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lunes, 21 de septiembre de 2015

Museo Nacional del Vino y la Vendimia

El Museo Nacional del Vino y la Vendimia, es una de las atracciones de la ciudad de Maipú, muy cerca de la capital de la provincia de Mendoza. El museo en sí es bastante pobretón. Hay varios cuadros explicativos, alguna que otra herramienta  de antaño, un par de toneles y varias botellas antiguas de marcas que se siguen comercializando con los mismos nombres que en la mejores tiempos de las Bodegas Giol. De lo que no hay duda es que las dos casas del hoy museo, tienen valor patrimonial e histórico importante para Mendoza, y es que sus dueños jugaron un papel muy importante en la historia del vino en la República Argentina.
En 1896, cuando el ferrocarril estaba recién llegando a Mendoza, el Italiano Juan Giol, de apenas 20 años, y su socio Bautista Gerónimo Gargantini, este originario de Suiza, compraron 33 hectáreas y fundaron una de las primeras bodegas en suelo  Mendocino. Se llamaba "La Colina de Oro" y estaba bautizada así en honor al Cantón Suizo en Ticino de donde provenía Gargantini. En poco tiempo sumaron 7.000 hectáreas más. A estos dos hombres los unía un poco mas que la ambición y las ganas de progresar en el nuevo mundo, y es que los dos estaban casados con unas hermanas de apellido Bondino,  lo que los convertía en familia. A diferencia del joven Giol, el Suizo Gargantini ya contaba con un poco de experiencia en el mundo de las vides por haber sido socio de Pascual Toso, otro de los nombres hoy históricos en la historia del vino por estas latitudes. 
Las buenas decisiones de los emprendedores, acompañadas por una generosa dosis de buena suerte, y el hecho de "estar en el lugar correcto en el momento adecuado", hicieron que los dos inmigrantes se hicieran con mucha facilidad de varias bodegas más, y pronto controlaran la mayoría del mercado vitivinícola en la Mendoza de aquel entonces. Hay mas. La historia de esta bodega no se detendría ahí. 
Era una suerte de época dorada en donde la provincia de Mendoza recibió muchos aportes de capital extranjero con el fin de desarrollar su infraestructura, casi inexistente hasta ese momento, o destruida años antes, en el peor terremoto de su historia. Durante este período fue que desarrollaron su fortuna en la actividad vitivinícola estos dos jóvenes trabajadores Europeos. Pocos años mas tarde, mas precisamente en 1910, erigieron estas dos importantes casas que se encuentran a "tiro de piedra" la una de la otra, y en el mismo terreno. Ese mismo año de 1910 presentaron en la Exposición Rural de Palermo, un gran tonel de Roble de Nancy con la increíble capacidad de 75.000 litros, ganando el primer premio a la vasija mas grande del mundo. La bodega ya daba que hablar y estaba en los oídos de todos.
Tras  estacionar las camionetas entramos en la primera de las casas. La guía, muy atenta por cierto, nos cuenta que ese mismo año, durante el centenario del país, los exitosos empresarios  recibieron en "las casas", entre otros ilustres visitantes,  a José Figueroa Alcorta, presidente de la República Argentina en aquel entonces. La cosa iba bien. La bodega ya producía 300.000 hectolitros de vino por año.
La construcción de la casa de la familia de Juan Giol cuenta con un espacio central que comunicaba con casi todos los ambientes de la casa, que era muy avanzada para la época. Pensar que cuando los habitantes de Maipú todavía sacaban agua de la fuente de la única plaza pública, en estas dos casas ya contaban con una red de agua potable y generadores eléctricos que le permitían tener luz, cosa muy adelantada para la época.
Un verdadero lujo para esos tiempos la construcción de estas dos casonas diseñadas por el arquitecto Emanuele Mignani tuvieron un impacto muy importante en el desarrollo de las zonas aledañas, principalmente por que alrededor de la bodega estaban las casas de los mas de 400 trabajadores afincados en Maipú. Esta fue la chispa inicial de lo que hoy es una próspera ciudad, donde el vino hoy es igual de importante que en aquellos tiempos.
De manera completamente amigable Bautista  Gerónimo Gargantini decide venderle, en el mejor momento de la firma, su parte accionaria a su con cuñado Juan Giol para volver como hombre rico a la Europa que lo había echado casi a las patadas. La vida en Argentina lo había hecho rico, pero también le había pasado unas duras pasadas. Había perdido a tres hijos en Mendoza. Le había llegado el momento de un cambio de aire. Quizás era una cuestión de orgullo, pero quería volver como deslumbrando como un pavo real a su Suiza natal, en donde construyó 5 palacios en poco tiempo, y se dedicó al arte y a la buena vida hasta sus días finales.
Giovanni (Juan) Giol le sigue poniendo garra a su empresa durante tres años mas, pero no tarda mucho en hacer lo mismo que Gargantini. En 1914 vende el resto de la empresa. El también quería regresar a Fontanafredda, el pueblo que lo vio nacer.
En 1954, las Bodegas Giol estaban sumidas en una profunda crisis económica. El estado, muy rico en aquel entonces, aprovecha la oportunidad de hacerse con la mitad mas uno de las acciones.

