en buen estado, pero este tramo presentaba suelo arenoso y suficiente inclinación lateral como para hacer deslizar los vehículos.

- "Cuidado, Omar, con cuidado. Frenaaa" - Gritaba alguien por la radio. El Duster se acercaba peligrosamente a la pendiente.

Estábamos a 4.160 m.s.n.m. Desinflamos las cubiertas de la maquinola, y mientras Gastón hacía fuerza desde el lateral que daba al vacío, Omar logró pasar victorioso por esa curva de peralte  negativo, que además lo obligaba a pisar el acelerador.
Supongo que 100 metros mas adelante se "amigó" con su mujer, pues juntos continuaron el camino.

Superada la curva y con todos sobre la calzada no tardamos mucho mas en quedar embobecidos con el paisaje. No puede la Puna tener tantos lugares que le quitan a uno el aliento.

Ya en lo que parecía una línea recta en dirección al Volcán Socompa, y en las cercanías de la que en antaño era la Estación Quebrada del Agua pudimos observar los restos del tren descarrilado que veníamos intentando ubicar en las laderas por algunos minutos.
Se desconocen los motivos ciertos de este accidente ferroviario. Pudo haber sido un derrumbe, una distracción de los maquinistas o el sistema de frenos congelado lo que hizo que esa madrugada, la locomotora GT22 9702  siguiese de largo por la curva cayendo 300 metros al vacío, ocasionándoles la muerte a los dos operarios y la destrucción de varios de los vagones de la formación. Por su ubicación, nunca intentaron recuperar la locomotora que yace a unos dos kilómetros en línea recta desde el lugar en donde sacamos las fotos.

Cuando el tren pasaba, la formación se detenía por varios minutos a rendirles homenaje a esos operarios que habían perdido la vida en este fatídico accidente. Quizás "la gota que rebalsó el vaso" y desactivo este servicio de cargas y pasajeros.
Ahora si teníamos de frente y mas cerca que nunca al majestuoso Volcán Socompa, que marca uno de los límites con Chile. Al pie su laguna homónima, que como en los Ojos de Mar de Tolar Grande, se han encontrado Estromatolitos (los mas altos del mundo) lo que le valió el título de área protegida.
Pretendimos llegar "desde abajo" a la Estación Quebrada del Agua, y aunque logramos ascender a medio recorrido, no nos fue posible el avance por lo que tuvimos que pegar la vuelta. Con el Tano nos contentábamos en ver mas de cerca a la Laguna Socompa, con su color producto de la cantidad de Carbonato de Calcio y Arsénico, y al gigante volcán que pudo ser tanto mas grande de no haber perdido gran parte de su cuerpo en el último gran movimiento de placas litosféricas.
El día estaba llegando a su fin. Ya no podíamos llegar a la mina abandonada "La Casualidad" en donde además nos habían instado a no ir. Nuestra única carta posible era pedir asilo en el puesto de Gendarmería Nacional de Socompa. Era eso o dormir adentro de las camionetas.

Creo que ni nos oyeron llegar, o si le hicieron dijeron "No debe ser nadie". Pasaron 5 minutos hasta que uno de los gendarmes abrió tímidamente la puerta para encontrar a ocho viajeros que iban a terminar con la paz de su tarde/noche.

Nos abrieron la "casita" en donde dormiríamos, y hasta nos prestaron algunos colchones para tirar en el piso. Aunque las instalaciones están, no hay ni agua ni luz, pero es una construcción preparada para las temperaturas extremas, y no pasamos frío durante la noche.
A la derecha la casita en donde dormimos
Armamos una gran picada regada por nuestros mejores vinos mientras nos íbamos haciendo amigos y nos enterábamos de como es la vida de un gendarme de frontera en un puesto tan remoto y poco visitado como lo es el de Socompa. Están prácticamente abandonados a la buena de Dios, y a la ayuda de los Carabineros chilenos que mas de una vez "les salvaron las papas".
A veces cuesta entender el accionar de Gendarmería Nacional para con sus gendarmes, que todo lo dejan haciendo patria en los confines mas remotos.

Le siguió a la picada un plato de macarrones que prepararon las chicas, y hasta hubo algo de postre.
Aprendí mucho de los gendarmes y de mis compañeros durante esta jornada.
Recién llegados al puesto de gendarmería
Para el tercer tiempo me sume a un campeonato de Ping-Pong con los gendarmes. El derroche de talento era tal que hasta conformamos el "Socompa Ping-Pong Club".