Una década mas tarde, la historia da fe que la intromisión del estado como "regulador" del mercado hace de Bodegas Giol las mas grandes del mundo, con una producción de mas de 4 millones de hectolitros. El estado compra todo el excedente del vino producido para que los precios no cayesen.
Años mas tarde, en 1963 el estado adquiere el total de las Bodegas Giol, creando un importante instrumento industrial y económico en la provincia de Mendoza. Fue un invento Peronista, pues fue el gobernador Carlos Evans el que compró el restante del paquete accionario que pertenecían al Banco Español del Río de la Plata.
Desde entonces todo fue una estafa orquestada por mil maniobras desde las mas altas esferas del estado. Las bodegas recibieron una inyección importantísima de capital y se volvió a producir, pero todo era parte de un plan para robar. En especial durante la gestión del gobernador José Octavio Bordón.
Llegado el momento de la degustación no encontramos nada que llame nuestra atención. Los vinos y espumantes que venden y dan de probar no son de calidad, y los productos regionales que tienen se consiguen en cualquier esquina.
Continuamos nuestro recorrido caminando unos pocos metros hasta la casa vecina que perteneciera a Gargantini, el otro socio fundador de Bodegas Giol.  Esta casa como la vecina de Juan Giol fueron saqueadas y abandonadas a su suerte desde 1954. Los daños son grandes y es mucho el dinero que se necesita para la puesta en valor de ambas propiedades.
A esta casa no pudimos entrar. Solo nos limitamos a espiar un poco a través de sus ventanas rotas.

En sus años en Mendoza, Bautista Gargantini dio rienda suelta a otra de sus pasiones: El fútbol.  Fue uno de los fundadores del Club Sportivo Independiente Rivadavia, "La Lepra", uno de los cuatro grandes de la provincia de Mendoza. Con esto se acercaron a los sectores menos pudientes de la sociedad. El estadio del club con capacidad para 25.000 espectadores lleva su nombre.
La entrada es paga, pero muy barata. A eso hay que agregarle el servicio guiado (no recuerdo si era a precio fijo o a voluntad). La visita al Museo Nacional del Vino y la Vendimia puede dejar mucho que desear, si lo que te atrajo hasta aquí es el vino. Como dije mas arriba, el verdadero valor de este lugar radica en las casas y en la propia historia de las Bodegas Giol. A uno le queda el sabor de que el lugar no está a la altura de las circunstancias, de lo que alguna vez fue la bodega mas grande del mundo.

domingo, 6 de septiembre de 2015

De bodegas y olivares en Mendoza

Tan temprano como las 10:30 de la mañana estábamos en Domaine St. Diego, otra bodega boutique que tenía para mostrarnos el binomio de Cecilia y Andy, dos grandes amigos y buenos conocedores de los secretos de la provincia de Mendoza. A mi me preocupaba la hora. Me pega mucho el vino cuando lo bebo durante el día. Una o dos copitas ya alteran mis facultades, así que permanecí  un poco "tímido" durante esta visita, y algunos de sus vinos los probé tiempo mas tarde.

En nuestro segundo día de vino y gastronomía en Mendoza, un plan mixto de bodegas y olivares.

Día 2 (Viene de acá)
Domaine St Diego, una Bodega de Garage
En 1988 Ángel A. Mendoza empezó con este micro emprendimiento junto a su familia. El venía de trabajar "de toda la vida" como "Enólogo Maestro" de Trapiche, la bodega mas grande del país. Eran tiempos en donde los bodegueros de Mendoza comenzaron el camino necesario para que los vinos de Argentina tengan la buena reputación con la que hoy cuentan en el resto del mundo. Hasta ese momento en la provincia de Mendoza se producían enormes cantidades de vino, pero de baja calidad.
Andy explica. Denis tiene sus dudas.
Don Angel lo sabía, claro, así que con el apoyo de sus jefes, se llevó todo su expertise a cuestas hacia las nuevas tierras que había adquirido en este privilegiado pedazo de tierra en el Valle de Lunlunta, Departamento de Maipú, lugar que es cuna de los mejores y mas añejos vinos de Argentina y de la provincia de Mendoza, con varios siglos de experiencia vitivinícola.

Así nacía Domaine St Diego, y como todo Domain, tenía que tener la bodega y los viñedos en un mismo lugar, pues eso mismo significa en Francés.
Lo de Domaine St Diego es un caso mas entre quienes quisieron sacar mas provecho de su terruño en busca de vides de alta calidad. Es por eso que don Diego Mendoza dice que el vino se hace en el viñedo, y no en la bodega, como ocurre con muchos de sus competidores. Es decir depende de como se trata el terruño y del labor de los empleados, los verdaderos responsables del éxito de un vino, y no del aporte que pueda hacer un afamado enólogo.
Olivo centenario
En Domaine St Diego si que saben sacarle provecho a la tierra, o al menos se tiene esa sensación cuando se recorre esta bodega. Allí hay olivos, algunos varias veces centenarios. Esos olivares son los que recorrimos mientras esperábamos a don Angel para que nos cuente toda la historia del lugar, de la manera que solo el dueño de un sueño puede hacer.
Aceitunas
En este terruño de 3.5 hectáreas se percibe a cada metro el cariño y esfuerzo que han volcado sobre estas tierras. Realmente es un recorrido bonito. Domaine St Diego está emplazado sobre lo que era uno de los antiguos brazos del cauce del cercano Río Mendoza, lo cual puede garantizar un suelo mas húmedo pero no mucho mas. Recordemos que las tierras de la provincia de Mendoza son desérticas, y los productores reciben agua a través de un sistema de acequias sólo por el cupo de riego asignado por el gobierno a cada finca. En Domain St Diego la almacenan en un estanque para repartirla mas tarde mediante un sistema de goteo a cada una de las vides de la finca familiar.
Miles de horas de cariño y trabajo se notan a simple vista. Todo el lugar esta cargado de colores y de melancolía, y hay mas de un recordatorio de los antepasados de la familia de don Angel Mendoza, un tipo que se reconoce sensible y que dice hacer sus vinos para tomarse entre buenos amigos.
El pequeño terruño de Domain St Diego está emplazado en un valle rodeado de altas montañas que no le tapan el sol pero lo protegen de las inclemencias climáticas, como pueden ser el granizo o las grandes heladas tan comunes, que suelen afectar otros viñedos de la zona.
Desde lo mas alto del emprendimiento de don Angel Mendoza, luego de circular por prolijos senderos con piso de piedras que van a la sombra de los olivos se obtienen buenas vistas de los valles y de la Iglesia de Nuestra Señora del Tránsito, que desde 1874 atiende a los fieles del Valle de Lunlunta.
Bodega Domaine St Diego
Ahora si, por suerte un poco mas tarde de lo previsto por un retraso de don Angel Mendoza,  recorreríamos las instalaciones de esta "Bodega Garage", una nueva terminología de moda que hace referencia a las bodegas mas chicas.
Con sensatez y buen sentido del humor, don Angel Mendoza en persona nos cuenta de todas las vicisitudes del mercado vitivinícola, y su expansión en los mercados internacionales. Mientras habla va desarmando mitos, humanizando la cuestión y dándole una suerte de "valor agregado" a esta visita llena de pensamientos y comentarios por parte de un tipo que sabe de lo que habla.
En Domain St Diego producen y embotellan cuatro tipos de vino y un espumante. No hay dudas de que es el Malbec la variedad estrella de la bodega. Tiene su lógica. Hoy Argentina produce los mejores Malbec del mundo y mas del 80% de esta variedad de origen Francés, introducida en el país en 1852 se encuentran en la provincia de Mendoza.
Don Angel Mendoza en Domain St Diego
Angel Mendoza, el maestro, nos cuenta con orgullo todo acerca del vino que el produce, en donde conjuga la pasión por los vinos en esta pequeña empresa familiar, con la asesoría que presta a varias de las mas afamadas bodegas del país.
Estos son los vinos paridos en su bodega.