Gracias a Hermes, Gabriela, José y Ariana quienes nos recibieron de brazos abiertos. El grupo agradecido por todo cuanto nos brindan.
Eran pasadas las 12 de la noche. Hora de apagar el grupo electrógeno que les da energía durante algunas horas de la noche a los gendarmes de Socompa, la frontera olvidada.

(Viene de acá)

jueves, 29 de enero de 2015

De campos minados, estaciones y cornisas (Día 4 parte 2)

Tras abandonar nuestra experiencia Dakar apuntamos hacia el límite entre las provincias de Salta y de Jujuy buscando el camino que va a Catúa, un pequeño pueblo con una población estable que ronda las 400 personas que desde hace poco subsiste de la minería. Desde allí proseguimos nuestro camino hacia el vedado Paso de Huaytiquina, que alguna vez comunico a Chile con Argentina antes de que los chilenos plantaran minas antipersonales por doquier y se convierta en un lugar de paso prohibido.
Casa de Zorro, una mina de Onix que había en el camino
En un camino que trepaba mas allá de Catúa visitamos una mina de Onix, y mas tarde nos desviamos del camino por otra huella ascendente y arenosa hasta una segunda mina en donde extraían Boro. En ninguna de las dos se veía reciente actividad.
Siempre sumando metros de altura y en dirección oeste nos topamos con el viejo y oxidado cartel de
"Bienvenidos a Chile" de las buenas y viejas épocas en las que este paso estaba exento de peligros.
Antes de arriesgar nuestros pellejos en lo que quizás sería el último día de nuestras vidas, detuvimos nuestros bólidos varios kilómetros mas adelante frente al cartel de advertencia que en un fuerte amarillo avisa de la existencia de minas y que nos persuadía a pegar la vuelta pisando sobre suelo seguro.
¿Nos persuadía de volver, dije? Este grupo no conoce la marcha atrás. Había que meterse y ver que había mas allá. Lo pensamos. Lo analizamos por exactamente 7 segundos y nos mandamos. Además Elsa se ofrecía como voluntaria para explotar primero.
Con una distancia prudencial entre los vehículos fuimos adentrando en lo prohibido. Por mi cabeza pasaba todo lo que había aprendido cuando visite lo de el soldado Aki Ra en Camboya.
La huella ya no se adivina entre los matorrales. Vamos escuchando a las tupidas plantas arañar nuestros chasis y los golpes de los objetos que saltan en los interiores de nuestras camionetas en lo irregular de un camino que hace rato dejo de ser. Supongo que alguna iba rezando un Rosario y otro cruzando los dedos para no volar en mil pedazos.
Mas de 500.000 minas antipersonales están sembradas en la Cordillera de los Andes, frontera natural entre Argentina y Chile, desde que el Conflicto del Beagle casi nos lleva a la guerra con el país vecino.

La historia en pocos renglones
En 1840, Chile comienza a utilizar la zona del Estrecho de Magallanes que se encontraba mas al sur de los límites fijados en su Constitución Nacional de 1822 y 1833. Esto provoca malestar en Buenos Aires y se da inicio a una serie de reclamos a ambos lados de la frontera que se extiende por varias décadas.

Isabel II, Reina de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y soberana de los Reinos de la Mancomunidad de Naciones parecía un buen arbitro que contentaba a ambos bandos, pero en 1977, quizás por alguna espina clavada falló en contra de Argentina.
Las islas Picton, Nueva y Lennox y todas sus islas adyacentes ahora pertenecerían a Chile quien además obtenía derechos marítimos en el Canal de Beagle.
Chile lo convirtió en ley, pero Argentina declaró nula la decisión arbitral.