Pura Sangre 9 Lunas  Este vino permanece 9 meses en barricas de roble americano y otros nueve meses en botella
Un Blend 80% Malbec 20% Cabernet Sauvignon. Es un vino elegante con un buen y largo final de boca, y además es apto para la guarda. En su sabor frutal se percibe la presencia de madera.

Paradigma Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc. Un vino que tiene un sabor frutado y sedoso, probablemente aportado por las uvas Cabernet Franc. De color violáceo intenso. Este Vino de Corte o Assemblage no pasa por madera, pero igualmente es un vino de guarda.

Elea un intenso Rosé de Malbec. Otra opción de Domaine St Diego.

Pura Sangre Brut Xero Blanc de Noir Malbec70% y Chardonnay 30% . Según Mendoza, su secreto es utilizar las vides que crecen a la sombra de los olivos para lograr una mayor acidez en las uvas,
utilizando un método mas antiguo que el Champenoise instaurado por los Franceses.
Los vinos de Domain St Diego
Para cuando vengan a Domaine St Diego, la dirección es Frankilin Villanueva 3821, en el codiciado Valle de Lunlunta, en Maipú, provincia de Mendoza. Se puede visitar cualquier día entre las 9 y las 18 horas. El teléfono de contacto de la familia Mendoza es (0261) 439 5557

Recién habíamos comenzado nuestro recorrido por las bodegas, y mis amigas Elsa y Ana casi no tenían lugar para seguir almacenando cajas de vino en su Toyota Hilux. Vinos que compartiríamos tiempo mas tarde en encuentros y travesías.
Para el almuerzo teníamos reserva en un restaurante  con productos regionales en una vieja casona de Maipú. Allí nos encontramos con don Carlos Corvalán, amigo de una de mis parejas amigas y actual presidente de la Asociación de Viveristas Olivícolas de Argentina (AVOAR).

Tras comer conejo al horno de barro, varias cosas al escabeche, un mas que potable jamón serrano, y algún que otro pedazo de lechón, todo regado generosamente con vino, partimos a conocer el vivero de don Carlos, y aprender un poco sobre la producción del olivo.
Don Carlos Corvalán fundo Vivero Isabel en 1992. Es un espacio notorio e impoluto. No tengo recuerdos de haber estado en un lugar con semejante tamaño antes. Los galpones tinglados son enormes y cada 30 centímetros hay un regio ejemplar de olivo u otros creciendo vigorosamente.
En su vivero don Carlos Corvalán, experto en la materia, nos explicó el complejo negocio olivícola, del cual forma parte hace décadas. Es clave que los olivos adquiridos sean certificados y de buen estado radicular, como lo son en el caso de Vivero Isabel. El productor va a pasar muchos años con dicha planta y es mejor que así sea si se quiere ahorrar mas de un dolor de cabeza.
El 70% del olivar se da hace milenios en la Cuenca del Mediterráneo. Con aproximadamente 12 millones de hectáreas plantadas a lo largo del planeta, el olivar se ha convertido en el cultivo permanente con mayor superficie ocupada en el planeta. En Europa siguen liderando el sector Portugal y España desde hace años. Arabia Saudita y China son dos nuevos jugadores que vienen pisando fuerte, y en Sudamérica, Argentina, Uruguay, Chile y Perú vienen haciendo aceites de gran calidad, y son productos cada vez mas buscados en los mercados internacionales.

Se extendió durante horas la charla. También aprendimos que el 90% de la producción de olivos está destinada al aceite, y sólo el 10% a las aceitunas de mesa. El sol bajaba pero pegaba bien de frente. Para ese entonces ya tenía la camioneta prendida hace media hora esperando sentado a que mis amigos den fin a la visita. No daba mas de ganas de una siesta.
Además del placer de conocer a un tipo como Carlos Corvalán, esta visita nos sirvió como un preámbulo a lo que conoceríamos mas tarde. Cecilia y Andy nos tenían preparada una próxima visita a Olivares de Don Ignacio,  una empresa que se dedica a la elaboración de aceite de oliva.

(Continuará)

jueves, 27 de agosto de 2015

Relax y vino uruguayo en Carmelo

Llevaba varios años sin venir a Carmelo. Venía manejando desde Montevideo y había hecho un alto en las afueras de la ciudad para ver cuanto había cambiado la Calera de los Huérfanas, uno de los patrimonios históricos mas importantes del Uruguay, desde mi última visita, cuando era niño.

Como ya estaba oscuro y no había nada mas que hacer de camino, me dispuse a buscar alojamiento en la ciudad de Carmelo, en donde pasaría los próximos dos días.
Puente Giratorio de Carmelo
Al final de la ruta ya veía el Puente Giratorio, que es un ícono de Carmelo. Es el único puente a tracción humana que se sigue usando en el Uruguay, y fue el primero de su tipo en Sudamérica. Este puente Alemán funciona desde 1912 uniendo las dos orillas del Arroyo de las Vacas.
A sus lados, la Rambla de los Constituyentes constituye un bonito paseo muy aprovechado por los turistas y locales tanto de día como de noche.
Playa en Carmelo
Carmelo es la segunda ciudad mas grande del Departamento de Colonia y hoy cuenta con casi 20.000 habitantes. Las costas de Carmelo siempre fueron una opción cercana al Delta argentino y a Buenos Aires para hacer playa. En este lugar las aguas del Río de la Plata ya no tienen el color marrón característico de la Ciudad del Plata, y son mucho mas calmas. Playa Sere es la mas popular de ellas.
Estaba lo suficientemente fresco para que desista en mi idea de tumbarme en la arena para leer bajo el sol, y además tenía otros planes en mente para mi reencuentro con esta ciudad uruguaya.
Plaza Artigas
En los años de la Conquista, mas precisamente en 1527, el navegante Italiano Sebastián Gaboto había mandado a construir el Fuerte San Lázaro (hoy desaparecido), el primer fuerte Hispánico sobre las costas del Río de la Plata.
Durante los tres siglos siguientes aparecieron los primeros ranchos y barracas a la vera del río en donde, a la orden de Artigas los esclavos llegados desde Guinea sanaban y reponían fuerzas antes de ser vendidos al mejor postor o encomendados a duros trabajos.

Vine entonces a la Plaza Artigas en donde hay una placa de la fundación de la Carmelo y la infaltable estatua del prócer. En este caso está parado. La hicieron para conmemorar el centenario de esta ciudad fundada por Artigas en persona el 12 de febrero de 1816.
Templo Histórico del Carmen
Sobre una de las calles laterales de la Plaza Artigas se encuentra el Templo Histórico del Carmen, dedicado a la Virgen del Carmen, Patrona de la ciudad y de la cual Carmelo toma su nombre.
Los vecinos lo terminaron en 1848 tras doce años de obras con materiales extraídos de la vieja capilla de la La Calera de las Huérfanas.

Carmelo tiene una iglesia mas moderna (1960) y de mayor tamaño frente a la Plaza Independencia, la principal de la ciudad.
Carmelo es una ciudad muy tranquila, especialmente si se la visita durante los días de semana.