Se movilizó el Batallón de Infantería de Marina para tomar las islas por la fuerza, con ayuda de la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea. Todas las fuerzas estaban preparadas para invadir Chile, si así fuese necesario. La noche del 21 de enero de 1978, apenas horas antes de la Operación Soberanía (tal era el nombre de la misión), la Junta Militar decide dar marcha atrás, aceptando el pedido de paz del Papa Juan Pablo II quien se ofreció como mediador del conflicto entre las dos naciones.
Argentina aceptó la mediación papal recibiendo al enviado del Vaticano, Cardenal Antonio Samoré.
El nuevo fallo volvió a ser adverso para Argentina, quien en 1984 tras un plebiscito popular en el que se decidió por el SI papal, se acepto finalmente la perdida territorial. Solo dos años antes se había perdido la Guerra de Malvinas.
Tras reingresar sanos y salvos a territorio argentino, y burlando los controles migratorios, siempre a campo traviesa y con paisajes que pocos han visto en estos últimos 40 años, pudimos encontrar la ruta por la que pasa el Paso de Sico, y tras tomar en sentido contrario a los puestos de gendarmería y carabineros, y bordear el Salar del Rincón llegamos a la Estación Laguna Seca, una de las tantas del Ramal C-14, la obra ferroviaria mas espectacular de todas las que se hicieron en Argentina, y que hoy, como la mayoría de este mítico trazado y del país, se encuentra abandonada.
20 kilómetros mas al sur y adelante pasamos por la Estación Salar de Pocitos, que a diferencia de la anterior presenta vida humana por un cruce de tres rutas y la intensa actividad minera que llena los depósitos de Pocitos con el Litio del Salar del Hombre Muerto y la plata del Nevado Quevar.

Nos esperaba siempre siguiendo rumbo sur y re orientándonos para el oeste, las formaciones rojizas de  Los Colorados, por el que aprovechamos las rectas y buena superficie del trazado para avanzar a velocidades inéditas con rumbo Tolar Grande.
Por curvas y contracurvas se van presentando uno de los paisajes mas lindos de la provincia de Salta. Al rato aparece ante nosotros el Desierto del Diablo, un paisaje sumamente vistoso y marciano.
Ya estábamos en la recta final a Tolar grande, en donde debíamos llegar a tiempo a la hostería municipal para no quedarnos sin lugar para dormir. Además nos esperaba el Tano Baldi, su hijo Gastón con su flamante moto, quienes nos iban a acompañar de travesía hasta Antofagasta de la Sierra, lugar de sus dominios. Allí conocimos a Sandra y a Omar una pareja de divertida, fanática de la Puna quienes (aún no lo sabíamos) también se sumarían al convoy en las etapas hacia la Puna de Catamarca.

Todavía quedaba una hora de luz. Ideal para subir a lo mas alto del Cordón Sagrado del Macón, venerado por los Incas, ascendiendo por los caracoles de este camino de gran belleza y una luz que lentamente comenzaba a desaparecer.
De izquierda a derecha los volcanes Pajonales y Pular (en Chile) y Aracar
En la cima del Cerro Macon, por sobre los 4.665 m.s.n.m. han colocado la estructura de lo que será el cuarto observatorio astronómico de la Argentina, un proyecto conjunto entre Argentina y Brasil en donde colocarán un telescopio de gran porte en uno de los cielos mas claros del mundo.
El fuerte viento obliga a buscar nuestros mejores abrigos y endurece nuestros músculos cansados. Desde arriba se consiguen las mejores vistas de Tolar Grande, desde donde se aprecia el Salar de Arizaro, el Salar de Pocitos y las figuras de los notables volcanes Socompa y Llullillaco, hacia donde nos dirigiríamos en las próximas jornadas.

Bajando los caracoles, medio rápido pues el tiempo apremiaba, me llevé un susto cuando vi que la camioneta de Elsa había sacado del camino las ruedas traseras de su camioneta, enfrentándolas al vacío, que por suerte esta vez, y en esa porción del camino, presentaba suaves laderas que no le costaron la vida. Segunda y a seguir descendiendo.
De izquierda a derecha los picos de los volcanes Socompa, Arizaro y Salin
Siempre queriendo sacarle un poco mas de jugo al día, nos acercamos a nuestro último objetivo del día (esta vez es cierto). Otra vieja estación abandonada, lejos de todo, en donde yace abandonado un viejo vagón tipo coche cama, y algunas construcciones de adobe. Un aljibe da el toque surrealista.
Había sido un día largo. La adrenalina había corrido por nuestras venas largo rato. Ya estábamos cansados y el frío comenzaba a apretar. Aún nos restaba correr hasta Tolar Grande para marcar nuestras seis camas en un cuarto que tiene dieciocho.
 Prontos y con las camas semi ocupadas por nuestras ropas, salimos a comer a la vuelta, al único bodegón de Tolar Grande, en donde saciamos nuestro apetito con el menú à la carte. Los vasos siempre llenos. El Tano no se le animo al vino del lugar, Andy fue por mas cerveza y volvió con una solo llena por la mitad. La alegría era grande, y largo el día de mañana.

(Viene de acá)