Aunque no hay nada para ver, y/o hacer mas que caminar y tomarse una rica cerveza sobre una silla plástica, el pequeño puerto sobre el Arroyo de las Víboras es muy atractivo. Mientras bebía, los capitanes limpiaban sus barcas pesqueras.
Desde aquí volví a subirme a la camioneta para ir a recorrer los suburbios de Carmelo y sus grandes viñedos que es en donde mas se nota el crecimiento de esta ciudad.
Mientras me iba alejando de la ciudad, pasando por el Barrio Nicolás Mihanovich, divisé esta chimenea de ladrillo, pero no pude averiguar que era. 
Poco tiempo mas tarde estaba manejando entre los prolijos y centenarios viñedos de la Campiña de Sa Roque, por bodegas cuyos Tannat y Semillon empiezan a tener mas presencia en los mercados internacionales. Parte del crecimiento económico de la última década en el Departamento de Colonia, y especialmente en la ciudad de Carmelo, se debe a la incipiente industria vitivinícola del lugar.

La hotelería es cada vez mejor, como así también las propuestas gastronómicas que ya sin timidez ofrece Carmelo. Un programa ideal para los amantes del vino y la vida relajada.

Frente a la capilla y el almacén se encuentra la Posada Campotinto con sus suites regiamente atendidas y su carpa de lujo entre los viñedos. Una de las mejores opciones en Carmelo, y que bien puede servir de base para recorrer las viñas de Bodegas Zubizarreta, y probar sus varietales, o visitar Bodegas Los Cerros de San Juan, la mas antigua en funcionamiento del país, cuya antigua casona es Monumento Histórico del Uruguay.
Son cada vez mas las opciones. Pequeñas como Bodegas El Legado, o unas de la de mayor tamaño como en el caso de Bodegas Irurtia.

Los costos para visitar las bodegas y sus degustaciones varían entre USD 10 y USD50. A la mayoría sólo se llega con reservas. Quise encontrar alguna abierta y no fue tarea fácil.
Cuando una de las epidemias de Fiebre Amarilla hacía estragos en Carmelo, un grupo de vecinos decidió mudarse a las afueras del poblado. Pudieron sobrevivir, y como agradecimiento erigieron en 1870, en lo mas alto de esta zona, una capilla con mucho encanto en honor a San Roque , el Santo de las pestes y las epidemias.
Capilla San Roque, en Carmelo



El segundo día en Carmelo lo había reservado para conocer la histórica Estancia Narbona, fundada por Juan de Narbona en 1732 y a sólo 20 kilómetros de la ciudad.
Tras recorrer las entrañas del casco con una guía de lujo, decidí continuar camino.

Iba a volver por tierra pero a último momento me dio pereza, por lo que recorrí los 75 kilómetros que me separaban de Colonia del Sacramento llegando 20 minutos antes de la salida del próximo servicio de Buquebus, con una bodega para mi camioneta.


martes, 21 de julio de 2015

Estancia Narbona, la casa mas vieja del Uruguay

La Estancia Narbona resulta ser uno de los mas viejos establecimientos productivos de la República Oriental del Uruguay, y la edificación en pie mas antigua de todo el territorio. Por ello está protegida por el estado (aunque no se nota), ya que es Monumento Histórico Nacional.
Para mi última visita a la apacible ciudad uruguaya de Carmelo tenía tres pequeños objetivos.  El primero era identificar cual es mi Tannat (tipo de vino) preferido del país. El segundo volver 25 años mas tarde a La Calera de las Huérfanas, lugar que se encontraba visiblemente diferente a aquellos tiempos, y como tercero y último de los objetivos, conocer la Estancia Narbona, fundada en 1732 por el español de Aragón, Juan de Narbona, un contrabandista de cueros y traficante de esclavos que había llegado sin nada y ahora ponía los ojos en la Banda Oriental luego de haber donado los fondos para la construcción de la Iglesia del Pilar, en el elegante e histórico barrio de La Recoleta, en Buenos Aires.

En aquellos días este gran establecimiento estaba delimitado por el Arroyo Polanco, el Río Uruguay, el Arroyo de las Víboras y el Arroyo Sauce. Hoy son las hectáreas que circundan al casco.
El camino que va a la vieja Estancia Narbona es muy lindo. Primero va por asfalto en donde pasa por su famoso Puente Castells (1858) con sus cinco arcos, y que fuera el primer peaje del país, y por sobre las aguas del Arroyo Las Víboras, en donde estaba el puerto que llevaba la producción de la calera de la estancia hacia Buenos Aires o Montevideo.
Son solo 20 kilómetros o menos lo que separan la estancia de la ciudad de Carmelo, y la mitad desde el puerto de Nueva Palmira.
Desde antes de edificar el casco de la estancia, y de que Uruguay sea un país, funcionaba en este lugar una serie de caleras y un aserradero desde donde salieron los primeros materiales para construir muchos edificios, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en Montevideo y Colonia del Sacramento.
También una serie de montes que fueron talados para la venta de madera y alimentación de los hornos.
Nadie había notado mi presencia cuando llegué, y fue recién cuando estaba sacando fotografías que una señora jubilada, residente de toda la vida de la estancia, se apersonó para oficiarme de guía.

Bajo una pérgola de Tannat no apta para personas altas se accede por la que en antaño fuera la puerta principal al casco. La señora obsesiva no me dejaba pasar por el costado así que seguí su paso rengo mientras iba agachado hasta el fin de la pérgola, oyendo las primeras historias del establecimiento.

El edificio tiene forma de "L". A nuestra derecha, la capilla que capto mi inmediata atención. Hubiera querido empezar por ahí, pero la visitaremos al final del recorrido.
Una vez en el interior de lo que fuera el casco de la Estancia Narbona se siguen apreciando los colores originales que tenían los ambientes de la casa en la misma época en la que el afamado naturista inglés Charles Darwin durmiera aquí tras buscar restos paleontológicos en la zona.
María Julia Casanova, la señora que me guía por las entrañase e Narbona me cuenta que muchos de esos colores con los que pintaron las paredes están hechos con sangre de vaca o con pigmentos naturales. Esto es típico también en las viejas estancias al otro lado del Río de la Plata.
Por dentro se ve el grosor de las paredes del casco que variaban entre los 80 y los 100 centímetros de ancho.
En alguno de los muchos períodos productivos que supo tener Estancia Narbona, hubo, entre otras explotaciones, una fábrica de azulejos para pisos. El diseño es el mismo que tienen los pisos de la casa.
Otras versiones aseguran que fue el mismos estado quienes levantó estos azulejos buscando tesoros.
Desde el tercer piso de la torre se obtenían vistas de los alrededores. Este lugar de construcción del casco había sido elegido con propósitos defensivos. Hoy no se puede subir a la torre. Vale aclarar que la Estancia Narbona está asentada sobre el cerro mas alto de la zona.
La Capilla de la Estancia Narbona guarda en su altar una imagen de la Virgen de Candelaria, a la cual era devoto Juan de Narbona. Bajo sus pisos descansan entre otros, los restos de los dueños originales de la estancia.
A la derecha está la entrada de uno de los túneles que existen en la Estancia Narbona, y que continúan hasta el Arroyo de las Víboras, el Río de la Plata o Nueva Palmira. Además de servir como vía de escape ante el ataque de algún malón de los indios, también servían para esconder a los esclavos con los que Juan de Narbona traficaba en la época.
Estos túneles hoy están cerrados a los visitantes por temor a que se derrumben. Sería una buena idea que el gobierno de Uruguay habilite aunque sea un tramo de ellos, ya que se trata de uno de sus patrimonios históricos mas importantes y bien le vendría a la industria turística de las ciudades de Carmelo, Nueva Palmira y Colonia del Sacramento.
Vale la pena pasar unos días en la cada vez mas preparada ciudad de Carmelo. Durante ese tiempo es una buena idea visitar Estancia Narbona y sus antiguos alrededores.